viernes, 12 de marzo de 2010

Tsunami personal

Creo que desde que empecé a escribir en este blog, aproximadamente una vez por mes me quejo de mi trabajo en ocho idiomas (y eso que ni de casualidad hablo esa cantidad de lenguas). Con regularidad planteo mis ganas de renunciar y me descargo sin piedad contra la gente que por allí me encuentro casi a diario. En realidad, si lo pienso seriamente creo que decir que me quejo una sola vez por mes es ser demasiado clemente conmigo misma, pero dejémoslo ahí.

Antes que nada algunas aclaraciones:
A) Este post va aburridísimamente en serio.
B) Sigo con dolor de no-muelas, así que no debo estar pensando con total lucidez.
C) Incluye algunas cuestiones que podríamos denominar políticamente muy incorrectas (PMI a partir de ahora). Pero uno no decide qué sentir y qué no, aunque nos hayan enseñado que nuestros sentimientos siempre deben ser de lo más humildes, nobles y caritativos posible. Total (y sin ánimo descalificar a mis fieles lectores, sino todo lo contrario) me lee muy poca gente y me sirve de terapia gratis.

Desde hace unos días estoy con la idea de renunciar. Sí, ya sé que esto en mí es más largo que el cuento de la buena pipa (¿se acuerdan?) pero algo sutilmente ha empezado a cambiar, por eso escribo. Cuando digo "hace algunos días" es que no puedo precisar cuándo fue que empezó a madurar esta idea. Tal vez fue con los cables pelados pre vacaciones, o durante las vacaciones, el primer día de trabajo, el lunes pasado, ayer, hoy o no lo sé.

A diferencia de las veces anteriores no es que me agarra una gran bronca de dimensiones colosales y consecuentemente las ganas de mandar las cosas adonde ya todos se imaginan dónde; no hubo ningún enfrentamiento, escándalo o escena de telenovela centroamericana (al menos hasta hoy) sino una serie de pequeños eventos, incidentes y actitudes; probablemente imperceptibles para los demás, que van madurando la idea.

Esto es algo que me gustó, y me sorprendió gratamente porque no soy de tomar decisiones importantes de forma impulsiva, y tal vez por eso la idea de "doy un portazo y me largo" por más que me sedujo mucho en diferentes ocasiones que lo ameritaban, no terminaba de cuadrarme y por eso siempre terminaba por comerme la bronca y todo seguía como si nada hubiera pasado, al menos en apariencia.

Este es un listado de "esas pequeñas cosas" que le van dando forma a la idea del gran salto al vacío (precisamente para que al final no termine sintiendo precisamente eso):

1.- Me revienta (primera expresión PMI, pero vaya uno a encontrarle un sinónimo exacto!) ser invisible. Que el detalle de la compra de calzones color naranja sea más importante que cualquier cosa que yo tenga para decir me resulta insoportable (y si espero turno para hablar no es para comentar el color de los calzones porque por suerte para matarme de risa con ese tipo de conversaciones me sobra gente) . Y peor que eso (sí, hay peor) no te podés enojar porque o sos muy sensible, o nada te viene bien o sos vos que no sabés hacerte un lugar para preguntar las cosas (pero no vayas a interrumpir la conversación acerca de calzones color naranja, por favor!). Más aún (sí, también hay más aún) tengo que contar hasta un millon setencientos cuarenta y dos mil para no explotar de la bronca cuando finalmente te escuchan con cara de aburrimiento o de favor y te despachan con once palabras en dos segundos.

2.- Me siento muy incómoda estando en el limbo éste entre sueldo, escritorio y categoría de plebe y varias responsabilidades de plana mayor.

3.- Tengo un esbozo de respuesta a la gran pregunta, tanto tiempo sin respuesta, de "¿Por qué sigo (y sigo) en este trabajo-situación-condiciones a pesar de todo esto?" No, no es de masoquista (o al menos no enteramente). Me gusta lo que hago, más aún creo que a los clientes también les gusta mi trabajo. PMI que lo diga yo, lo sé, pero al menos es la devolución que tengo de su parte (si mienten no me hago cargo, je!). Ayer que no crucé más de cuatro palabras con algún personaje de mi sector, valga decir "laburo puro", me sentí muchísimo más relajada que cuando no hay trabajo y uno se ve obligado a cultivar relaciones que después te dan dolor de estomago; teniendo que asentir o compadecerte de los demás cuando, como decía en la entrada anterior yo no estoy para oficiar de psiquiatra gratis (y a esta altura supongo que se cae de maduro que más bien debería ser al revés, y ni pretendo que gratis) ni para hacer de mi vida privada un conventillo; aunque en un ambiente así esto es un tremendo error porque pareciera que sólo los demás tienen problemas y uno vive en una nube (y no aclaro de qué material la nube por no escribir otra cosa muy PMI). No soluciono demasiado mi situación actual con esta respuesta, pero siempre es lindo tenerlas. Además esto me permite seguir quejándome tranquila sin que el entorno (familiar sobre todo) me presione con un rápido y fácil "largá todo y listo".

4.- En este mundillo (no sé si exclusivamente donde yo trabajo o en todo el planeta laboral) las cosas se obtienen chillando y pataleando. De esas habilidades yo tengo muy poco y a esta altura ya es muy difícil que las adquiera. Y de todos modos, aunque aprendiera, después no estaría feliz de haber obtenido logros de esa manera, por lo que tampoco me serviría demasiado.

5.- Volviendo a las cosas buenas, hay gente fuera de mi sector que aprecio muchísimo (en mi sector a los que aprecio realmente los cuento con los dedos de una sola mano y me sobran). Si el aprecio se convierte en amistad sólo puede saberse una vez que no nos une ninguna obligación. A las pocas personas de mi trabajo que puedo llamar amigas sé que no las voy a perder, aunque se extrañe la cotidianidad. A las otras la verdad en este momento me daría mucha lástima perderlas. Pero creo que vale la pena hacer la prueba y terminar de ver quién queda de cada lado. Y de todos modos, aunque las pierda, tampoco es el fin de mundo.

6.- A diferencia de lo que me pasaba hasta ahora, no me parece cuestión de vida o muerte conseguir otro trabajo antes de renunciar a éste. Ojo, me sigue dando un miedo terrible estar todo el día en casa. Supongo que es el famoso miedo a lo desconocido porque nunca estuve en tal situación por más de tres meses; y siempre con perspectiva de algo. También me encantaría que mi salida fuera más elegante, estilo:"conseguí un puesto mucho mejor (va para ustedes plana mayor que a la hora de la verdad no dan ni dos centavos ni por quien porta estas dos manos que al menos saben teclear con todos los dedos)"; pero ya no lo considero condición sine qua non para renunciar (digamos que en este punto no hubo demasiado progreso, pero ya decía que la idea va madurando, no que está madura).

7.- Estuve probando EL PODER, así con mayúsculas, vale decir: me tomo mis libertades porque no tengo miedo que me echen, y debo decir que me gusta. Y eso es peligroso.

8.- A esta altura lo pienso y lo sigo pensando, y aún así no puedo siquiera imaginarme una propuesta que me dejara feliz para seguir trabajando en este mismo lugar, y eso que yo dejando volar la imaginación para cosas imposibles soy especialista. Por ejemplo hasta hace dos años no hubiera dudado que un ascenso era más que suficiente. Ahora ya no, porque el daño ya está hecho; y porque aunque me lo ganara por mis propios méritos tendría que soportar años y años (tantos como los que le faltan para jubilarse) la sonrisita de chino mandarín de la gerente pidiendo agradecimiento como si me hubiera hecho un favor personal que le costó tres dedos y acostarse con media población de personal jerárquico.
Bueno, pensándolo bien si obtuviera un puesto por encima de mi gerente tal vez sí estaría más o menos feliz, pero digamos que a pesar de toda esta movida interna aún no emepecé a alucinar ni a delirar (tal vez no falte tanto, pero les aseguro que todavía no).

9.- Estoy trabajando en la idea de que no sería en vano estar más tiempo en casa, (no sólo físicamente sino con la cabeza puesta ahí también) por más que MC sea más grande y ya vaya medio día al jardín, y el año que viene o el próximo todo el día. Eso no va a borrar de un plumazo la mochila de arrepentimiento que tengo por no haber renunciado cuando ella tenía tres meses y no tres años, lo sé, pero mientras me siga arrepintiendo voy a sumar carga a la mochila en vez de restarla, y mientras el tiempo sigue pasando.

10.- Soy posesiva con mis laburos, con los clientes con los que trato, en la relación con profesionales de otras areas que trabajan conmigo, con el lugar que me supe conseguir en general. Pero de un tiempo a esta parte no me quita el sueño que alguien más ocupe lo que considero mi espacio.

11.- Estoy cansada de viajar, aunque sea en auto. Cansada de tapar con maquillaje las ojeras en vez de tener tiempo libre para curarlas desde adentro. Cansada de estar tan cansada hasta para dormir. Cansada de estar cansada, aunque me encante la siesta. Cansada.

12.- A veces siento que los demás avanzan y en cambio mi carrera está más estancada que el gobierno de los Kirchner. Y no es sólo el sentimiento de inferioridad (que es horrible, para qué negarlo) sino que, nuevamente muy PMI que lo diga yo, pero todos quieren la chapa y nadie laburar. Y yo, que no concibo tener la chapa sin laburar, aunque más no sea porque soy malísima sacando cosas de la galera y necesito todo con vienticinco fundamentos como mínimo; soy la que no llega a hacer las dos cosas: trabajar y consecuentemente lustrar la chapita. Claro, desde afuera si mostrás lo segundo se presupone que también hiciste lo primero, pero eso pasa muy pocas veces; y la verdad también estoy un poquito harta de hacer más de lo que me corresponde, aunque me guste (el trabajo, se entiende, no tapar agujeros)

13.- Estoy cansada de esquivar dardos. No sé si iban dirigidos intencionalmente a mí o es de casualidad pero uno no puede menos que sentirse tocado (cuando no apuñalado) cuando pregonan por ejemplo "la idea es que vayan rotando de actividades" cuando yo considero (y no sólo eso sino que hasta planté bandera al respecto) que es un toco y me voy inútil; y que lo único que pretende la plana mayor con esto es que nadie se especialice en nada y no les roben ni un mílimetro de cartel. Aunque haya trabajos que no quieran o no sepan hacer.

14.- Me cansé de la hipocresía. De plantear todo utópico en las reuniones, que todos nos ayudamos entre todos, nos adoramos y somos la familia Ingalls; pero cuando necesitás ayuda no encontrás a nadie o no podés pedirla porque te ponen una cara que en comparación la de un bulldog es el estereotipo de la amabilida; aunque tampoco es una opción echarlo en cara, porque "no te olvides que hablamos en la reunión que somos la familia Ingalls"... ahora que lo pienso, ¿Será que se olvidaron de aclarar que son todas Nellies y Harriets Olesons?

15.- Me muero de la curiosidad de saber si realmente todo esto es puro mobbing y yo recién me doy cuenta, con lo cual el día que anuncie que me voy no se les pueda despegar las sonrisas de las caras o por el contrario se me van a hacer las ofendidas y van a sacar otra vez el juego de la sortija, cual calesita (mirá que lindo, pero para la próxima vuelta recién) en un intento patético como hacen (o al menos ya han hecho conmigo) cada vez que empiezo con la misma cantinela. De más está decir que la sortija en cuestión ya está más gastada, pobre. Y ni siquiera es de verdad lo que es muchísimo peor.

16.- Es peligroso que uno mire a los cuarentones - cincuentones del trabajo y te parezca natural que estén hipertensos, pelados, ulcerosos y descuajeringados. Bueno, siendo mujer creo que pelada no me voy a quedar, aunque es increible la cantidad de pelo que vengo perdiendo estas útlimas dos semanas. Además, broncoespasmos mediante, también estas últimas dos semanas, consulta con el neumonologo (el bueno) indica que aunque no está del todo de acuerdo con la nueva vacuna para la gripe A, para estar en invierno en ambientes cerrados le parece recomendable. ¿Para qué exponerme a que me crezca un chancho adentro sólo por bancar tanta locura?

17.- Esta es una de las dos cuestiones que de alguna forma hicieron que reacomodara todo lo anterior y empezara a decantar la situación. Tal vez el VERDADERO motivo, mal que me pese. Es de lo más PMI, mezquino de alma, y que me da mucha vergüenza reconocer (pero total acá no me conoce nadie):
Hay un espécimen en particular que me hace doler el estomago de sólo verlo. Soy rencorosa, lo reconozco. Brevemente (si quieren saber más dirigirse a Julio de 2008) en ése entonces hubo un ascenso para el que había tres candidatas, quien suscribe una de ellas. La aquí presente estaba muy esperanzada, para qué negarlo, y no sin fundamentos; pero también calculando fríamente otra de las tres tenía más antigüedad, muy buen CV y un proyecto interesante. Una tercera no tenía nada. Bueno, sí un acomodo con la VP, pequeño detalle. Las cosas ni haría falta que se contara cómo siguieron: yo aquí, la otra se asqueó y terminó renunciando al poco tiempo, y la tercera se calzó unos zapatos que le quedan ochenta números grandes (y encima tiene el mal gusto de elegir los de Sarkany).
El hecho que este espécimen pudiera considerarse persona de mi amistad hasta ese momento y después te clave el puñal por la espalda empeora las cosas en el presente.
Tal espécimen anunció hoy que está embarazada. Y la verdad creo que no me lo voy a bancar. Y a todo el resto haciéndole la corte muchísimo menos. Tengo cero tolerancia para escuchar cualquier detalle de su vida privada, pero esto directamente sé que me va a lastimar.
Y cuestiones personales aparte, no es que me molesten todas las embarazadas, nada que ver. De hecho, creo que es en este punto que uno puede terminar de separar las personas que a uno realmente le importan (o le importan bien) y las que no. De hecho una de mis mejores amigas quedó embarazada en uno de mis momentos más flacos (y no de cuerpo precisamente) y pude (y me dejaron) estar cerca en cada uno de los momentos más importantes del que se convirtió en mi ahijado. Suspiro con la posibilidad de ser tía ahora que mi hermana (finalmente) dejó entreabierta la posibilidad que tal vez no es del todo imposible que MC tenga primos. Y así con tantos otros embarazos cercanos o que nos rodean, y que logran arrancarme sonrisas de las de verdad; independientemente de mis ganas insatisfechas de más bebés de aquí a un tiempo largo o para siempre. Sólo que en este caso me parece que no es justo; o no sé. Pero no quiero.

18.- Lo segundo que me terminó de mover el piso, algo muy PMI que le suceda a quien suscribe: casi me olvido de uno de los cumpleaños más importantes para mí. Cada vez que le pasaba a Homero o a alguno de sus sucedáneos, pensaba que era una exageración, que era imposible. Y ahora casi me pasa, todavía no entiendo bien cómo. Tal vez sean las pocas (nulas mejor dicho) ganas de festejar. Igual (palo para la suegra) a quién se le ocurre tener un bebé en una época tan complicada del año como el fin de las vacaciones - inicio de clases?

19.- La prueba final de que la idea está definitivamente instalada en mi cabeza es que si bien las posibilidades de que alguien del trabajo encuentre este blog son mínimas, al ser público esta situación es totalmente factible. Y creo que no me importaría gran cosa que ocurra.

Para no coartar la libertad de expresión dejo abiertos los comentarios aunque no espero que nadie lea por completo semejante manifiesto. Creo que en tiempo neto (porque la fui escribiendo entre llamadas de teléfono, conversaciones por msn, preguntas del estilo de "¿No compraste yogur de durazno?" y demases) me llevó más de una hora. Así que sí, definitivamente, y como buen ejercicio de "juguemos a que no tengo más sueldo" con esto ahorro en terapia (Ojalá fuera cierto)

sábado, 6 de marzo de 2010

Insoportable



Estoy en stand by, con un dolor de no-muelas que no me deja ni pensar.

Ni Clinadol Forte ni Dolten SL ayudan demasiado y después de eso ya no sé qué sigue (se aceptan sugerencias, es públicamente conocido que mi umbral de dolor se perdió por algún subsuelo y que no tengo reparos en tomarme una farmacia entera para combatir el dolor, para qué sufrir).

Al primero que me vuelva con esto de que el cuerpo humano está perfectamente diseñado le daría con un dolor de no-muelas de juicio por la cabeza. Porque precisamente, ¿En qué cabeza cabe que la mayor parte de la población no le entren los terceros molares en la boca? ¿Cuántos millones de años de evolución faltan para que los nuevos seres vengan con sólo ocho molares?

Por lo menos entendí un poco más a la gente que se decide a estudiar odontología, algo que siempre había escapado de mi comprensión. No hay que hacer demasiados cálculos para pensar que si a casi todo el mundo hay que sacarle cuatro muelas como mínimo, la salida laboral está más que asegurada.

Por otro lado, ser odontólogo tiene una ventaja adicional: Es muy raro que necesiten pagarle a un psicoanalista, terapeuta, psiquiatra o afines. ¿Nunca les pasó de estar en el dentista y sentirse un poco los psicólogos de sus dentistas? Éste despliega toda su verborragia y uno sólo tiene dos opciones, ambas muy psico-profesionales: o no lo escucha o tiene veinte cosas para responderle, pero considera que de momento es mejor no decir nada. Para mayores similitudes, fíjense que éstos con su típico "no te preocupes que no va a doler nada de nada" nos mienten tan descaradamente como un paciente a su terapeuta. Y a todo esto, como si el terapeuta (en este caso nosotros, los simples mortales cuyo más elevado conocimiento odontológico consiste en saber lavarse los dientes con bastante propiedad) fuera tan inocente y no se diera cuenta.

Me pregunto si los dentistas cada vez que reciben a un paciente también pensarán "¿de qué le puedo hablar hoy?", o "será muy incómodo que casi ni hable en toda la consulta" o mejor aún "no veo la hora que llegue algún paciente que estoy con este tema que me tiene tan angustiado y necesito urgentemente que alguien me escuche".

De todas formas convengamos que peor sería tener que hacerle de dentista a nuestro psiquiatra-psicologo-psicoanalista-terapeuta (o hasta cura confesor diría). No es por piedad hacia éstos últimos, porque bien que también saben hacer sufrir, sino sólo porque representaría muchísimo más trabajo.

lunes, 1 de marzo de 2010

Se solicitan con suma urgencia...

... otras vacaciones como éstas:


Segundo día en Buenos Aires y primero de rutina. Definitivamente estas postales parecen de otro mundo y no de hace pocos días y escasos 340km:


MC espiando al sudeste (o creo que es al este más bien)

"Maaaaa, el barrilete se está metiendo en el cielo!"
Y volando, volando feliz
Yo me encuentro mas alto
mas alto que el sol
Y mientras que el mundo
se aleja despacio de mi
Una musica dulce
tocada solo para mi
"Mami, mirá lo que están comiendo abajo"
(hay un restaurante, nos conocimos toda la carta antes de ir).
"Uy, se les escapó el perro!" (y para atraparlo otra que el coyote y el correcaminos)
Mejor que Disney Channel, Cartoon Network y Discovery Kids todos juntos.


Mi versión más aproximada de la felicidad:

Sobran las palabras.


"Mi versión más aproximada de la felicidad" by María Clara:

Nótese su actitud (aprendida de vaya a saber quién...) de "tengo visita y me importa tres pepinos"


Y "Mi versión completa de la felicidad" by María Clara:


"Aaaaaah, ahora sí"

Nunca vi a nadie con semejante destreza para quitarse medias y zapatos en menos de tres segundos.


Recital de Axel, desde nuestro balcón (literalmente, estaba para sub-alquilar los balcones):

Sí gente, hasta hace diez días no tenía mucha idea de quién era Axel. Como dicen, Dios le da pan a quien no tiene dientes. Para nosotros fue mucho más divertido ver cómo armaban y desarmaban el escenario y observar los malabares que hacía la gente para estacionar que el show en sí.
Sé que soy de terror sacando fotos, pero no me interesaba Axel (igual se nota, al piano) sino el fenómeno... y bueno, no es que yo las haya sacado movidas sino que aunque lo solicité amablemente, la gente no se me quedaba quieta!

El avión de NISUTA, de lo más divertido del verano:
(El video no me pertenece y no se escucha demasiado bien, pero es comiquísimo)



Por si no se escucha, dice más o menos así:

"NISUTA es co-nec-ti-vi-daaaad
Los productos NISUTA son los principales ayudantes deeeeelllll modernoooo hombre cumputadorillllll...
Aquí el avión
Cuando escuche la palabra NISUTA piense en conectividad
"Rimbember mai neim"
NISUTA: El Modem i-na-lam-bri-co que no se rommmpe ni por put@&$%aaaaaaa
Recuerde ponerle protección solar a los pebetes!
NISUTA..."

______________________________


Para terminar y siguiendo con los auspiciantes, agradecemos:

- A los carnets de Osde por haber permanecido en sus puestos (no vieron la luz del sol). La salud ante todo, como dicen.
- A todos los limpia vidrios (fundamentales) y mucamas por hacer que el nido esté más que habitable (de más está decir que con los cables pelados que tenía al llegar, de otra manera hubiera sido imposible comer o vivir en un lugar decentemente limpio) y al lavadero de enfrente (y a nuestra ropa, por haberse bancado semejante tratamiento)
- A los shorts, las bermudas (aún en su versión "hace frío y me lo pongo igual aunque con una campera arriba"), a las remeras, musculosas y chombas; al pelo recién lavado que no pide secador ni planchita. A las havaianas y zapatillas por estar incondicionalmente (y a los pies descalzos también, como se ha visto). A los tacos por haberse tomado vacaciones junto con nosotros.
- A Tante, La Távola, Viejo Lobo, La Carreta, Paxapoga del Mar, Benito Durante, La Casona de Tío, Los Alamos, Tatú, La Jirafa y Gretel por habernos alimentado durante más de la mitad de nuestra estadía.
- Al clima por haberse portado considerablemente bien.
- Al tiempo, que a pesar que nos hizo trampa y pasó mucho más rápido que lo que marcan los días, horas y minutos, en lo cotidiano, no nos hacía apurarnos y vivir a las corridas.
- A Anthelios y a Dermaglós por habernos cuidado tan bien del sol.
- Al centro comercial, por estar tan igual que antes que no daban muchas ganas de ir a despilfarrar demasiado.
- Fundamentalmente, a toda la gente que tuvo la amabilidad de instarse en la playa frente nuestro, de estacionar su auto al costado, de "dar la vuelta al perro", etc, y entretenernos todos los días.
- Y por supuesto, al mar, que como bien observó MC, nunca se queda quieto ("Mami, ¿el mar no se cansa?". "Pa, ¿El mar cuando se va a dormir?") La verdad, quién tuviera esa energía.


¡Ya te estamos extrañando! Ojalá volvamos a verte pronto.

Y ojalá también yo pronto recupere la capacidad de hilvanar cuatro palabras en una oración, o voy a tener que empezar a meter fotos hasta de mis dedos meñiques para hacer posts, y peor aún para visitar otros blogs (igual ya voy a ir pasando, se extrañaba eso también).
Lo que también es grave porque acabo de perder la mitad de mi juicio (bueno, sólo la parte dental) y se supone que no tengo que hablar más que lo imprescindible.

jueves, 4 de febrero de 2010

Aquí están, éstas son

Llegaron (en realidad están pasando ya) y lamentablemente no para quedarse. De qué otra personalidad puedo estar hablando sino de las mismísimas señoras vacaciones.


Como venía contando el año pasado para la misma época (la fecha no tiene importancia, la época es "pre-vacaciones") mis vacaciones siempre tienen algún componente que las termina de arruinar. Este año ni siquiera esperé circunstancias externas para echarle la culpa y me las vengo amargando yo solita. Es que primero fue el arduo camino recorrido hasta ponernos de acuerdo en tomarnos las vacaciones; y mientras tanto las cosas en el laburo se pusieron al rojo vivo. Bueno, mejor dicho sólo yo. Me saltaron las llaves térmicas como tres veces en las últimas dos semanas y pienso que el esfuerzo de algo tiene que servir: o para terminar de decidirme a renunciar, senda que estaba transitando con excesivo éxito; o para que todos se me tranformen en corderitos con cara de asustados, con lo que también veníamos muy bien. Ahora con mis vacaciones la situación vendría a ser algo así como dice la frase "cuando el gato no está los ratones se divierten" que en este caso aplicaría más "cuando la cara de perro no está los corderos vuelven a ser serpientes". Y también se me irá disipando la bronca, todo seguirá igual y tanto desgaste de estos últimos días sólo servirá para aumentar mi expediente el día que finalmente me internen en el Moyano.

Como muestra que para eso voy por buen camino, basta con decir que las últimas semanas me dieron ganas de estar en Facebook, pero tan mal no estoy , era sólo para hacer algo así como una causa común de "deberíamos poder cruzar a Uruguay como si fuera una provincia".
Como cacique mayor de la familia estaba de viaje hasta ayer era mucho arriesgarse alquilar allá y, por cualquier eventualidad no llegaba me quedaba o el departamento vacío allá o la niña de este lado del charco.
Sí, ya sé que con un escribano se soluciona fácil pero lo que le faltaba al padre antes de ir a congelarse al gran país de más al norte o a cualquiera en general cuando planea unas vacaciones para relajarse es visitar a un escribano.
Como dicen que siempre hay que extraer algo bueno de lo malo, digamos que el vuelo de Facundo que llegaba ayer se supone que está llegando recién ahora, así que tan equivocada no estaba en pensar que podría tener que comenzar mis vacaciones sin el jefe de la tribu. Como siempre digo, es hermoso tener razón. Porque de más está decir que mañana es el último día que trabajo, y el viernes que Buenos Aires se arregle sin nosotras, de hecho todavía ni sé para qué espero hasta el viernes. Ah, sí, me quedó pendiente depilarme! Era por eso.

Así que con el Este vedado como destino turístico, las opciones se achicaban a destinos nacionales. Lo bueno es que la coca cola no me va a salir $10 la latita. Lo malo es precisamente que la coca cola no me va a salir $10 la latita. Cuando dicen que Punta del Este tiene ése algo, definitivamente lo tiene. Adelgazamiento "natural" por ejemplo.

Siguiendo con la maldición que rodea mis vacaciones desde hace más de dos años, estuve hasta hace pocos días maldiciendo porque con las complicaciones a nivel calendario del viaje de Facundo pensaba que me quedaba sin vacaciones. Tanto maldecir tuvo su castigo: peor o casi peor que quedarme sin vacaciones era tener que veranear con mi suegra. No por ella en particular, pero casi todo el tiempo tres mujeres solas, una de las cuales aún no cuenta con cuatro años, en una casa donde ya nos asaltaron el año pasado; y en el gran balneario donde es toda una excursión ir a la playa y encima no perder a la criatura (para colmo en éste país queda feo si uno le pone una correa) no era mi idea de descanso.
Por suerte, entre discusiones acerca si era peor el calor de Buenos Aires o el frío de los alrededores de Toronto pudimos marcar las coordenadas para Pinamar.

Destino que me tiene algo nerviosa, algo totalmente incongruente con la tranquilidad del lugar. Pero para que se entienda: Durante 30 años siempre pasé los veranos en Pinamar. Primero eran casi tres meses, cuando empezamos la etapa escolar fueron dos, luego con los ingresos a la Universidad uno y medio, y con los primeros empleos se redujeron drásticamente a dos semanas. Todo eso mechado con que empezamos a ser un poco infieles a nuestra nacionalidad pinamarense y empezamos a engañarla con otros destinos turísticos.
Pero nunca dejamos de ir al menos unos días.
Cuando yo era chica siempre me imaginaba cuando fuera ya grande, convertida en una señora, con mi marido y mis hijos.
La realidad me encontró con que las primeras vacaciones de casados fueron mínimas porque habíamos extendido la luna de miel, y encima había que repartirse con los suegros. De todos modos, no me sentía una señora casada (aún no me siento una señora, aunque sí casada, y con todas las mañas). Las segundas también fueron mínimas porque María Clara en versión bichito canasto intrauterino me cortó la inspiración durante casi toda la temporada. Ese mismo año, cuando podría haber ido casada y con hija (como venía diciendo, "señora" creo que nunca) la casa se vendió, y en mi interior pensé que nunca más iba a volver, o al menos en muchísimos años.
Y mi duda es si me gustaba tanto Pinamar o me gustaba tanto esa casa. Me cuesta mucho separar ambos términos, y también me pone nerviosa pensar cómo va a ser estar allá, pero en otro habitat.
Por las dudas, para que el habitat no deje de ser habitable, elegimos uno con servicio de mucama. Sé que tengo un problema al respecto. Confieso que sería feliz hasta con unas vacaciones en Formosa con tal que venga con servicio de mucama (y no es porque yo sea muy Martha Stewart ni Bree Hodge durante el resto del año, ni muchísimo menos) y frente al mar para verlo igual aunque llueva todo el mes, como está pronosticado.
Pero me queda esa espina de pasar frente a lo que era MI casa, ver los cambios horribles (a mi juicio, claro) que me cuentan que le han hecho, verla con otra gente y tener que contenerme fuerte para no gritarles a ver qué hacen en MI casa o verla toda cerrada y triste. Y a sólo cinco cuadras no sé si voy a poder evitar pasar y ver.
O estar en el centro, por ejemplo, y enfilar para mi ex casa; como me pasó una vez apenas me casé.

Y lo peor es que ya me agarró mi amiga la fóbica denominada "ysi...": al empezar a planificar las vacaciones uno se siente etéreo como si recién terminara de leer Instantes de Borges y se promete a sí mismo que no va a perder fuerza física arrastrando bolsos ni esfuerzo mental planeando estratégicamente el equipaje como si fueran alforjas para la conquista del desierto, si al final uno va a un lugar civilizado, y para algo es. Pero la amiga fóbica es más fuerte que uno: la salida de baño a María Clara le queda chica... una toalla es lo mismo... o no... pero ahí se consigue... pero... "y si" no consigo? Y parecía que con una cajita de ibuprofeno estábamos hechos, si hay una farmacia a 20 metros.... pero "y si" te agarra un cólico a las cuatro de la madrugada? "y si" María Clara se lastima y está lloviendo torrencialmente para cruzar a comprar un pervinox? "y si" necesito más de ese broncodilatador que está en falta? "y si" llegamos al mediodía, como tenemos planeado, y no hay nada abierto ni para comprar agua mineral o jabón para lavarse las manos siquiera? "y si" llega a hacer mucho frío no vamos a estar todo el día con el mismo sweater, "y si" mejor llevo el doble de sábanas y toallas porque pueden no secarse en el día, "y si" mejor me llevo libros desde acá porque puede que ni en Bhöm ni en Fray Mocho no consiga nada decente para leer (como si eso alguna vez hubiera pasado, qué buenas librerías!) o peor aún "y si" dejaron de existir?

Mi lista "vacaciones" de excel ya parece un archivo del trabajo y eso no es bueno. Entenderán por qué las necesito urgentemente, y de momento me importa bien poco qué catástrofe pueda sorprendernos éste año. De hecho, fiel a mi caracter, por si lo malo no llega en forma natural ya me planifiqué una extracción de muelas de juicio para el 1º de marzo; cosa de amargarme del todo cuando terminen las vacaciones.

martes, 26 de enero de 2010

Delay

¿Vieron ése gran defecto que tienen casi todas las cámaras digitales?
Cuando querés dejar para la posteridad ése instante en el que tu retoño empieza a gatear resulta que desde el momento que apretás el obturador, hasta que el bendito aparato se decide a inmortalizar la imagen pasa que más o menos el bebé en cuestión ya aprendió a caminar también.


Así vivo últimamente yo. Con ganas de hacer cosas, pero sin ganas de ponerme a hacerlas; así que cuando finalmente las hago ya el escenario cambió completamente. Como no podía ser de otra manera, esto se extiende hasta éste espacio. ¿No me digan que soy la única que soñó con que algún día se invente algo que traduzca perfectamente nuestro pensamiento en un texto? (coherente si fuera posible) ¿Se imaginan lo útil que sería para dar exámenes? ¿Cuántas veces escribieron algo que al leerlo después se dan cuenta que no tenía la más remota similitud con lo que querían decir realmente? Al menos a mí me pasa siempre. Bueno, ésta vez no sé, pero solamente porque es evidente que no estoy pensando demasiado antes de escribir esto.

De todos modos, si no les pasó, no me voy a sentir sola. Me he comenzado a dar cuenta que todo el mundo funciona con un delay importante:

Hace pocas semanas, discutía con mi jefa sobre un informe: yo decía que había que considerar diez variables, ella que no, que con seis estaba bien, que no era un proyecto tan ambicioso, que el resultado no variaba, que no valía la pena demorarse con detalles. Cualquier explicación de mi parte era descartada, con ése movimiento de cabeza y ése suspiro que me enferma (y a todo ésto, nótese que era más trabajo para mí en definitiva); no hubo caso.
A los dos días la escucho cómo, café mediante, le explica a la gerente por qué vamos a hacer más extenso el informe, y aunque nos demoremos un poco más el resultado se va a lucir porque se va a notar la diferencia al incluir más variables.

Ya muy al principio de mi blog había mencionado que no me molesta particularmente que me roben las ideas; pero me acabo de dar cuenta que me molesta soberanamente que no escuchen lo que les digo (y con esto voy por mal camino, eso es evidente)

Otra de esta semana: Estamos en casa de mis padres con MC; ella hace un despelote de novela en el living y acto seguido se va a dormir. Madre pide, en su tono habitual (que no intento siquiera describir, porque me llevaría varios capítulos) que recoja que lo que dejó tirado MC.
Hago un entre y dejo una moraleja: Nunca vuelvas a vivir con tus padres, aunque estés temporalmente desmaridada y tu empleada esté de vacaciones.
Sigo; le respondo no me parece tan importante recoger todo, que no me siento bien (lo cual era cierto) y que de todos modos en poco tiempo más el living va a volver a ser el mismo despelote porque no terminó de jugar a lo que estaba jugando (tampoco es que venían las amigas copetudas a cenar, y las no copetudas, tampoco; no venía nadie). Esa sugerencia me valió media hora de un discurso (en otro tono que voy a obviar describir también) acerca del orden, el respeto, maternidad y crianza, amas de casa de los `50, la segunda guerra mundial y varios más que no llegó a detallar porque sonó el teléfono. A los pocos segundos (tantos como le habrá llevado a su interlocutor preguntar un clásico "¿Cómo estás?" o "¿Qué andabas haciendo?") el discurso cambió a: "Estaba recogiendo un poco el living porque MC anduvo jugando y la verdad que pobre Lola no se siente nada bien".
Tarde, y de otra manera (porque la idea no era que se pusiera a ordenar ella) pero finalmente se ve que captó la idea.

Ahora me quedé pensando si debería estar agradecida que al final me escuchan o seguir enojada porque me las hacen pasar mientras tanto.

Igual yo tengo mi delay también. ¿Quién no le empieza a dar la razón (aunque no se lo digamos abiertamente) a todos los que nos venían previniendo sobre los efectos del paso del tiempo?


Por no mencionar que a ésta altura, debería tener asumido hace más de un mes que en junio se me vienen los 34; algo sobre lo que suelo mentalizarme alrededor de diciembre; y no, éste año no hay caso, e incluso es probable que dentro de un año siga pensando que me quedé en los 33.

A todo esto, empecé a escribir éste post porque me estaba fijando qué cámara tiene menos delay para pedirle a F. que me la traiga... y ahí andamos hasta para elegir una cámara con poco delay tengo un delay importante.

Postdata: como no podía ser de otra manera, esto lo escibí ayer, y lo publico recién hoy.

domingo, 3 de enero de 2010

Un aplauso

Ayer mi hermana me comenta, toda entusiasmada y nostalgiosa: "en Mercadolibre están vendiendo un cochecito como el nuestro ¿te acordás?"







¿Qué argentino nacido y criado en los setenta no tuvo su cochecito Ruba?

A las pruebas me remito:



Primero y principal, lo que me inspiró la venta de semejante artículo es admiración. La persona ésta está vendiendo un cochecito de hace unos treinta años como si fuera el último modelo aerodinámicamente desarrollado por ingenieros del MIT para la marca más exclusiva de rodados infantiles a nivel mundial.

Después me quedé pensando ¿por qué no? Efectivamente el coche éste servía como moisés, sillita de paseo y función desconocida por muchos, butaca de auto, y el nuestro al menos aguantó a nosotras dos desde cero a más de dos años, y en seguida fue regalado para soportar vaya uno a saber cuántos críos más (eso sí, como se muestra en las imágenes periodicamente había que ir cambiándole la sillita)

Mientras, yo sigo pensando qué hacer con mis adorados Pliko y Caddy que siguen dando vueltas por casa aunque hace tiempo que están de licencia... y también me pregunto, más allá de toda la calidad italiana, diseño de vanguardia y materiales que teóricamente sirven para fabricar naves espaciales... ¿Aguantarán tantos pibes encima? Más allá que tal vez en ése entonces la gente no debía ser tan consumista como hoy en día, es raro pensar que en nuestra época el mismo cochecito servía para dos o más bebés, y ahora para un solo nene tengas dos o más cochecitos.

Eso sí, sospecho que este Ruba debía pesar una tonelada y media, aunque mi madre nunca se quejó de eso (sí que se le quedó enterrado una vez en la playa, pero a los actuales encima con lo que salen ni los llevás a la playa, por las dudas que no resistan la excursión).

Ahora me quedé pensando si felicitar al vendedor de Mercadolibre o a los argentos fabricantes de cochecitos nacionales de los setenta...

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Fin y Principio


Esta entrada
se viene como el balance de 2009,
haciéndole honor al nombre del blog...
a la que te criaste


Este año, sin ninguna intención de mi parte, el blog pasó a ser casi semanal.
En mi defensa debo decir que, subjetivamente hablando, no es que yo escriba menos, sino que el tiempo pasa cada vez más rápido.



Será por éste motivo que éste año se me complica mucho hacer un balance. Sencillamente no me entra en la cabeza que éstos últimos doce meses, 52 semanas + 1 día, 365 días o como quiera que lo llame, constituyan un año. Se me hace raro.
Más raro no poder ponerle un nombre a éste año que termina. No sé si fue bueno, malo, mediocre, masomenos, intenso, aburrido... tampoco sé por qué o ni siquiera si es tan importante hacerlo.
A nivel laboral me fue bastante mejor que el año pasado. ¿Suficiente? Para nada. A nivel familiar también mejor que el año anterior. ¿Conforme? Ni ahí (familia querida, sepa disculpar... es el típico "no sos vos, soy yo"). ¿Más feliz?... qué pregunta... creo que sí, pero ni yo sé bien (sí sé que si no lo sé yo, no sé quién lo va a saber...)
Al menos supongo que 2010 no vendrá tan confuso como 2009, o se va a tener que esforzar mucho para hacerle la competencia.
Creo que con eso cierro balance 2009 y que cada quien saque sus propias conclusiones, aunque me da bastante miedo autorizar a los demás a que lo hagan.

El tono de éste balance se extiende hacia los deseos para el año nuevo. En el fondo soy una ilusa nata, así que nunca dejo de esperar cosas buenas (y será por tanto esperar que nunca me terminarán por pasar) pero más auténticamente, o al menos basada en los 33 años anteriores (o 30 pongamosle, desde que tengo memoria más o menos) siempre en el transcurso de un año hay, por ejemplo:
1) por lo menos un día que desearíamos que no hubiera existido en el calendario,
2) algún conocido que se va a ir para no volver,
3) alguna decisión equivocadísima que hace que desearíamos más que nada en el mundo que existiera un botón "REW" para la vida y
4) tiempo perdido que nunca vamos a recuperar.

Aún así, esperemos que de lo primero haya uno sólo, tanto como para distinguir "dicha de quebranto" como decían Violeta y La Negra (cromática la cuestión de agradecerle a la vida).
De lo segundo que sea el primer año que se pueda evitar, o siendo más egoísta, que no nos toque muy de cerca.
De lo tercero aprender a aprender de eso en vez de seguir castigando nuestra cabeza contra la pared (que además ésta última pobre no tiene la culpa).
Y sí evitar lo último, que es lo que realmente está en nuestras manos, aunque como venía diciendo al comienzo de la entrada, es lo más dificil porque se nos va de las manos cada vez con mayor velocidad.

En otro orden de cosas, vengo leyendo mucho "Feliz 2010" y de hecho yo también pensaba, y bueno, un año más como cualquier otro.
¿Acaso nadie se da cuenta que cambiamos de década? ¿Será porque es la década del "0" y pareciera que no existe o que todavía estamos obnubilados con eso del 2000 (¡y del Y2K!) que esta pobre década del "10" entra tan desapercibida pobre. Es un poco confuso, tal vez empiece en 2011, pero al menos se nos fue la época de poner los dos huevos juntos siempre que escribamos el año entero.
Así que, y a pesar de todas las reservas expresadas más arriba acerca de ser más realistas en el año que comienza, les deseo a todos muy feliz año nuevo y una excelente nueva década.


martes, 22 de diciembre de 2009

Creencias


Cuando yo era chiquita, como MC o apenas mayor, tenía algunas creencias. Muchas mejor dicho, pasa que seguramente de la mayoría me olvidé. Y no estoy hablando de las creencias prefabricadas, del estilo de Papá Noel, los Reyes Mayos, el Ratón Perez, que si te tragabas un chicle te crece una planta en la panza o que a los bebés los traía la cigüeña desde París.

Me refiero a aquellas otras, más bien fabricadas por uno, seguramente con ayuda o consentimiento de los demás, pero sin duda más auténticas... y mucho más locas!

Por ejemplo, pensaba que los Peugeot 504 eran autos enojados, o cuanto menos, amenazantes. Que los abogados eran ex ahogados y el hecho de haber pasado por una experiencia tan traumática les daba autoridad para ayudar a la gente con sus problemas. Que al dueño del mercado (que no era chino en ése entonces) en realidad no le hacía gracia que nos lleváramos tantos productos por un magro montoncitos de billetes. Encima muchas veces además de la mercadería nos entregaba una pila más grande de billetes que la que nosotros le habías entregado. Pensaba que estábamos desplumando al pobre hombre y que éste veía con lástima cómo lo despojábamos de sus pertenencias. También pensaba que hada madrina era una ocupación como médico, maestra o electricista y no entendía por qué la gente no estaba interesada en seguirla. Creía que los cassettes (supongo que todos lo recuerdan) se grababan de a uno por vez y que para comer carne no hacía falta matar a nadie, se le quitaba ésa parte que luego al animal le volvía a crecer.

También creía que el 21 de diciembre era el día más largo porque traía más horas; no porque tuviera más horas de luz; y viceversa con el 21 de junio.

Hoy, treinta años después considero que en realidad es probable que el 21 de diciembre en realidad traiga alguna que otra horita extra porque es increíble la cantidad de cosas que uno es capaz de resolver en un día a ésta altura del año. Y también aclarar que deberían ponerle alguna hora de yapa aderde porque la verdad es que igual el tiempo no alcanza.

Ya que estamos hablando de creencias, hace años que creo que algún día voy a lograr irme de vacaciones en diciembre, zafar de reuniones y fiestas de compromiso y tan sin sentido, de las maratónicas sesiones de compras para estar presentable en éstas últimas y de una lista de obsequios que parece que le pasara lo mismo que lo que creía que le pasaba a la vaca en mi más tierna infancia: tachás uno, vuelve a crecer por otro lado.

Tanto me estresé este año que ya ni me importa qué me regalen o que lo hagan o no. La verdad es que mi satisfacción viene por el lado de los tres regalos que compré hoy que me encantaron (y no para mí, sino porque estoy disfrutando lo que van a disfrutar cuando los abran). Es super lindo saber qué regalar, y super estresante hasta que lo conseguís... eso sí mis piecitos lo pagaron caro (tanto que se premiaron otro par de zapatos... tampoco son tontos! o no confían demasiado en que serán recompensados por los demás tanto como ellos se esforzaron).

Pero hablando en serio, el hecho de que algún día pueda disfrutar de un mes de diciembre tranquilo y de fiestas relajadas, será solamente una creencia de la misma naturaleza que las que tenía de pequeñita?

viernes, 18 de diciembre de 2009

Jardin de infantes... y otras hierbas


Podría publicar una hermosa y colorida entrada describiendo el acto de fin de curso. No lo voy a hacer principalmente por el siguiente motivo: este espacio surgió por la necesidad de decir algo original de vez en cuando, y con la objetividad e imparcialidad que me caracterizan, especialmente como madre, no hay ninguna novedad ni sorpresa en informar que María Clara fue la estrella absoluta del evento. La más linda, la más graciosa, la más brillante, la que mejor actuó, la que mejor se portó, la que tenía el disfraz mejor hecho (aunque todos los haya hecho la misma modista), las ballerinas más lindas, y la más, más, más... lo que se les ocurra. Por supuesto en eso no hay ninguna novedad, ya se sabía. Que tal maravilla sea hija de quien suscribe es una pura y casual coincidencia.

Esta vez las novedades no estuvieron del lado del jardín, sino de lo que podríamos denominar las hierbas. Las otras hierbas, o yerbas (no quiero usar éste porque desde el momento en que no simpatizo mucho con el mate, lo haría peyorativo en sí) se componen del público presente, y lo que puede inferirse de él.

Por empezar, a pesar de todas las reservas que pueda tener respecto de las maestras jardineras, debo reconocerles dos cosas: la primera es la más importante y es que se nota que los chicos están muy cuidados y contenidos por ellas, porque a diferencia de lo que recuerdo de mi propio paso por el jardín o de lo que escucho de otros, no hubo ni un sólo nene que no quisiera subir al escenario o lo hiciera llorando, y multiplicado por alrededor de 100 nenes, es mucho decir. Por otro lado, si es que estas nobles mujeres eligieron su profesión porque después de dos o tres años de jardín (que es la cantidad de salas que se estilaban hace veinte-treinta-cuarenta años) aún se quedaron con muchas ganas de saltar en un escenario vestida de conejo o cantar canciones infantiles, hay que reconocer que encontraron la forma ideal y socialmente valorada de poder hacerlo; a diferencia de padres, abuelos y tíos que se desquitan haciendo lo mismo (o casi) fuera del escenario. No exagero, una hasta las orejas de conejo tenía.

Siguiendo con las otras (o directamente malas) hierbas, imaginen si multiplicamos la cantidad de alumnos por padres, abuelos, tíos, padrinos, primos, amigos, etc. Es un número considerable, tanto que conseguir ubicación para todos era prácticamente una misión imposible. A esta altura, todavía no entiendo cómo las autoridades del colegio no calcularon que gran cantidad de éste público no necesita asiento porque a pesar de reiteradas y amables solicitudes de silencio y orden siguen parándose a bailar al ritmo de música circense como si el objetivo fuera llamar la atención de sus hijos actuando sobre el escenario y no al revés. Señora mamá: ya sabemos que es muy aplicada, podemos apreciar que ya adquirió la capacidad de saltar en un pie y aplaudir al ritmo de la música, nos dimos cuenta que se aprendió toda la letra del concert aunque su pronunciación en inglés sea tal que no le vaya a ayudar a su crío en el futuro escolar, pero en cualquier caso, por favor, no le robe cartel a su hijo!

Otras malas hierbas que asfixian al público: Los padres digitales. Recuerdo la primera vez que viajé a un destino turísticamente internacional, en la era previa (muy, muy previa) a las cámaras digitales, lo que más nos había llamado la atención a mi hermana y a mí era ver a los japoneses, cuya ocupación no parecía ser pasear, sino sacar fotos y filmar. Con mi papá llegamos a la conclusión que en vez de viajar por placer, a los japoneses en realidad les debía resultar indiferente o hasta lo llegaban a padecer, pero hacían el sacrificio con el único objetivo de obtener fotos para deleitarse después.
Eso mismo sospecho de ésta generación de padres. ¿Tan poco confían en su retina que tienen que grabar hasta el discurso del nieto de uno de los primeros alumnos del colegio? (y eso que, hablando de retinas, la miope soy yo). Los nenes de esta generación van a necesitar otra vida para ver tantas fotos y tantos videos, si es que algún día les interesa hacerlo.

Sumando las dos situaciones anteriores nos encontramos con que tanto te preocupás por tranquilizar a tu vástago frente a esa situación nueva y caótica: "Cielo, mirá voy a estar en la tercera fila, al lado de papi, de los abuelos, de la tía...." cuestión que si le llega a agarrar pánico escénico sepa para dónde enfocar, o si quiere valorar cuánto brilló sobre el escenario lo mismo. En cambio el 80% de los pobres nenes se van a encontrar con su madre y/o padre embelesado no mirándolos a ellos sino su camarita (¿para qué verlo en vivo y en directo si podés hacerlo a través de un mini pantalla de, con suerte, 2.7 pulgadas?) o enajenado cantando, bailando y haciéndole la competencia.

La verdad es que si yo no los soporto ni un ratito, no me quiero imaginar las pobres docentes. Otra vez, mil y mis felicitaciones para ellas. Ahora, visto y considerando el público asistente, una sugerencia: ¿Sería muy difícil que cada nene además de su disfraz porte también un cartelón con su nombre, apellido y filiación completa? Así entre 15 tigres o 25 payasos uno puede distinguir más o menos al nieto, sobrino, hijo de, hermano de compañeritos, etc; y de paso evitamos los cotorreríos en sus diversas variantes:

- Estilo indicativo (en general se da de mujer a hombre): "Mirá a Irina... es la tercera desde la derecha... no, esa no, la tercera te dije... ahora es la segunda desde la izquierda... sí, la que tiene un rulo sobre la frente... y el lunar!!! no te das cuenta! esa... la está disfrazada de payaso" (junto con otros 19 payasitos)
- Estilo biográfico (favorito de las abuelas, tías abuelas, y señoras grandes en general): "Ese es el sobrino nieto de la amiga de Rosalba... no, no de la hija que es cardióloga, sino de la arquitecta... sí, esa que cuando era chica bizqueaba, pero después de grande se puso linda... sí, ella, pero no, al final no se casó con el belga, qué desperdicio... al chico lo tuvo con un empleado del padre, un vivo... no sé creo que ni siguen juntos... qué rico el nene"
- Estilo "selección de embriones" (específico de familiar con pretensiones desmedidas) : "¿Te parece que el de la punta es Laureano? no, seguro que no, el hijo de mi sobrina es más alto, y más rubio, y más flaco... además es super inteligente, no lo pondrían en la punta, ahí ponen los que no hay forma que aprendan la coreografía, Laureano es el medio, mirá bien... si el protagonista, seguro es ése" (y, vaya casualidad, todos los familiares que se pueden permitir un grado de duda, se agencian como parientito al nene del medio, tanto disfraz ayuda y mucho)

Cerrando el capítulo de malas hierbas, brevemente recordemos algunos modales que no son del todo adecuados para subir al escenario para acompañar a tu hijo de cinco o seis años que termina jardín:
- Ir en short, aunque sea o de Escada, no va;
- Quedarte en primer plano en plan sesión de fotos para revista Chacra cuando ya llamaron al nene que sigue no va,
- Cargar tus pestañas con tres litros de rimmel sabiendo que vas a llorar como si tu hijo en vez de terminar preescolar hubiera repetido, no va;
- Vestido de fiesta no va (los únicos autorizados para disfrazarse eran los nenes, se sabe)
- Subir con tu bebé de meses que llora como un descosido no va (especialmente cuando convocaste a toda la familia con hasta cinco grados de parentesco);
- Ombligo al aire, aunque haga calor y vayas a parir mañana, no va;
- Ponerse a filosofar sobre los beneficios de la toería piagetiana o cuánto bajó el merval, total a tu hijo ya le dieron el diploma, no va;
- Enviar sms mientras esperás que llegue el turno del tuyo, tampoco.

Llegado a éste punto es una suerte, y no ya sólo para mí, que no haya otro acto tan multitudinario hasta dentro de un año.

Pero reconozco que en el fondo soy humana, y si tuviera otro carácter seguramente me hubiera llorado la vida, y otra media más también. Por las dudas, no usé rimmel.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Son cosas mías

Hoy, como soy una paciente sumamente obediente (?????) cumplí con lo que, espero, sea la última cita médica de 2009. A 24 días que termine el año, tampoco es ninguna proeza.
Como a medida que uno envejece se va pareciendo cada vez más a su familia, obviamente no escapé al mandato familiar de los cálculos en la vesícula.

Hoy bajo coacción de la doc fui a ver al cirujano. Al menos no soy como un tío mío que el cardiólogo le dijo "Si no deja de fumar no venga más a verme", y dicho y hecho, no fue más a verlo.
Entonces la doc me mandó a ver a este equipo de cirujanos, "todos divine" así tan fashion como su forma de hablar.

Para ellos, una rutina. Pero si bien ellos tendrán en su haber chiquicientas vesículas biliares, yo tengo una solita y supongo que el de arriba, la evolución o quién sea, si puso un órgano ahí es porque alguna función cumple; más que entretener cirujanos.

Porque dicho sea de paso; uno de los motivos por el que quieren operarme es sencillamente "nos encanta operar" (ven mucho Grey´s Anatomy éstos muchachos parece). Sí vale, me encanta que les encante su laburo, pero en lo que a mí misma respecta sería mejor que con esa actitud fueran cosmetólogos o masajistas (aunque la verdad es que tampoco me gusta mucho que me toquen).
Además se ve que les encanta mucho más operar después de año nuevo. Con lo cual esperan que encima de todo uno pase las fiestas con una dieta a base de hinojo, escarola y rúcula sin condimentar, gelantina y té con limón. No es justo.

Para terminar de embarrarla "ya que estamos, te operamos también del reflujo" y ante mi mirada de asesina serial en situación de larga abstinencia agrega con cara simpática "si total vos vas a estar dormida".

Y en ése preciso momento tomé nota mental de retrucarle a la doc cuando la vuelva a ver (si es que lo hago, claro) "y a mí qué me importaba que los cirujanos sean divine si yo voy a estar dormida".

Pero un dato importante obtuve de la consulta, no lo voy a negar: ya sé mi fecha de caducidad. Aparentemente será entre 2056 y 2059. Al menos si nos dejamos guiar por el comentario de "¿y por qué no te querés operar? De 80 años que vas a vivir, querés estar otros 50 tomando medicamentos para el reflujo?"
La verdad es que desde un tiempo a ésta parte tengo la sensación cada vez más fuerte de que no voy a llegar a muy viejita, pero de ahí a que venga otro a ponerte fecha de vencimiento hay un trecho nada despreciable.

En el fondo, y más aún recordando que hoy hace exactamente dos años que empezara mi crash-boom-bang a nivel salud, debo agradecer que en definitiva se trate "de rutina". Pero poniendo las cosas en perspectiva (la mía, por supuesto) digamos que a mí mi dedo me interesa mucho más que cualquier otra cosa sorprendente, impresionante o enorme que pueda encontrar un cirujano. Y sólo porque es mío.