
Todos los delitos de los que somos víctimas (cada vez más) son ampliamente condenables, pero se transforman en viles cuando además de todo nos quieren hacer cruzar la frontera y transformarnos de víctimas a victimarios.
En mi trabajo hay una "de la primera plana" a la que nadie quiere mucho. En realidad creo que no es que no la quieren, sino que le tienen bastante miedo, supongo que con algo de razón porque no es una persona super cálida y tiene su carácter. Tal vez por compartir estas dos últimas características yo le caí simpática o no es tan mala como la quieren hacer parecer.
Como sea, cuando una persona así, bastante adicta al trabajo además falta dos días, y al tercero viene y cuenta lo siguiente, te estremece un poco más que lo habitual:
Muy angustiada nos contó que pocos días antes el marido, circulando por la colectora de Panamericana, se le cruzó una moto. Para él fue inevitable tocarlo con el auto, apenas, pero el la moto volcó, el motoquero salió medio disparando por la banquina y demás. A esa velocidad tampoco es fácil recordar los detalles.
Como ser humano normal, porque es de gente normal y no de héroe hacer esto aunque hoy en día no sea lo más habitual, se bajó del auto apenas pudo parar a ver cómo estaba el conductor de la moto en cuestión. El tipo por supuesto estaba más que bien, tanto que solito le pudo dar una linda golpiza mientras su socio se dedicaba a robarse el auto, paliza que le costó una internación y varias magulladuras... y encima hay que agradecer que ningún hueso roto.
Yo sé que actualmente hay delitos mucho más graves que éste. Eso en definitiva, no sería lo más preocupante. Qué mal que estaremos en cuanto a seguridad para pensar así. A mí lo que más me conmovió, o lo que más rabia me da, o como se diga es que con hechos violentos como éste, la primera reacción de todos, creo, es no detenernos más por más que casi matemos a un peatón, ciclista, motociclista u otro conductor. Porque es muy fácil decir que nuestro deber hacia el prójimo es ése, y otra vivir el robo del auto, la golpiza,y ni pensar si uno llevaba chicos en el asiento de atrás. Pero uno también piensa que, sin quererle robarle ni el auto ni una partícula de polvo a nadie, también podemos resultar lastimados y a todos nos gustaría que los demás se detengan a asistirnos. Y creo que eso es lo verdaderamente trágico. Porque, volviendo al hecho que describía más arriba, por la Panamericana circulan miles de autos por hora, pero que se detengan a ver qué le pasó al pobre hombre en cuestión, golpeadísimo y sin auto (también le robaron el celular, ya que estaban y para que no pudiera llamar a pedir auxilio) hubo casi ninguno.
Lo más triste es que cuando te roban o o dañan la confianza no hay seguro que valga, como con el auto.
Yo honestamente me quedo pensando qué haría, ahora sabiendo esto, en una situación similar. Y que uno se pregunte semejante cosa, es grave.









