
Tampoco me preocupa que en el congreso el oficialismo haya perdido la mayoría. AunqueNéstor (y sí, entre que no es presidente de partido siquiera y que hay que diferenciarlo de la otra K, y por ahí viene la cuestión del delirio de hoy) haya vaticinado que se nos venía la noche si eso ocurría; en realidad a mí me estaba preocupando un poquito más lo que podía pasar si el resultado era el opuesto.
También estamos casi exactamente a mitad de año (lo que sucederá exactamente durante el mediodía del próximo jueves 2 de julio), y en general uno se preocupa por todo lo que no hizo y que supuestamente debería tener hecho aunque sea hasta la mitad; pero este año no voy a ocuparme de eso.
Como dicen que Dios aprieta pero no ahorca, una preocupación quita a la otra, y con motivo de la primera citada más arriba, me ahorro la de pensar cómo celebrar el acontecimiento del año (vale decir, el tercer aniversario de vida la criatura), ya que aunque los papás podemos seguir yendo a trabajar y traernos cualquier bicho a cuestas, a los chicos los tenemos que guardar en casa durante un mes.
Esto me lleva a pensar que los señores gobierno tienen un motivo menos de preocupación porque el cumpleaños en cuestión recientemente cancelado pertenece a una ciudadana un tanto pequeña para iniciar acciones legales, y además parece que no heredó del todo el carácter de la madre como para que se exija en compensación la cabeza de alguno.
A lo que quería llegar es que lo que me preocupa seriamente en estos últimos días es que he comprobado que nos estamos llamando todos igual. Y esto, sumado al uso compulsivo del teléfono celular , puede provocar desastres tales como:
- Hace unos días estuve un buen rato intentando descubrir las intenciones ocultas de una compañera de trabajo con la cual no tengo ninguna relación de amistad demasiado estrecha, que me enviaba un sms en tono jocoso reclamándome que hace como dos semanas que no doy señales de vida. Una de las pocas neuronas sanas que me quedan tardó un buen rato en entender que en realidad no era la G. del trabajo, sino una de mis mejores amigas. Eso no quita que debería ponerle apellidos a ambas y no sólo la inicial de él a una sola de ellas.
- Hoy le envié cuatro mensajes de texto a mi tía en lugar de a una persona de mi trabajo que era el destinatario real. No sólo ésta última persona se empezó a ofender porque pensó que me había olvidado de avisarle dónde era la reunión, sino que mi tía creyó estaba recibiendo mensajes encriptados o eran las coordenadas para ir a buscar a algún secuestrado, virtual o no, de su familia. Claro, mi tía podría tener registrado mi número con mi nombre, pero no pidamos imposibles. Más bien por qué dos de cada tres mujeres de entre 45 y 60 años se tienen que llamar Graciela, Susana o Alicia?
- Hace un tiempo atrás mi hija recibió una invitación para una fiesta de cumpleaños de parte de Milagros. Como hay dos en la misma sala (y son seis nenas, no cuarenta) y entre que la invitación no tenía apellido y recién nos estamos conociendo como para saber cuándo cumple cada una tuve que preguntar de quién era el cumple. Está bien que para comprar el regalo por ejemplo es casi lo mismo comprar un regalo para una nena de dos años que para otra, tenga el nombre que tenga, pero igual, no podían ser un poco más originales?
- En mi trabajo, en un grupo de nueve personas, prácticamente dos terceras partes tienen un tocayo, y eso ya me pareció demasiado. Hasta hace pocas semanas eramos siete, seis mujeres y un hombre, y solamente dos compartían nombre. Luego se sumó otro hombre con el mismo nombre que el primero y así eramos mitad y mitad. Hace pocos días se sumó la novena persona, de sexo masculino, así que ya era mucha casualidad que fueran tres hombres con el mismo nombre, y no, eso no ocurrió pero sí que fueran casi tocayos con una de las mujeres, y ambos tienen el nombre acortado de idéntica forma.
Entonces me puse a pensar seriamente en esta cuestión: Tengo mi vida bastante dividida en compartimientos estancos por ejemplo: ex compañeros de colegio, de la facultad, amigos de las vacaciones, de la vida, de internet, compañeros de trabajo, por no contar a los primos; aunque s reconozco que muchas veces mis tíos se pasaron un poco de la raya con la originalidad en los nombres. Y el resultado es que en general de cada nombre más o menos común tengo por lo menos un representante en dos o tres ámbitos de mi vida. Y lo que me empezó a asustar mucho es que las personas con el mismo nombre en general tienen por lo menos un par de coincidencias.
Así que como si fuera poco, parece que además de cargar con el nombre que se nos impuso, también tenemos que llevar a cuestas ciertas características inherentes a él, que vaya a saber cómo salieron. Eso me dio la idea que si algún día estoy muy necesitada de dinero, muy aburrida o muy poco vaga (en este caso todas estas situaciones se complementan a la perfección) voy a escribir un libro de nombres que en lugar del significado cuente estas rarezas y sobre todo que incluya una estadística aproximada de cuánta gente en cada lugar y según cada grupo etario lleva ése nombre. Vendría a ser como una síntesis entre horóscopo y guía de nombres, así además de servir de guía para futuros padres tal vez sirva para que cada uno pueda reconciliarse un poquito con el suyo. O saber la que le espera.

Yo sé que si un nombre está de moda debe ser porque es más lindo, porque tampoco por pasarnos de originales no vamos a castigar a nuestro amado vástago bautizándolo Hermenegildo (aunque si es Zegna no estaría tan mal), pero aunque casi no me pasa, al menos con gente de mi edad, sé que no me gustaría mucho andar compartiendo tanto el nombre. Es que soy un tanto egoísta y eso no es ningún secreto.
Para finalizar, sé que debería agradecer a mis progenitores el hecho que me llamo y me llaman con nombres que en general no son ilógicamente originales ni los más populares de mi generación de no ser que sé que en realidad ése no fue el motivo. Éste responde más bien a que por algo tenían elegido nombre de varón y por algo también no sólo no tenían elegido ningún nombre de mujer, sino que no tenían la menor idea de un nombre de nena, de modo que terminé con el nombre que un tío le hubiera puesto a su hija. Lo que de por sí sería muy encomiable si no fuera que al momento de mi nacimiento el tío en cuestión ya había bautizado a cuatro hijas mujeres. Supongo que mi madre aterrizó un poco tarde a estas cuestiones así que con la ayuda de mi hermana terminó por rebautizarme, cosa que nunca me quedó demasiado clara, pero sí lo suficiente para haberles deseado alguna maldad durante los primeros años de mi adolescencia.
Al margen de lo anterior, quería dejar constancia que el hecho que ésta entrada se publique pocos minutos después que la hora oficial haya marcado las 3 AM no se debe a que no puedo conciliar el sueño debido a la preocupación que me genera que nos terminemos llamando todos igual o porque venga alguien a decirme que conoce demasiada gente con mi mismo nombre, sino qué nombre le vamos a poner a la situación que se vive por aquí. Eso y que hasta hace un rato estaba durmiendo.