No suelo escribir sobre el tema del momento por varios motivos: el primero soy terriblemente mala para seguir modas, el segundo porque cuando tanta gente escribe sobre lo mismo hay que
esforzarse por hacerlo un poquito mejor que el resto para que tenga cierto atractivo al menos y tercero, como leer el diario ha bajado varios puestos en mi
ranking de actividades cotidianas en estos últimos meses, lo último puedo pretender es que éste sea un blog de actualidad.
Hace algunas semanas escribía
otra entrada sobre la supuesta ventaja con la que corren algunos países al contar con una monarquía, puesto que los miembros de ésta relevan al primer mandatario de tareas de representación y demás.
Hoy me doy cuenta que en realidad esta forma de actuar de nuestros jefes de estado no se correspondía con el perfil bajo que cultivaba
Alfonsín y su entorno.
Yo estoy bastante convencida que si hace tres días le
preguntábamos a cualquier argentino el nombre y apellido de la esposa de Raúl
Alfonsín casi nadie hubiera sabido respondernos con exactitud. En cambio quién puede olvidar nombre, apellido, e incluso modista de las señoras esposas de los
ex presidentes Carlos
Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo
Duhalde, por no mencionar a la del último
ex presidente
Nestor Kirchner.
Cuántas tapas de revistas de cotilleos ocuparon los hijos de Raúl
Alfonsín mostrando como inauguraban una agencia de motos, con su nuevo
helicóptero,
noviando con la cantante
latinoamericana de turno, incordiando a otros turistas al ocupar todo un hotel en
Bariloche o bien reclamando un apellido?
Consideremos que para el caso, el
ex presidente
Alfonsín tenía seis hijos, con lo cual al menos estadísticamente hablando podrían haber duplicado o triplicado el número de tapas de revista.
También cabe mencionar que el bajo perfil de la
ex primera dama María
Lorenza Barrenechea no fue cultivado a base de evitar cumplir con sus obligaciones protocolares, sino de hacerlo con discreción y eficiencia.
Seguramente no sean los mejores ejemplos, pero creo que sirven para ilustrar un estilo.
No voy a hablar de política porque para ése entonces yo era bastante chica y estaría hablando por boca de mis padres y demás mayores. Sí puedo decir que a pesar que fue a través de lo que percibía en mi entorno, de alguna manera participé de la alegría general de esos meses finales de 1983,
jugando con el famoso saludo con las manos entrelazadas sobre el hombro izquierdo.
También recuerdo los meses de la
hiperinflación, por supuesto. Hace no mucho veía en un programa de televisión y debo decir que, a pesar de lo grave que fue en ese momento, hoy en día esos famosos "saqueos a los supermercados" no tendrían lugar en ningún medio de noticias frente a la delincuencia e inseguridad que se han instalado como cotidianas.
De todos modos, y más allá de la tristeza generalizada, es bastante esperanzador que un pueblo como el argentino le esté rindiendo tamaño homenaje.