martes, 13 de abril de 2010

Nostalgia


Un paréntesis de la onda positiva
no porque no siga, sino porque por hoy se impone una pausa.
Curioso que sea el mismo día
que debutó oficialmente el otoño.

Amor-amor tía-sobrina

El año 2000 comenzó en forma extraña. Venía de un 1999 en el que había tocado el cielo con las manos y hundido en las profundidades de un fiordo noruego, y todo en menos de una semana. Por supuesto que hoy pienso que ambas expresiones son por demás exageradas, pero intento relatarlo como lo viví en ése entonces.
Ése verano hubo muchas vacaciones, muchos sociales, la familia sacudida por el primer divorcio (horror-horror, igual que en el caso anterior, la expresión cabe sólo porque no sabíamos los que vendrían luego), se me ocurre que había mucha energía, supongo que no había que olvidar que también estábamos todos (o mejor dicho, la mayoría, como corresponde por el sistema democrático nacional) bastante optimistas con el fin del menemismo y supongo que con la euforia del número redondito en general.

Ese era el clima de hace justo diez años, sumado a un tema de salud que me había tenido bastante preocupada, y que afortunadamente acababa de descartar. No la felicidad completa, pero digamos que le poníamos garra, al menos es la sensación que me queda de esos primeros meses de ése año antes que todo cambie.

Hoy hace diez años de la muerte que más me dolió. En alguna oportunidad hablé de mis tías, mis tías sin hijos. Esta era una de ellas, y casi parte de nuestra familia nuclear. Dolió por eso y porque se fue sin despedirse. Por ahí es mejor, o no, en realidad creo que no hay mejor ni peor en estos casos. Algunos años antes había fallecido la única abuela que me quedaba (cuando nací tenía dos abuelas y una bis, o sea tres, cuando uno es chico no le busca tanto la lógica a la genealogía) en un proceso muy lento, que duró casi dos años. Los últimos tiempos fueron difíciles. Cuando finalmente falleció, otra tía (ex tía hoy en día, por lo que se hablaba más arriba) comentó algo así como "ella sufrió para que nosotros no tengamos que sufrir ahora". Como en un nacimiento, supongo, sea antes o después pero dolor siempre va a existir.

Yo pensé que después de diez años uno dejaba de extrañar, pero se ve que no, a lo sumo se extrañará un poco menos.

Además de extrañar, emocionalmente hablando, también me empezaron a extrañar aspectos de su vida. Si bien en ése entonces yo ya tenía 23 años, había muchas cuestiones que me parecían naturales y ya no.

Por ejemplo nunca se me ocurrió preguntarle por qué no se había casado nunca. Pocos meses después que falleciera, me entero (a través de mi mamá que le cuenta a una amiga nuestra o sea, evidentemente en esta familia algún problema de comunicación hay) que cuando la tía era joven "le habían elegido" un novio de una familia conocida, como se estilaba en aquella época (estamos hablando de fines de la década del 40 o principios de la del 50). Entre ambos jóvenes (adolescentes diríamos hoy) ya había nacido cierta simpatía mutua, cuando este muchachito no tiene mejor idea que dejar embarazada a otra chica, se casa con ella y ahí terminó la cuestión.

En la quinta con una prima encaramadas a los arcos de pino, allá por los años 40

Si a éste hecho le sumamos que un hermano le comió todos los ahorros de su vida en un momento y otro "hizo que le tuviera que regalar" un departamento de su propiedad me pregunto si no habrá pensado que ya nada bueno iba a obtener de los hombres.

Cómo decía, al final nunca se casó ni tuvo hijos. En realidad en esa época si no hacías lo primero era muy difícil lograr lo segundo. Repito, eran otras épocas.

Su último hermano nació cuando tenía unos 14 años y casi que fue más su hijo que de mi abuela; a pesar de haber quedado como la única mujer de los hermanos; y a pesar de que cuando nació quería devolverlo porque no era nena. Para ése bebé hizo comprar cuna y cochecito nuevo (en esa época se estilaba que el mismo sirviera para todos los hijos de la familia, y estaban diseñados para tal fin) le eligió el colegio ella, distinto del que habían ido los demás hermanos, lo mandó a la cultural inglesa desde los ocho años y movió cielo y tierra para que tuviera sus propios ingresos y no tuviera que trabajar en relación de dependencia, aunque ella siempre lo hizo así.

Entre él, y sus sobrinos luego, tal vez logró conformar un poco su instinto maternal.

También me quedé pensando en esta última cuestión. Hay que poder ser tan tía sin interferir con la madre de las criaturas; mucho más difícil cuando éstas últimas son cuñadas y no hermanas. Aunque mi madre la criticaba (y nunca viceversa) la relación fue siempre más que cordial entre ambas; y no recuerdo que pidiera mucho permiso para hacer y deshacer con nosotras.

A lo largo de todos esos años, y si bien en esa época gozábamos de vacaciones kilométricas, y parte de las cuales compartíamos, nunca faltaba que antes o después de las mismas (o antes y después) me fuera de vacaciones unos días a casa de la tía. De más está decir que vivíamos en la misma ciudad y que durante el resto del año el contacto era más que frecuente.

Muchas veces llamaba la atención, sobre todo porque no había chicos de mi edad. Supongo que se trataba de tomarme vacaciones de mi familia, en definitiva. Ni rozongos por parte de padres ni peleas con hermana, aunque algunas veces ésta me acompañaba.

Entrando al barco para cruzar a Uruguay (se ve que ya era mi destino)

Eran unos días para chicas solas, para conocer restaurantes, hablar de otra época, mirar fotos viejas, pasear, sentirme una princesa a la que la empleada preguntaba "qué va a desayunar la niña hoy".

En una de esas vacaciones-de-mi-familia me llevó a la peluquería donde por primera vez me plancharon el pelo (no era algo tan común allá por 1985), también me inició en el vicio de la manicura y en el amor a los cosméticos de Helena Rubinstein cuando el resto de las chicas todavía suspiraba por los colorama y los brillitos de labios con sabor a frambuesa del bosque o algo similar. Si al menos hubiera sabido la debacle que se venía y lo que me costó entrar en abstinencia de tales productos poco después.

Otra cosa de la que me enteré después que falleció: mi hermana me dijo que yo era la favorita. La verdad nunca lo había sentido así (al menos para disfrutar de ser la favorita alguna vez), y es otra de las cosas que no estuve atenta en su momento para saber si era realmente así; reconozco que para esto ser la más chiquita de todos los sobrinos ayudaba y mucho. Ojo, que para las comparaciones, también. No es que sea muy importante saber si era verdad o no lo que dijo mi hermana, simplemente no me la imagino haciendo diferencias. En cuanto a lo demás, hay que reconocer que existen las compatibilidades y que yo le dedicaba mucho más también. Pero me sigue llamando la atención que mi hermana estuviera celosa de mí respecto de algo. Todo un descubrimiento.

En ése tiempo que solíamos pasar juntas, me inició en el arte de disfrutar la revista HOLA!, el Selecciones del Reader´s Digest, aCronin, L.M.Montgomery, Jorge Isaacs, y sus libros de cabecera "M´hijo el dotor" y "Las llaves del Reino". Sobre todo del primero hoy me pregunto por qué. Cuando le pedías libros prestados su única condición era que "Las llaves del reino y M´hijo el dotor devolvémelos, el resto si querés quedátelos". Y lo decía en serio. De más está decir que me quedé con buena parte de su biblioteca (incluyendo, por supuesto, los citados ejemplares).

Huelga mencionar que bastaba con nombrar la primera sílaba de algo que uno anhelaba mucho para que antes de terminar de pronunciar la palabra entera ella ya te lo hubiera comprado.

Ojo, carácter no le faltaba: intentó conmigo otras técnicas un tanto discutibles como perderle el miedo a las palomas yendo al parque con una tonelada y media de alpiste, curar el asma con algo parecido a las flores de Bach o medio homeopático de dudosa procedencia, ahora que lo pienso; llevarnos a un profesor del conservatorio nacional a ver por qué poníamos la mano como empanada para tocar el piano o probar clases de flamenco. Incluso fue ella la que nos mandó a aprender a manejar. Si es por mi papá no aprendíamos nunca y a mi mamá le resultaba indiferente la idea. Varios años después me enteré que tenía esta fijación con que aprendiéramos a manejar desde chicas porque la primera vez que salió sola con un auto se quedó sin nafta, tuvo que llamar a uno de sus hermanos y no se animó nunca más.

Orgullo "tial" (¿por qué no, si existe el maternal?) junto al piano que posibilitaba las
vacaciones-de-mi-familia sin atrasarme en tan odiosa rutina

Sin embargo, supongo que se condice con la independencia que la caracterizó siempre.

Cuando tenía poco más de ocho años, un día le pidió a su madre que le dejara la plancha caliente para repasarse el delantal escolar. Resulta que tenía una compañerita, miembro de la más alta alcurnia argentina (¿existe tal cosa en realidad?) a la que todos los días le ponían un delantal impecable y extra almidonado. La tía no quería ser menos, y como en una casa con tanto varón no tenía mucho quorum para los delantales con las tablas paraditas con apresto se decidió a ocuparse ella sola. Lo que pobre no pudo calcular es que en una casa tan llena de hombres, por años cada vez que alguien necesitaba de urgencia una camisa, un pantalón o hasta un pañuelo era la indicada para planchárselo. Planchaba en forma admirable eso sí.


Poco después de terminado el liceo (en esa época las chicas no hacían la secundaria, iban al normal o al liceo), y el conservatorio, algo tan inútil como indispensable en esa época; se dispuso a seguir una carrera universitaria. Lamentablemente no logro ubicar si éste hecho se produjo luego de su semi-ruptura amorosa o antes. En ese momento las muchachitas no eran tan bien recibidas en la universidad y mucho peor era recibía la idea por parte de los padres. Por lo tanto, cursó meses, no logro recordar si no llegó a completar más de un año así, argumentando que iba a visitar amigas o a mirar vidrieras. Hoy en día las chicas en general hacen al contrario, pero esa es otra historia. El problema se le presentó cuando empezaron las prácticas y exigían que fueran vestidas con guardapolvo y zapatos blancos. No le quedó otra opción que sincerarse: "Papi, estoy yendo a la facultad, me piden delantal y zapatos blancos. Delantal tengo el del colegio, todavía sirve, pero zapatos no...." Hay que reconocer que supo a cuál de sus padre dirigirse en forma exclusiva, y el modo de hacerlo con lo cual obtuvo una cifra cercana al equivalente a una docena de zapatos y delantales.

Apenas recibida (esto es durante un lunch que se hacía como despedida de pasantes) le ofrecieron su primer trabajo. Y desde ahí que no paró. Llegó a tener dos trabajos incluso, pero tuvo que dejar uno cuando la madre se enfermó porque "siempre tiene que haber una mujer en casa" y por una cuestión de horarios tuvo que ser el que más le gustaba de los dos. Ya jubilada, lejos de sentir rencor por la parte que le tocaba por ser mujer reflexionó que "mejor así, tuve que esforzarme más y supongo que llegué más lejos de lo que hubiera llegado si me hubiera podido quedar con el otro".

Sin falsa modestia, se enorguellecía que todo lo que había logrado a nivel laboral fue por mérito propio y no por ningún acomodo, que en ése ambiente era más que habitual.
Hoy muchas veces pienso en eso, y aunque me queje en varios idiomas y siga sin ser justo que otros obtengan las cosas de arriba, al menos agradezco que sé lo que es sentir la satisfacción que aunque los logros sean muy pocos, son nada más que míos y no le debo nada a nadie.

Entre sus logros también se contabilizan sus amistades (ininterrumpidas desde el momento de su inicio, algunas desde el colegio... otra que facebook!), haber podido conocer el círculo polar ártico (tenía una fijación con el tema, supongo que siempre tenía calor... y por supuesto fue sin campera! - era verano, eso sí), ser elegante sin teñirse el cabello (otra cosa que vivía como natural y hoy me pregunto por qué siendo tan coqueta cómo era se negaba terminantemente a teñirse) y llevarse bien con casi todo el mundo (cualidad que evidentemente no heredé o no me transmitió, y eso sí que me hubiera servido mucho más para la vida que aprender a distinguir el cuero de verdad de la cuerina, como por supuesto me enseñó).

La última foto, natural, un mes antes.

Una última cuestión que me llama la atención diez años después. Durante años, muchísimos, una vez por semana iba a un grupo de estudio de la Biblia. Los últimos años no fue más. Ahora por más que lo pienso, no me acuerdo haber hablado gran cosa de religión con ella. Iba a la misma iglesia que nosotros y punto. Hoy me pregunto si fue una persona de mucha fe, si al final se desilusionó o después de tanto tiempo ya sabían más las alumnas que la catequista; o si era una excusa para pasar el tiempo y reunirse a tomar el té y comer cosas ricas. Hoy me hubiera gustado preguntarle qué pensaba de todo eso.

Como evidentemente intenciones de resumir no tengo (aunque de más está decir que para una vida sí es más que una síntesis) sería totalmente ilógico que terminara con un "para resumir"; pero digamos, para cerrar, una anécdota y una frase que la representa por completo:

En una ocasión, estando de vacaciones recorriendo España con una amiga, pasan una noche con la familia de esta última. A una prima de esa casa le bastaron esas pocas horas para calarla a fondo (convegamos que los españoles para esto son genialesson geniales) y obsequiarle a mi tía como recuerdo - consejo una mayólica, que conservó en su escritorio hasta el final, que rezaba:

"Gástate en juergas y en vino lo que has de dejar a tus sobrinos"


A esta altura, huelga decir que jamás le hizo caso.
Como la cargábamos con otra frase popular: "A quien Dios no da hijos, el diablo le da sobrinos"

jueves, 8 de abril de 2010

Problemas que no tengo


Para continuar en mi línea felicidad-positiva-como-se-diga; por una vez en vez de quejarme de problemas que sí tengo, o problemas que le envidio a los demás, me di cuenta que hay una serie de cosas que no significan un problema para mí.

El otro día se cortó la luz en casa a la mañana. Me di cuenta que, al contrario de la corriente actual, mis mañanas están muy poco "electrificadas". Por empezar, al despertador digital no lo pongo más, sólo sirve para saber la hora en lo profundo de la noche. Lo único que me despierta es la alarma del celular, y como lo dejo cargado de la noche anterior, no hice la gran "mi pobre angelito" ni me quedo sin celular durante el resto del día. Me maquillo poco para ir a trabajar, más de memoria que ocultando imperfecciones, y para lo demás, alcanza con la luz natural, incluso para ponerse los lentes de contacto.


Otro problema que no tengo es prepararme el desayuno. No sé muy bien por qué motivo, tal vez porque a esta hora estamos muy dormidos para manejar cocinas a gas o cuidar que no se llegue a hervir la leche o se quemen las tostadas, pero he notado que el desayuno se ha vuelto completamente eléctrico: cafetera, microondas, tostadora, sandwichera para los más afortunados. Como yo no desayuno, me importa bien poco.

Pilas recargables no uso (muy mal, muy antiecologico lo mío) así que mi mp3 anda igual.
Reconozco que me da un poco de pereza bajar las escaleras, más que uno a esa hora todavía mucho no coordina, pero peor sería tener que subirlas. Ahí sí lo pensaría seriamente.

Por una vez, resulta una ventaja que en general nunca me lleve el auto porque habría que abrir el portón a mano o pedirle al encargado que lo haga, así que tampoco tengo ese problema.
No suelo llevarme la notebook al trabajo, así que tampoco tengo el problema si se cargó o no (igual con lo que dura la batería...)

En cambio a la noche, sin tele, sin luz para leer, sin compu, eso sí que es trágico. Crucemos los dedos que por suerte hace mucho que no pasa.

Y siguiendo con lo mismo y también con la entrada anterior, ya no me representa un problema que la jefa al cuadrado me quiera comer cruda. El lunes ya me tiró un par de tarascones; yo cuatro.


Desde entonces nos movemos coreograficamente para no coincidir en un mismo espacio físico durante más de 10 segundos... supongo que la situación así no se puede sostener mucho tiempo; mientras calculo que este año en vez de contra la gripe me van a mandar a vacunar... contra la rabia! Pero mejor eso que andar llorando por los rincones.

Por último, otro problema que no voy a tener esta temporada otoño invierno es que me falte algo. Ando de compradora compulsiva; y de más está decir que eso no representa un problema para ninguna mujer que se precie de tal.


A ver cuánto me dura.

jueves, 1 de abril de 2010

Reconfortante

Huelga decir que nada tiene que ver con la familia Fort...
salvo por los marroc, tal vez...



Para terminar / comenzar bien el mes, o porque se impone que al menos una entrada mensual sea optimista.

Seguramente no es el post más políticamente correcto para un Jueves Santo (al menos no es Viernes Santo); pero siempre es mejor hacer estas listas pronto, así cuando necesitemos volver a tener una sonrisa en la cara, sea recordando los hechos o recordando cómo uno puede ponérsela en la cara está completa y a mano.

Situaciones reconfortantes de los últimos dos días:
  1. Coincidir con tus compañeros de trabajo que a la plana mayor le falta más de un tornillo... aunque sea una triste realidad siempre es divino tener razón.
  2. Que la jefa de mi jefa, que me quiere comer cruda con papas, no haya venido a trabajar (se nota que fuera del cansancio, no es el trabajo en sí lo que me molesta)
  3. Darme cuenta que soy buena Coach (sigo maravillándome con esta terminología pseudoexitista mediática) . Ojo, soy buena para entrenar a las futuras generaciones a no dejarse pasar por encima y tal vez no mucho más, pero a esta altura me doy por muy conforme logrando tal objetivo. Igual reconozco que las jóvenes generaciones no vienen tan inocentes como en nuestra época (y sí, mal que me pese pasaron bastantes años laburando allá, al menos para la cantidad total de años que tengo)
  4. Tener un cliente (una en verdad) que te pide para toda la tarde y te libera a las 14.
  5. Almorzar en Patio Bullrich como si no tuviera nada mejor que hacer en todo el día.
  6. Mirar vidrieras en Patio Bullrich tal como si fuera una criatura en Walt Disney World; y confirmar que definitivamente tenía razón: no soy yo, la ropa en general está viniendo fea, y el hecho que haya lugares donde todavía me compraría todo lo confirma (el tema es que aunque uno vendiera hasta su alma, aunque no creo que a nadie le interese mucho la mía, no podría comprarse ni la cuarta parte, pero es otro tema).
  7. Un auto-regalo de Ile de France
  8. Ir a hacerme las manos, o mejor dicho, que me hagan las manos
  9. Un tratamiento facial en gabinete; hace más años de los que prefiero recordar que no me hacía uno. Qué lindo no tener nada más que hacer que dejarte mimar la cara (y eso que viene de alguien que no es muy afecta a que la toquen extraños, pero no hay caso, el que sabe, sabe). Realmente no entiendo cómo uno no va más seguido: además de quedar con cutis de porcelana, la esteticista, cosmetologa o ocmo se llame, no sólo escucha todos tus problemas... sino que te elogia y que te da la razón! Habría que pnesar seriamente en cambiar la terapia psicologica por terapia estética.
  10. Shopping de cosméticos, shopping de mimitos para la piel, shopping de libros
  11. Descubrir el Clayeux Maëlle para regalarle por-ninguna-ocasión-en-especial a MC, que además de oler riquísimo ya era hora de reemplazar a los más infantiles Kaloo (me da un poco de pena, pero ya eran muy de bebé)
  12. Encontrarte con una muy amiga en la calle de pura casualidad y que las dos tengamos tiempo de ir a tomar algo. Y de paso saldar la deuda de todo porteño que se precie de tal y conocer el Café de los Angelitos.
  13. Encontrar un empleado de farmacia competente (empleada para ser más exactos).
  14. Volver a casa y sacarse los zapatos (Sonrisa reconfortante por favor, se impone por sí sola)
  15. Volver a casa y abrir una coca bien helada (Cuando puedan avísenme dónde paso a cobrar por la PNT)
  16. Darse un baño de cerca de una hora de duración (ecologistas no me linchen) con todos esos productos que nos gustan y nunca tenemos tiempo de usar.
  17. Descubrir que no todo está perdido. No al menos el Mantecol de nuestra infancia, aunque pasó a llamarse Nucrem. Sí, sí, yo recién me entero.
  18. Dormir la siesta, y seguir durmiendo a la mañana.
Por supuesto todo lo expuesto anteriormente es posibilitado, tanto en su desarrollo material como en el disfrute espiritual por:

19. La felicidad post-entrega. Todavía me sigo preguntando qué sentimiento es más intenso si la angustia pre o la felicidad post. Yo mientras la disfruto claro está, pero me gustaría tener en claro para saber si vale la pena en un futuro. Es un sentimiento curioso esto de la "satisfacción por el deber cumplido" porque en realidad lo que terminé entregando dista bastante de lo que me hubiera gustado, y cada tanto me asalta el "¿y si me lo rebotan?"... pero al menos cuento con la tranquilidad de estos cuatro días
20. Precisamente, estos cuatro días casi libres, aunque más no sea para releer la lista y repetir, o mejor aún, extenderla.

Igual tengo la espinita clavada que la semana que viene la gerente sí me va a comer cruda con papas(natas?... eso no estaría mal, sobran!); pero razón de más para disfrutar estos días e inventariar cosas nuevas por si pintan unos nubarrones negros la semana que entra.

Se impone un ¡Muy Felices Pascuas! junto con el nunca bien ponderado último ítem:

21. Abrir y comer huevos de chocolate (gallinitas y conejos también sirven)


domingo, 28 de marzo de 2010

Egolatra


Acabo de darme cuenta que me cuesta mucho escribir informes, monografías trabajo original o como se le ocurra llamarlo a cada quien que lo solicita.

Entre otras cosas, porque muchas veces tengo que citar otros autores. Y cuando eso ocurre, es como que le pone un freno a mi delirio y me obliga a encajarlos de alguna manera, que de ser posible no parezcan sujetos con alfileres ni deformados para que quepan.
Además siempre te quedás con la sensación de que le estás robando un poco la idea, o será el orgullo un poco marchito de que uno no puede hacerlo completamente solo.


Por si restaba alguna duda, la mencionada dificiltad en éste blog no ha ocurrido... al menos hasta el momento.


No sé quién me manda a embarcarme en estas cosas (algo que vengo repitiendo desde que empecé la facultad, pasando por posgrados, capacitaciones, trabajo, etc... en realidad antes también, pero le podía echar la culpa a mis viejos!)



Inspiración, Inteligencia: Iluminame para poder terminar éste maldito informe antes del martes y antes que me termine de volver loca!


En fin, debería ponerme a hacer algo antes que seguir boludeando con cualquier cosa, no?

Por si no se notaba hasta ahora, por acá la procrastinación está a la orden del día.

viernes, 19 de marzo de 2010

Chocolate por la noticia


Hace un tiempo, una amiga me comentaba de una investigación que había visto en la tele, en uno de esos canales tipo Discovery Home and Health, People&Arts o similar (pensándolo bien, si hablamos de criaturitas hasta podría haber sido en Animal Planet) acerca de un experimento que se hacía con los niños, tendiente a probar, como siempre, que los niños pequeños son mucho menos inteligentes que nosotros.

El experimento consiste en lo siguiente:

Materiales:

  • Niño de entre 2 y 7 años (o desde que comprenda el lenguaje) al que le guste el chocolate= 1 (uno). Si se utilizan más, hacerlo por separado.
  • Barra de chocolate = 1 (una) que pueda dividirse fácilmente en cuatro o cinco porciones. (una barra por niño, se entiende)
  • Minutos de la calidad "no tengo nada mejor en qué perder el tiempo" = 7 (siete) aproximadamente
Metodología:

En un ambiente libre de otros estímulos, se toma la barra de chocolate, separando una porción correspondiente a la cuarta o quinta parte de la totalidad.
Se le presenta al niño indicándole: "Podés elegir entre comer éste pedacito chiquito ahora o toda la barra de chocolate si esperás cinco minutos".

Resultados:

Teóricamente, los investigadores concluyeron que los niños hasta aproximadamente los cinco años de edad preferían el trozo chiquito ahora y no esperar cinco minutos para obtener una satisfacción mayor

Nuestra experiencia:

Obviamente, mi hija genio no es, y a mucha honra. Por supuesto que eligió comerse el trocito ahora y no esperar cinco minutos para poder comérselo entero.
Lo que no figuraba en la investigación: a los dos minutos viene con su mejor cara de angelito de tres años y ocho meses (que dudo que conserve hasta los cinco años), me señala el resto del chocolate y con la voz más dulce del mundo, como corresponde a la ocasión, pide "¿me lo das?"

Conclusiones propias:

Si MC hubiera tenido cinco o más años, hubiera tenido que esperar cinco minutos para comerse todo el chocolate. En este caso a los tres minutos con suerte quedó el envoltorio. ¿Quién es más inteligente?
A esta altura comienzo a pensar que se trataba de demostrar no tanto la inteligencia del niño, sino la crueldad o la incoherencia de los adultos. Porque supongamos que el niño elige el "un poco ahora" y no el "todo dentro de cinco minutos". Pero pasados igual estos cinco minutos, ¿lo dejan al pobre chico suspirando por más chocolate? ¿O se lo dan igual, con lo cual el nene llega a la conclusión que de nada servía el experimento, como le sucedió a MC?

Quien posea los materiales requeridos y tenga ganas de experimentar, que cuente que se leerán muy atentamente los resultados.

viernes, 12 de marzo de 2010

Tsunami personal

Creo que desde que empecé a escribir en este blog, aproximadamente una vez por mes me quejo de mi trabajo en ocho idiomas (y eso que ni de casualidad hablo esa cantidad de lenguas). Con regularidad planteo mis ganas de renunciar y me descargo sin piedad contra la gente que por allí me encuentro casi a diario. En realidad, si lo pienso seriamente creo que decir que me quejo una sola vez por mes es ser demasiado clemente conmigo misma, pero dejémoslo ahí.

Antes que nada algunas aclaraciones:
A) Este post va aburridísimamente en serio.
B) Sigo con dolor de no-muelas, así que no debo estar pensando con total lucidez.
C) Incluye algunas cuestiones que podríamos denominar políticamente muy incorrectas (PMI a partir de ahora). Pero uno no decide qué sentir y qué no, aunque nos hayan enseñado que nuestros sentimientos siempre deben ser de lo más humildes, nobles y caritativos posible. Total (y sin ánimo descalificar a mis fieles lectores, sino todo lo contrario) me lee muy poca gente y me sirve de terapia gratis.

Desde hace unos días estoy con la idea de renunciar. Sí, ya sé que esto en mí es más largo que el cuento de la buena pipa (¿se acuerdan?) pero algo sutilmente ha empezado a cambiar, por eso escribo. Cuando digo "hace algunos días" es que no puedo precisar cuándo fue que empezó a madurar esta idea. Tal vez fue con los cables pelados pre vacaciones, o durante las vacaciones, el primer día de trabajo, el lunes pasado, ayer, hoy o no lo sé.

A diferencia de las veces anteriores no es que me agarra una gran bronca de dimensiones colosales y consecuentemente las ganas de mandar las cosas adonde ya todos se imaginan dónde; no hubo ningún enfrentamiento, escándalo o escena de telenovela centroamericana (al menos hasta hoy) sino una serie de pequeños eventos, incidentes y actitudes; probablemente imperceptibles para los demás, que van madurando la idea.

Esto es algo que me gustó, y me sorprendió gratamente porque no soy de tomar decisiones importantes de forma impulsiva, y tal vez por eso la idea de "doy un portazo y me largo" por más que me sedujo mucho en diferentes ocasiones que lo ameritaban, no terminaba de cuadrarme y por eso siempre terminaba por comerme la bronca y todo seguía como si nada hubiera pasado, al menos en apariencia.

Este es un listado de "esas pequeñas cosas" que le van dando forma a la idea del gran salto al vacío (precisamente para que al final no termine sintiendo precisamente eso):

1.- Me revienta (primera expresión PMI, pero vaya uno a encontrarle un sinónimo exacto!) ser invisible. Que el detalle de la compra de calzones color naranja sea más importante que cualquier cosa que yo tenga para decir me resulta insoportable (y si espero turno para hablar no es para comentar el color de los calzones porque por suerte para matarme de risa con ese tipo de conversaciones me sobra gente) . Y peor que eso (sí, hay peor) no te podés enojar porque o sos muy sensible, o nada te viene bien o sos vos que no sabés hacerte un lugar para preguntar las cosas (pero no vayas a interrumpir la conversación acerca de calzones color naranja, por favor!). Más aún (sí, también hay más aún) tengo que contar hasta un millon setencientos cuarenta y dos mil para no explotar de la bronca cuando finalmente te escuchan con cara de aburrimiento o de favor y te despachan con once palabras en dos segundos.

2.- Me siento muy incómoda estando en el limbo éste entre sueldo, escritorio y categoría de plebe y varias responsabilidades de plana mayor.

3.- Tengo un esbozo de respuesta a la gran pregunta, tanto tiempo sin respuesta, de "¿Por qué sigo (y sigo) en este trabajo-situación-condiciones a pesar de todo esto?" No, no es de masoquista (o al menos no enteramente). Me gusta lo que hago, más aún creo que a los clientes también les gusta mi trabajo. PMI que lo diga yo, lo sé, pero al menos es la devolución que tengo de su parte (si mienten no me hago cargo, je!). Ayer que no crucé más de cuatro palabras con algún personaje de mi sector, valga decir "laburo puro", me sentí muchísimo más relajada que cuando no hay trabajo y uno se ve obligado a cultivar relaciones que después te dan dolor de estomago; teniendo que asentir o compadecerte de los demás cuando, como decía en la entrada anterior yo no estoy para oficiar de psiquiatra gratis (y a esta altura supongo que se cae de maduro que más bien debería ser al revés, y ni pretendo que gratis) ni para hacer de mi vida privada un conventillo; aunque en un ambiente así esto es un tremendo error porque pareciera que sólo los demás tienen problemas y uno vive en una nube (y no aclaro de qué material la nube por no escribir otra cosa muy PMI). No soluciono demasiado mi situación actual con esta respuesta, pero siempre es lindo tenerlas. Además esto me permite seguir quejándome tranquila sin que el entorno (familiar sobre todo) me presione con un rápido y fácil "largá todo y listo".

4.- En este mundillo (no sé si exclusivamente donde yo trabajo o en todo el planeta laboral) las cosas se obtienen chillando y pataleando. De esas habilidades yo tengo muy poco y a esta altura ya es muy difícil que las adquiera. Y de todos modos, aunque aprendiera, después no estaría feliz de haber obtenido logros de esa manera, por lo que tampoco me serviría demasiado.

5.- Volviendo a las cosas buenas, hay gente fuera de mi sector que aprecio muchísimo (en mi sector a los que aprecio realmente los cuento con los dedos de una sola mano y me sobran). Si el aprecio se convierte en amistad sólo puede saberse una vez que no nos une ninguna obligación. A las pocas personas de mi trabajo que puedo llamar amigas sé que no las voy a perder, aunque se extrañe la cotidianidad. A las otras la verdad en este momento me daría mucha lástima perderlas. Pero creo que vale la pena hacer la prueba y terminar de ver quién queda de cada lado. Y de todos modos, aunque las pierda, tampoco es el fin de mundo.

6.- A diferencia de lo que me pasaba hasta ahora, no me parece cuestión de vida o muerte conseguir otro trabajo antes de renunciar a éste. Ojo, me sigue dando un miedo terrible estar todo el día en casa. Supongo que es el famoso miedo a lo desconocido porque nunca estuve en tal situación por más de tres meses; y siempre con perspectiva de algo. También me encantaría que mi salida fuera más elegante, estilo:"conseguí un puesto mucho mejor (va para ustedes plana mayor que a la hora de la verdad no dan ni dos centavos ni por quien porta estas dos manos que al menos saben teclear con todos los dedos)"; pero ya no lo considero condición sine qua non para renunciar (digamos que en este punto no hubo demasiado progreso, pero ya decía que la idea va madurando, no que está madura).

7.- Estuve probando EL PODER, así con mayúsculas, vale decir: me tomo mis libertades porque no tengo miedo que me echen, y debo decir que me gusta. Y eso es peligroso.

8.- A esta altura lo pienso y lo sigo pensando, y aún así no puedo siquiera imaginarme una propuesta que me dejara feliz para seguir trabajando en este mismo lugar, y eso que yo dejando volar la imaginación para cosas imposibles soy especialista. Por ejemplo hasta hace dos años no hubiera dudado que un ascenso era más que suficiente. Ahora ya no, porque el daño ya está hecho; y porque aunque me lo ganara por mis propios méritos tendría que soportar años y años (tantos como los que le faltan para jubilarse) la sonrisita de chino mandarín de la gerente pidiendo agradecimiento como si me hubiera hecho un favor personal que le costó tres dedos y acostarse con media población de personal jerárquico.
Bueno, pensándolo bien si obtuviera un puesto por encima de mi gerente tal vez sí estaría más o menos feliz, pero digamos que a pesar de toda esta movida interna aún no emepecé a alucinar ni a delirar (tal vez no falte tanto, pero les aseguro que todavía no).

9.- Estoy trabajando en la idea de que no sería en vano estar más tiempo en casa, (no sólo físicamente sino con la cabeza puesta ahí también) por más que MC sea más grande y ya vaya medio día al jardín, y el año que viene o el próximo todo el día. Eso no va a borrar de un plumazo la mochila de arrepentimiento que tengo por no haber renunciado cuando ella tenía tres meses y no tres años, lo sé, pero mientras me siga arrepintiendo voy a sumar carga a la mochila en vez de restarla, y mientras el tiempo sigue pasando.

10.- Soy posesiva con mis laburos, con los clientes con los que trato, en la relación con profesionales de otras areas que trabajan conmigo, con el lugar que me supe conseguir en general. Pero de un tiempo a esta parte no me quita el sueño que alguien más ocupe lo que considero mi espacio.

11.- Estoy cansada de viajar, aunque sea en auto. Cansada de tapar con maquillaje las ojeras en vez de tener tiempo libre para curarlas desde adentro. Cansada de estar tan cansada hasta para dormir. Cansada de estar cansada, aunque me encante la siesta. Cansada.

12.- A veces siento que los demás avanzan y en cambio mi carrera está más estancada que el gobierno de los Kirchner. Y no es sólo el sentimiento de inferioridad (que es horrible, para qué negarlo) sino que, nuevamente muy PMI que lo diga yo, pero todos quieren la chapa y nadie laburar. Y yo, que no concibo tener la chapa sin laburar, aunque más no sea porque soy malísima sacando cosas de la galera y necesito todo con vienticinco fundamentos como mínimo; soy la que no llega a hacer las dos cosas: trabajar y consecuentemente lustrar la chapita. Claro, desde afuera si mostrás lo segundo se presupone que también hiciste lo primero, pero eso pasa muy pocas veces; y la verdad también estoy un poquito harta de hacer más de lo que me corresponde, aunque me guste (el trabajo, se entiende, no tapar agujeros)

13.- Estoy cansada de esquivar dardos. No sé si iban dirigidos intencionalmente a mí o es de casualidad pero uno no puede menos que sentirse tocado (cuando no apuñalado) cuando pregonan por ejemplo "la idea es que vayan rotando de actividades" cuando yo considero (y no sólo eso sino que hasta planté bandera al respecto) que es un toco y me voy inútil; y que lo único que pretende la plana mayor con esto es que nadie se especialice en nada y no les roben ni un mílimetro de cartel. Aunque haya trabajos que no quieran o no sepan hacer.

14.- Me cansé de la hipocresía. De plantear todo utópico en las reuniones, que todos nos ayudamos entre todos, nos adoramos y somos la familia Ingalls; pero cuando necesitás ayuda no encontrás a nadie o no podés pedirla porque te ponen una cara que en comparación la de un bulldog es el estereotipo de la amabilida; aunque tampoco es una opción echarlo en cara, porque "no te olvides que hablamos en la reunión que somos la familia Ingalls"... ahora que lo pienso, ¿Será que se olvidaron de aclarar que son todas Nellies y Harriets Olesons?

15.- Me muero de la curiosidad de saber si realmente todo esto es puro mobbing y yo recién me doy cuenta, con lo cual el día que anuncie que me voy no se les pueda despegar las sonrisas de las caras o por el contrario se me van a hacer las ofendidas y van a sacar otra vez el juego de la sortija, cual calesita (mirá que lindo, pero para la próxima vuelta recién) en un intento patético como hacen (o al menos ya han hecho conmigo) cada vez que empiezo con la misma cantinela. De más está decir que la sortija en cuestión ya está más gastada, pobre. Y ni siquiera es de verdad lo que es muchísimo peor.

16.- Es peligroso que uno mire a los cuarentones - cincuentones del trabajo y te parezca natural que estén hipertensos, pelados, ulcerosos y descuajeringados. Bueno, siendo mujer creo que pelada no me voy a quedar, aunque es increible la cantidad de pelo que vengo perdiendo estas útlimas dos semanas. Además, broncoespasmos mediante, también estas últimas dos semanas, consulta con el neumonologo (el bueno) indica que aunque no está del todo de acuerdo con la nueva vacuna para la gripe A, para estar en invierno en ambientes cerrados le parece recomendable. ¿Para qué exponerme a que me crezca un chancho adentro sólo por bancar tanta locura?

17.- Esta es una de las dos cuestiones que de alguna forma hicieron que reacomodara todo lo anterior y empezara a decantar la situación. Tal vez el VERDADERO motivo, mal que me pese. Es de lo más PMI, mezquino de alma, y que me da mucha vergüenza reconocer (pero total acá no me conoce nadie):
Hay un espécimen en particular que me hace doler el estomago de sólo verlo. Soy rencorosa, lo reconozco. Brevemente (si quieren saber más dirigirse a Julio de 2008) en ése entonces hubo un ascenso para el que había tres candidatas, quien suscribe una de ellas. La aquí presente estaba muy esperanzada, para qué negarlo, y no sin fundamentos; pero también calculando fríamente otra de las tres tenía más antigüedad, muy buen CV y un proyecto interesante. Una tercera no tenía nada. Bueno, sí un acomodo con la VP, pequeño detalle. Las cosas ni haría falta que se contara cómo siguieron: yo aquí, la otra se asqueó y terminó renunciando al poco tiempo, y la tercera se calzó unos zapatos que le quedan ochenta números grandes (y encima tiene el mal gusto de elegir los de Sarkany).
El hecho que este espécimen pudiera considerarse persona de mi amistad hasta ese momento y después te clave el puñal por la espalda empeora las cosas en el presente.
Tal espécimen anunció hoy que está embarazada. Y la verdad creo que no me lo voy a bancar. Y a todo el resto haciéndole la corte muchísimo menos. Tengo cero tolerancia para escuchar cualquier detalle de su vida privada, pero esto directamente sé que me va a lastimar.
Y cuestiones personales aparte, no es que me molesten todas las embarazadas, nada que ver. De hecho, creo que es en este punto que uno puede terminar de separar las personas que a uno realmente le importan (o le importan bien) y las que no. De hecho una de mis mejores amigas quedó embarazada en uno de mis momentos más flacos (y no de cuerpo precisamente) y pude (y me dejaron) estar cerca en cada uno de los momentos más importantes del que se convirtió en mi ahijado. Suspiro con la posibilidad de ser tía ahora que mi hermana (finalmente) dejó entreabierta la posibilidad que tal vez no es del todo imposible que MC tenga primos. Y así con tantos otros embarazos cercanos o que nos rodean, y que logran arrancarme sonrisas de las de verdad; independientemente de mis ganas insatisfechas de más bebés de aquí a un tiempo largo o para siempre. Sólo que en este caso me parece que no es justo; o no sé. Pero no quiero.

18.- Lo segundo que me terminó de mover el piso, algo muy PMI que le suceda a quien suscribe: casi me olvido de uno de los cumpleaños más importantes para mí. Cada vez que le pasaba a Homero o a alguno de sus sucedáneos, pensaba que era una exageración, que era imposible. Y ahora casi me pasa, todavía no entiendo bien cómo. Tal vez sean las pocas (nulas mejor dicho) ganas de festejar. Igual (palo para la suegra) a quién se le ocurre tener un bebé en una época tan complicada del año como el fin de las vacaciones - inicio de clases?

19.- La prueba final de que la idea está definitivamente instalada en mi cabeza es que si bien las posibilidades de que alguien del trabajo encuentre este blog son mínimas, al ser público esta situación es totalmente factible. Y creo que no me importaría gran cosa que ocurra.

Para no coartar la libertad de expresión dejo abiertos los comentarios aunque no espero que nadie lea por completo semejante manifiesto. Creo que en tiempo neto (porque la fui escribiendo entre llamadas de teléfono, conversaciones por msn, preguntas del estilo de "¿No compraste yogur de durazno?" y demases) me llevó más de una hora. Así que sí, definitivamente, y como buen ejercicio de "juguemos a que no tengo más sueldo" con esto ahorro en terapia (Ojalá fuera cierto)

sábado, 6 de marzo de 2010

Insoportable



Estoy en stand by, con un dolor de no-muelas que no me deja ni pensar.

Ni Clinadol Forte ni Dolten SL ayudan demasiado y después de eso ya no sé qué sigue (se aceptan sugerencias, es públicamente conocido que mi umbral de dolor se perdió por algún subsuelo y que no tengo reparos en tomarme una farmacia entera para combatir el dolor, para qué sufrir).

Al primero que me vuelva con esto de que el cuerpo humano está perfectamente diseñado le daría con un dolor de no-muelas de juicio por la cabeza. Porque precisamente, ¿En qué cabeza cabe que la mayor parte de la población no le entren los terceros molares en la boca? ¿Cuántos millones de años de evolución faltan para que los nuevos seres vengan con sólo ocho molares?

Por lo menos entendí un poco más a la gente que se decide a estudiar odontología, algo que siempre había escapado de mi comprensión. No hay que hacer demasiados cálculos para pensar que si a casi todo el mundo hay que sacarle cuatro muelas como mínimo, la salida laboral está más que asegurada.

Por otro lado, ser odontólogo tiene una ventaja adicional: Es muy raro que necesiten pagarle a un psicoanalista, terapeuta, psiquiatra o afines. ¿Nunca les pasó de estar en el dentista y sentirse un poco los psicólogos de sus dentistas? Éste despliega toda su verborragia y uno sólo tiene dos opciones, ambas muy psico-profesionales: o no lo escucha o tiene veinte cosas para responderle, pero considera que de momento es mejor no decir nada. Para mayores similitudes, fíjense que éstos con su típico "no te preocupes que no va a doler nada de nada" nos mienten tan descaradamente como un paciente a su terapeuta. Y a todo esto, como si el terapeuta (en este caso nosotros, los simples mortales cuyo más elevado conocimiento odontológico consiste en saber lavarse los dientes con bastante propiedad) fuera tan inocente y no se diera cuenta.

Me pregunto si los dentistas cada vez que reciben a un paciente también pensarán "¿de qué le puedo hablar hoy?", o "será muy incómodo que casi ni hable en toda la consulta" o mejor aún "no veo la hora que llegue algún paciente que estoy con este tema que me tiene tan angustiado y necesito urgentemente que alguien me escuche".

De todas formas convengamos que peor sería tener que hacerle de dentista a nuestro psiquiatra-psicologo-psicoanalista-terapeuta (o hasta cura confesor diría). No es por piedad hacia éstos últimos, porque bien que también saben hacer sufrir, sino sólo porque representaría muchísimo más trabajo.

lunes, 1 de marzo de 2010

Se solicitan con suma urgencia...

... otras vacaciones como éstas:


Segundo día en Buenos Aires y primero de rutina. Definitivamente estas postales parecen de otro mundo y no de hace pocos días y escasos 340km:


MC espiando al sudeste (o creo que es al este más bien)

"Maaaaa, el barrilete se está metiendo en el cielo!"
Y volando, volando feliz
Yo me encuentro mas alto
mas alto que el sol
Y mientras que el mundo
se aleja despacio de mi
Una musica dulce
tocada solo para mi
"Mami, mirá lo que están comiendo abajo"
(hay un restaurante, nos conocimos toda la carta antes de ir).
"Uy, se les escapó el perro!" (y para atraparlo otra que el coyote y el correcaminos)
Mejor que Disney Channel, Cartoon Network y Discovery Kids todos juntos.


Mi versión más aproximada de la felicidad:

Sobran las palabras.


"Mi versión más aproximada de la felicidad" by María Clara:

Nótese su actitud (aprendida de vaya a saber quién...) de "tengo visita y me importa tres pepinos"


Y "Mi versión completa de la felicidad" by María Clara:


"Aaaaaah, ahora sí"

Nunca vi a nadie con semejante destreza para quitarse medias y zapatos en menos de tres segundos.


Recital de Axel, desde nuestro balcón (literalmente, estaba para sub-alquilar los balcones):

Sí gente, hasta hace diez días no tenía mucha idea de quién era Axel. Como dicen, Dios le da pan a quien no tiene dientes. Para nosotros fue mucho más divertido ver cómo armaban y desarmaban el escenario y observar los malabares que hacía la gente para estacionar que el show en sí.
Sé que soy de terror sacando fotos, pero no me interesaba Axel (igual se nota, al piano) sino el fenómeno... y bueno, no es que yo las haya sacado movidas sino que aunque lo solicité amablemente, la gente no se me quedaba quieta!

El avión de NISUTA, de lo más divertido del verano:
(El video no me pertenece y no se escucha demasiado bien, pero es comiquísimo)



Por si no se escucha, dice más o menos así:

"NISUTA es co-nec-ti-vi-daaaad
Los productos NISUTA son los principales ayudantes deeeeelllll modernoooo hombre cumputadorillllll...
Aquí el avión
Cuando escuche la palabra NISUTA piense en conectividad
"Rimbember mai neim"
NISUTA: El Modem i-na-lam-bri-co que no se rommmpe ni por put@&$%aaaaaaa
Recuerde ponerle protección solar a los pebetes!
NISUTA..."

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Para terminar y siguiendo con los auspiciantes, agradecemos:

- A los carnets de Osde por haber permanecido en sus puestos (no vieron la luz del sol). La salud ante todo, como dicen.
- A todos los limpia vidrios (fundamentales) y mucamas por hacer que el nido esté más que habitable (de más está decir que con los cables pelados que tenía al llegar, de otra manera hubiera sido imposible comer o vivir en un lugar decentemente limpio) y al lavadero de enfrente (y a nuestra ropa, por haberse bancado semejante tratamiento)
- A los shorts, las bermudas (aún en su versión "hace frío y me lo pongo igual aunque con una campera arriba"), a las remeras, musculosas y chombas; al pelo recién lavado que no pide secador ni planchita. A las havaianas y zapatillas por estar incondicionalmente (y a los pies descalzos también, como se ha visto). A los tacos por haberse tomado vacaciones junto con nosotros.
- A Tante, La Távola, Viejo Lobo, La Carreta, Paxapoga del Mar, Benito Durante, La Casona de Tío, Los Alamos, Tatú, La Jirafa y Gretel por habernos alimentado durante más de la mitad de nuestra estadía.
- Al clima por haberse portado considerablemente bien.
- Al tiempo, que a pesar que nos hizo trampa y pasó mucho más rápido que lo que marcan los días, horas y minutos, en lo cotidiano, no nos hacía apurarnos y vivir a las corridas.
- A Anthelios y a Dermaglós por habernos cuidado tan bien del sol.
- Al centro comercial, por estar tan igual que antes que no daban muchas ganas de ir a despilfarrar demasiado.
- Fundamentalmente, a toda la gente que tuvo la amabilidad de instarse en la playa frente nuestro, de estacionar su auto al costado, de "dar la vuelta al perro", etc, y entretenernos todos los días.
- Y por supuesto, al mar, que como bien observó MC, nunca se queda quieto ("Mami, ¿el mar no se cansa?". "Pa, ¿El mar cuando se va a dormir?") La verdad, quién tuviera esa energía.


¡Ya te estamos extrañando! Ojalá volvamos a verte pronto.

Y ojalá también yo pronto recupere la capacidad de hilvanar cuatro palabras en una oración, o voy a tener que empezar a meter fotos hasta de mis dedos meñiques para hacer posts, y peor aún para visitar otros blogs (igual ya voy a ir pasando, se extrañaba eso también).
Lo que también es grave porque acabo de perder la mitad de mi juicio (bueno, sólo la parte dental) y se supone que no tengo que hablar más que lo imprescindible.

jueves, 4 de febrero de 2010

Aquí están, éstas son

Llegaron (en realidad están pasando ya) y lamentablemente no para quedarse. De qué otra personalidad puedo estar hablando sino de las mismísimas señoras vacaciones.


Como venía contando el año pasado para la misma época (la fecha no tiene importancia, la época es "pre-vacaciones") mis vacaciones siempre tienen algún componente que las termina de arruinar. Este año ni siquiera esperé circunstancias externas para echarle la culpa y me las vengo amargando yo solita. Es que primero fue el arduo camino recorrido hasta ponernos de acuerdo en tomarnos las vacaciones; y mientras tanto las cosas en el laburo se pusieron al rojo vivo. Bueno, mejor dicho sólo yo. Me saltaron las llaves térmicas como tres veces en las últimas dos semanas y pienso que el esfuerzo de algo tiene que servir: o para terminar de decidirme a renunciar, senda que estaba transitando con excesivo éxito; o para que todos se me tranformen en corderitos con cara de asustados, con lo que también veníamos muy bien. Ahora con mis vacaciones la situación vendría a ser algo así como dice la frase "cuando el gato no está los ratones se divierten" que en este caso aplicaría más "cuando la cara de perro no está los corderos vuelven a ser serpientes". Y también se me irá disipando la bronca, todo seguirá igual y tanto desgaste de estos últimos días sólo servirá para aumentar mi expediente el día que finalmente me internen en el Moyano.

Como muestra que para eso voy por buen camino, basta con decir que las últimas semanas me dieron ganas de estar en Facebook, pero tan mal no estoy , era sólo para hacer algo así como una causa común de "deberíamos poder cruzar a Uruguay como si fuera una provincia".
Como cacique mayor de la familia estaba de viaje hasta ayer era mucho arriesgarse alquilar allá y, por cualquier eventualidad no llegaba me quedaba o el departamento vacío allá o la niña de este lado del charco.
Sí, ya sé que con un escribano se soluciona fácil pero lo que le faltaba al padre antes de ir a congelarse al gran país de más al norte o a cualquiera en general cuando planea unas vacaciones para relajarse es visitar a un escribano.
Como dicen que siempre hay que extraer algo bueno de lo malo, digamos que el vuelo de Facundo que llegaba ayer se supone que está llegando recién ahora, así que tan equivocada no estaba en pensar que podría tener que comenzar mis vacaciones sin el jefe de la tribu. Como siempre digo, es hermoso tener razón. Porque de más está decir que mañana es el último día que trabajo, y el viernes que Buenos Aires se arregle sin nosotras, de hecho todavía ni sé para qué espero hasta el viernes. Ah, sí, me quedó pendiente depilarme! Era por eso.

Así que con el Este vedado como destino turístico, las opciones se achicaban a destinos nacionales. Lo bueno es que la coca cola no me va a salir $10 la latita. Lo malo es precisamente que la coca cola no me va a salir $10 la latita. Cuando dicen que Punta del Este tiene ése algo, definitivamente lo tiene. Adelgazamiento "natural" por ejemplo.

Siguiendo con la maldición que rodea mis vacaciones desde hace más de dos años, estuve hasta hace pocos días maldiciendo porque con las complicaciones a nivel calendario del viaje de Facundo pensaba que me quedaba sin vacaciones. Tanto maldecir tuvo su castigo: peor o casi peor que quedarme sin vacaciones era tener que veranear con mi suegra. No por ella en particular, pero casi todo el tiempo tres mujeres solas, una de las cuales aún no cuenta con cuatro años, en una casa donde ya nos asaltaron el año pasado; y en el gran balneario donde es toda una excursión ir a la playa y encima no perder a la criatura (para colmo en éste país queda feo si uno le pone una correa) no era mi idea de descanso.
Por suerte, entre discusiones acerca si era peor el calor de Buenos Aires o el frío de los alrededores de Toronto pudimos marcar las coordenadas para Pinamar.

Destino que me tiene algo nerviosa, algo totalmente incongruente con la tranquilidad del lugar. Pero para que se entienda: Durante 30 años siempre pasé los veranos en Pinamar. Primero eran casi tres meses, cuando empezamos la etapa escolar fueron dos, luego con los ingresos a la Universidad uno y medio, y con los primeros empleos se redujeron drásticamente a dos semanas. Todo eso mechado con que empezamos a ser un poco infieles a nuestra nacionalidad pinamarense y empezamos a engañarla con otros destinos turísticos.
Pero nunca dejamos de ir al menos unos días.
Cuando yo era chica siempre me imaginaba cuando fuera ya grande, convertida en una señora, con mi marido y mis hijos.
La realidad me encontró con que las primeras vacaciones de casados fueron mínimas porque habíamos extendido la luna de miel, y encima había que repartirse con los suegros. De todos modos, no me sentía una señora casada (aún no me siento una señora, aunque sí casada, y con todas las mañas). Las segundas también fueron mínimas porque María Clara en versión bichito canasto intrauterino me cortó la inspiración durante casi toda la temporada. Ese mismo año, cuando podría haber ido casada y con hija (como venía diciendo, "señora" creo que nunca) la casa se vendió, y en mi interior pensé que nunca más iba a volver, o al menos en muchísimos años.
Y mi duda es si me gustaba tanto Pinamar o me gustaba tanto esa casa. Me cuesta mucho separar ambos términos, y también me pone nerviosa pensar cómo va a ser estar allá, pero en otro habitat.
Por las dudas, para que el habitat no deje de ser habitable, elegimos uno con servicio de mucama. Sé que tengo un problema al respecto. Confieso que sería feliz hasta con unas vacaciones en Formosa con tal que venga con servicio de mucama (y no es porque yo sea muy Martha Stewart ni Bree Hodge durante el resto del año, ni muchísimo menos) y frente al mar para verlo igual aunque llueva todo el mes, como está pronosticado.
Pero me queda esa espina de pasar frente a lo que era MI casa, ver los cambios horribles (a mi juicio, claro) que me cuentan que le han hecho, verla con otra gente y tener que contenerme fuerte para no gritarles a ver qué hacen en MI casa o verla toda cerrada y triste. Y a sólo cinco cuadras no sé si voy a poder evitar pasar y ver.
O estar en el centro, por ejemplo, y enfilar para mi ex casa; como me pasó una vez apenas me casé.

Y lo peor es que ya me agarró mi amiga la fóbica denominada "ysi...": al empezar a planificar las vacaciones uno se siente etéreo como si recién terminara de leer Instantes de Borges y se promete a sí mismo que no va a perder fuerza física arrastrando bolsos ni esfuerzo mental planeando estratégicamente el equipaje como si fueran alforjas para la conquista del desierto, si al final uno va a un lugar civilizado, y para algo es. Pero la amiga fóbica es más fuerte que uno: la salida de baño a María Clara le queda chica... una toalla es lo mismo... o no... pero ahí se consigue... pero... "y si" no consigo? Y parecía que con una cajita de ibuprofeno estábamos hechos, si hay una farmacia a 20 metros.... pero "y si" te agarra un cólico a las cuatro de la madrugada? "y si" María Clara se lastima y está lloviendo torrencialmente para cruzar a comprar un pervinox? "y si" necesito más de ese broncodilatador que está en falta? "y si" llegamos al mediodía, como tenemos planeado, y no hay nada abierto ni para comprar agua mineral o jabón para lavarse las manos siquiera? "y si" llega a hacer mucho frío no vamos a estar todo el día con el mismo sweater, "y si" mejor llevo el doble de sábanas y toallas porque pueden no secarse en el día, "y si" mejor me llevo libros desde acá porque puede que ni en Bhöm ni en Fray Mocho no consiga nada decente para leer (como si eso alguna vez hubiera pasado, qué buenas librerías!) o peor aún "y si" dejaron de existir?

Mi lista "vacaciones" de excel ya parece un archivo del trabajo y eso no es bueno. Entenderán por qué las necesito urgentemente, y de momento me importa bien poco qué catástrofe pueda sorprendernos éste año. De hecho, fiel a mi caracter, por si lo malo no llega en forma natural ya me planifiqué una extracción de muelas de juicio para el 1º de marzo; cosa de amargarme del todo cuando terminen las vacaciones.