Ayer era un día que estaba esperando hace mucho tiempo. Para ser más precisos desde 2003. No no se trata de mi casamiento, ni del nacimiento de un hijo, ni nada tan trascendente. Solamente se trataba de que ayer tenía que renovar mi credencial del trabajo. ¿Por qué esperaba esta renovación tan ansiosamente? Porque desde el momento en que me dieron la primera detesté la foto. A eso sumemos que ya no llevo ese peinado (y uno se pregunta por qué tanto tiempo lo usé) y que estoy en musculosa, lo que en ese momento era normal y aceptable por el cargo que tenía y porque tenía casi diez años menos, pero hoy en día totalmente inaceptable (aunque en el exterior estemos con una temperatura cercana a los ochocientos cuarenta y tres grados como hacía el día de aquella foto, allá lejos y hace tiempo)
Como no podía ser de otra manera, a pesar que me piené y me vestí acorde a la ocasión, la foto nueva me desagrada tanto o más que la anterior. El pelo de tanto plancharlo pareciera que lo tengo pegado al cráneo, pero bueno, a ese respecto mea culpa; en vez de mi estival atuendo me vestí de negro, parezco Morticia Adams, pero en fin, mea culpa; me da la impresión que salí con un ojo más abierto que el otro, culpa del fotógrafo, o de la cámara, o de quien sea... y además de todo me veo más... vieja! Más vieja, no vieja directamente, que se entienda, pero igual... si tuviera que definirlo objetivamente diría que por ahí más ojerosa, o con las lineas de expresión más marcadas (culpa de la misma empresa y las serpientes que lo habitan?). Pero para decirlo de entre casa, en la otra foto, la de hace ocho años y medio, esa que detestaba... me doy cuenta que me veo más joven. No sólo más joven, de hecho desborda juventud esa foto.
Ya sé que pasó el tiempo, y otras tantas cosas; pero en líneas generales nunca me vi peor que antes (quitando el embarazo). Aclaro, no es que nunca me haya considerado una belleza ni muchisimo menos, pero entre eso y que las mujeres de la familia en general envejecen bastante bien, creía tener alguna especie de seguro genético contra el envejecimiento.
Igual es la foto, lo aseguro, el espejo afirma otra cosa, tan mal no estoy. Pero ya estoy deseando que pasen algunos años para reemplazar esta credencial (en el caso que en "algunos años" yo siga trabajando ahí, claro está). ¡Como si dentro de unos años vaya a verme mejor!
Horas más tarde, ese mismo día, aún con el mismo atuendo, peinado, maquillaje, accesorios y todos los etcéteras, me subo a un colectivo (repleto) me paro al lado de una chica que se da vuelta y me mira con cara de algo más que estar interesada por la hora o el recorrido de esa línea.
"¿Vos fuiste compañera de colegio de Tomy S.?" (convengamos que S. es un apellido nada común)
"No, pero sí fuimos al mismo colegio, él estaba un año menos que yo"
"Ahhhhhh, me parecía, yo también fui al colegio"
(me enferma un poquito esa forma que tienen los alumnos y ex alumnos del cole donde yo fui de llamar al colegio simplemente "el colegio", como si fuera el único, como si todas las demás personas no estudiaran en un colegio!). Ok, yo para reconocer gente soy un cero a la izquierda, pero me decís el nombre y te saco toda la biografía. Esta chica no sólo es la novia del mencionado Tomy, sino que además es la hermana de una concuñada de mi primo (se entiende?), amén de ser prima en un grado tan lejano que ya se perdió la cuenta. La cuestión es que a esta chica yo no la veía desde hacía por lo menos diez años (o al menos hace ese tiempo que no la reconozco). Debo decir que estaba muy pero muy linda, y eso a las mujeres en general nos hace sentir bastante en desventaja...
Pero como el razonamiento no es mi fuerte, no fue sino hasta que llegué a casa más tarde que me puse a pensar que si me reconoció después de tanto tiempo es que tan mal, o tan vieja, no debo estar después de todo.
Yo que soy tan reacia a esa cuestión de reuniones de ex alumnos y similares, debo reconocer que en este caso al menos, el encuentro fue providencial.