jueves, 4 de febrero de 2010

Aquí están, éstas son

Llegaron (en realidad están pasando ya) y lamentablemente no para quedarse. De qué otra personalidad puedo estar hablando sino de las mismísimas señoras vacaciones.


Como venía contando el año pasado para la misma época (la fecha no tiene importancia, la época es "pre-vacaciones") mis vacaciones siempre tienen algún componente que las termina de arruinar. Este año ni siquiera esperé circunstancias externas para echarle la culpa y me las vengo amargando yo solita. Es que primero fue el arduo camino recorrido hasta ponernos de acuerdo en tomarnos las vacaciones; y mientras tanto las cosas en el laburo se pusieron al rojo vivo. Bueno, mejor dicho sólo yo. Me saltaron las llaves térmicas como tres veces en las últimas dos semanas y pienso que el esfuerzo de algo tiene que servir: o para terminar de decidirme a renunciar, senda que estaba transitando con excesivo éxito; o para que todos se me tranformen en corderitos con cara de asustados, con lo que también veníamos muy bien. Ahora con mis vacaciones la situación vendría a ser algo así como dice la frase "cuando el gato no está los ratones se divierten" que en este caso aplicaría más "cuando la cara de perro no está los corderos vuelven a ser serpientes". Y también se me irá disipando la bronca, todo seguirá igual y tanto desgaste de estos últimos días sólo servirá para aumentar mi expediente el día que finalmente me internen en el Moyano.

Como muestra que para eso voy por buen camino, basta con decir que las últimas semanas me dieron ganas de estar en Facebook, pero tan mal no estoy , era sólo para hacer algo así como una causa común de "deberíamos poder cruzar a Uruguay como si fuera una provincia".
Como cacique mayor de la familia estaba de viaje hasta ayer era mucho arriesgarse alquilar allá y, por cualquier eventualidad no llegaba me quedaba o el departamento vacío allá o la niña de este lado del charco.
Sí, ya sé que con un escribano se soluciona fácil pero lo que le faltaba al padre antes de ir a congelarse al gran país de más al norte o a cualquiera en general cuando planea unas vacaciones para relajarse es visitar a un escribano.
Como dicen que siempre hay que extraer algo bueno de lo malo, digamos que el vuelo de Facundo que llegaba ayer se supone que está llegando recién ahora, así que tan equivocada no estaba en pensar que podría tener que comenzar mis vacaciones sin el jefe de la tribu. Como siempre digo, es hermoso tener razón. Porque de más está decir que mañana es el último día que trabajo, y el viernes que Buenos Aires se arregle sin nosotras, de hecho todavía ni sé para qué espero hasta el viernes. Ah, sí, me quedó pendiente depilarme! Era por eso.

Así que con el Este vedado como destino turístico, las opciones se achicaban a destinos nacionales. Lo bueno es que la coca cola no me va a salir $10 la latita. Lo malo es precisamente que la coca cola no me va a salir $10 la latita. Cuando dicen que Punta del Este tiene ése algo, definitivamente lo tiene. Adelgazamiento "natural" por ejemplo.

Siguiendo con la maldición que rodea mis vacaciones desde hace más de dos años, estuve hasta hace pocos días maldiciendo porque con las complicaciones a nivel calendario del viaje de Facundo pensaba que me quedaba sin vacaciones. Tanto maldecir tuvo su castigo: peor o casi peor que quedarme sin vacaciones era tener que veranear con mi suegra. No por ella en particular, pero casi todo el tiempo tres mujeres solas, una de las cuales aún no cuenta con cuatro años, en una casa donde ya nos asaltaron el año pasado; y en el gran balneario donde es toda una excursión ir a la playa y encima no perder a la criatura (para colmo en éste país queda feo si uno le pone una correa) no era mi idea de descanso.
Por suerte, entre discusiones acerca si era peor el calor de Buenos Aires o el frío de los alrededores de Toronto pudimos marcar las coordenadas para Pinamar.

Destino que me tiene algo nerviosa, algo totalmente incongruente con la tranquilidad del lugar. Pero para que se entienda: Durante 30 años siempre pasé los veranos en Pinamar. Primero eran casi tres meses, cuando empezamos la etapa escolar fueron dos, luego con los ingresos a la Universidad uno y medio, y con los primeros empleos se redujeron drásticamente a dos semanas. Todo eso mechado con que empezamos a ser un poco infieles a nuestra nacionalidad pinamarense y empezamos a engañarla con otros destinos turísticos.
Pero nunca dejamos de ir al menos unos días.
Cuando yo era chica siempre me imaginaba cuando fuera ya grande, convertida en una señora, con mi marido y mis hijos.
La realidad me encontró con que las primeras vacaciones de casados fueron mínimas porque habíamos extendido la luna de miel, y encima había que repartirse con los suegros. De todos modos, no me sentía una señora casada (aún no me siento una señora, aunque sí casada, y con todas las mañas). Las segundas también fueron mínimas porque María Clara en versión bichito canasto intrauterino me cortó la inspiración durante casi toda la temporada. Ese mismo año, cuando podría haber ido casada y con hija (como venía diciendo, "señora" creo que nunca) la casa se vendió, y en mi interior pensé que nunca más iba a volver, o al menos en muchísimos años.
Y mi duda es si me gustaba tanto Pinamar o me gustaba tanto esa casa. Me cuesta mucho separar ambos términos, y también me pone nerviosa pensar cómo va a ser estar allá, pero en otro habitat.
Por las dudas, para que el habitat no deje de ser habitable, elegimos uno con servicio de mucama. Sé que tengo un problema al respecto. Confieso que sería feliz hasta con unas vacaciones en Formosa con tal que venga con servicio de mucama (y no es porque yo sea muy Martha Stewart ni Bree Hodge durante el resto del año, ni muchísimo menos) y frente al mar para verlo igual aunque llueva todo el mes, como está pronosticado.
Pero me queda esa espina de pasar frente a lo que era MI casa, ver los cambios horribles (a mi juicio, claro) que me cuentan que le han hecho, verla con otra gente y tener que contenerme fuerte para no gritarles a ver qué hacen en MI casa o verla toda cerrada y triste. Y a sólo cinco cuadras no sé si voy a poder evitar pasar y ver.
O estar en el centro, por ejemplo, y enfilar para mi ex casa; como me pasó una vez apenas me casé.

Y lo peor es que ya me agarró mi amiga la fóbica denominada "ysi...": al empezar a planificar las vacaciones uno se siente etéreo como si recién terminara de leer Instantes de Borges y se promete a sí mismo que no va a perder fuerza física arrastrando bolsos ni esfuerzo mental planeando estratégicamente el equipaje como si fueran alforjas para la conquista del desierto, si al final uno va a un lugar civilizado, y para algo es. Pero la amiga fóbica es más fuerte que uno: la salida de baño a María Clara le queda chica... una toalla es lo mismo... o no... pero ahí se consigue... pero... "y si" no consigo? Y parecía que con una cajita de ibuprofeno estábamos hechos, si hay una farmacia a 20 metros.... pero "y si" te agarra un cólico a las cuatro de la madrugada? "y si" María Clara se lastima y está lloviendo torrencialmente para cruzar a comprar un pervinox? "y si" necesito más de ese broncodilatador que está en falta? "y si" llegamos al mediodía, como tenemos planeado, y no hay nada abierto ni para comprar agua mineral o jabón para lavarse las manos siquiera? "y si" llega a hacer mucho frío no vamos a estar todo el día con el mismo sweater, "y si" mejor llevo el doble de sábanas y toallas porque pueden no secarse en el día, "y si" mejor me llevo libros desde acá porque puede que ni en Bhöm ni en Fray Mocho no consiga nada decente para leer (como si eso alguna vez hubiera pasado, qué buenas librerías!) o peor aún "y si" dejaron de existir?

Mi lista "vacaciones" de excel ya parece un archivo del trabajo y eso no es bueno. Entenderán por qué las necesito urgentemente, y de momento me importa bien poco qué catástrofe pueda sorprendernos éste año. De hecho, fiel a mi caracter, por si lo malo no llega en forma natural ya me planifiqué una extracción de muelas de juicio para el 1º de marzo; cosa de amargarme del todo cuando terminen las vacaciones.

martes, 26 de enero de 2010

Delay

¿Vieron ése gran defecto que tienen casi todas las cámaras digitales?
Cuando querés dejar para la posteridad ése instante en el que tu retoño empieza a gatear resulta que desde el momento que apretás el obturador, hasta que el bendito aparato se decide a inmortalizar la imagen pasa que más o menos el bebé en cuestión ya aprendió a caminar también.


Así vivo últimamente yo. Con ganas de hacer cosas, pero sin ganas de ponerme a hacerlas; así que cuando finalmente las hago ya el escenario cambió completamente. Como no podía ser de otra manera, esto se extiende hasta éste espacio. ¿No me digan que soy la única que soñó con que algún día se invente algo que traduzca perfectamente nuestro pensamiento en un texto? (coherente si fuera posible) ¿Se imaginan lo útil que sería para dar exámenes? ¿Cuántas veces escribieron algo que al leerlo después se dan cuenta que no tenía la más remota similitud con lo que querían decir realmente? Al menos a mí me pasa siempre. Bueno, ésta vez no sé, pero solamente porque es evidente que no estoy pensando demasiado antes de escribir esto.

De todos modos, si no les pasó, no me voy a sentir sola. Me he comenzado a dar cuenta que todo el mundo funciona con un delay importante:

Hace pocas semanas, discutía con mi jefa sobre un informe: yo decía que había que considerar diez variables, ella que no, que con seis estaba bien, que no era un proyecto tan ambicioso, que el resultado no variaba, que no valía la pena demorarse con detalles. Cualquier explicación de mi parte era descartada, con ése movimiento de cabeza y ése suspiro que me enferma (y a todo ésto, nótese que era más trabajo para mí en definitiva); no hubo caso.
A los dos días la escucho cómo, café mediante, le explica a la gerente por qué vamos a hacer más extenso el informe, y aunque nos demoremos un poco más el resultado se va a lucir porque se va a notar la diferencia al incluir más variables.

Ya muy al principio de mi blog había mencionado que no me molesta particularmente que me roben las ideas; pero me acabo de dar cuenta que me molesta soberanamente que no escuchen lo que les digo (y con esto voy por mal camino, eso es evidente)

Otra de esta semana: Estamos en casa de mis padres con MC; ella hace un despelote de novela en el living y acto seguido se va a dormir. Madre pide, en su tono habitual (que no intento siquiera describir, porque me llevaría varios capítulos) que recoja que lo que dejó tirado MC.
Hago un entre y dejo una moraleja: Nunca vuelvas a vivir con tus padres, aunque estés temporalmente desmaridada y tu empleada esté de vacaciones.
Sigo; le respondo no me parece tan importante recoger todo, que no me siento bien (lo cual era cierto) y que de todos modos en poco tiempo más el living va a volver a ser el mismo despelote porque no terminó de jugar a lo que estaba jugando (tampoco es que venían las amigas copetudas a cenar, y las no copetudas, tampoco; no venía nadie). Esa sugerencia me valió media hora de un discurso (en otro tono que voy a obviar describir también) acerca del orden, el respeto, maternidad y crianza, amas de casa de los `50, la segunda guerra mundial y varios más que no llegó a detallar porque sonó el teléfono. A los pocos segundos (tantos como le habrá llevado a su interlocutor preguntar un clásico "¿Cómo estás?" o "¿Qué andabas haciendo?") el discurso cambió a: "Estaba recogiendo un poco el living porque MC anduvo jugando y la verdad que pobre Lola no se siente nada bien".
Tarde, y de otra manera (porque la idea no era que se pusiera a ordenar ella) pero finalmente se ve que captó la idea.

Ahora me quedé pensando si debería estar agradecida que al final me escuchan o seguir enojada porque me las hacen pasar mientras tanto.

Igual yo tengo mi delay también. ¿Quién no le empieza a dar la razón (aunque no se lo digamos abiertamente) a todos los que nos venían previniendo sobre los efectos del paso del tiempo?


Por no mencionar que a ésta altura, debería tener asumido hace más de un mes que en junio se me vienen los 34; algo sobre lo que suelo mentalizarme alrededor de diciembre; y no, éste año no hay caso, e incluso es probable que dentro de un año siga pensando que me quedé en los 33.

A todo esto, empecé a escribir éste post porque me estaba fijando qué cámara tiene menos delay para pedirle a F. que me la traiga... y ahí andamos hasta para elegir una cámara con poco delay tengo un delay importante.

Postdata: como no podía ser de otra manera, esto lo escibí ayer, y lo publico recién hoy.

domingo, 3 de enero de 2010

Un aplauso

Ayer mi hermana me comenta, toda entusiasmada y nostalgiosa: "en Mercadolibre están vendiendo un cochecito como el nuestro ¿te acordás?"







¿Qué argentino nacido y criado en los setenta no tuvo su cochecito Ruba?

A las pruebas me remito:



Primero y principal, lo que me inspiró la venta de semejante artículo es admiración. La persona ésta está vendiendo un cochecito de hace unos treinta años como si fuera el último modelo aerodinámicamente desarrollado por ingenieros del MIT para la marca más exclusiva de rodados infantiles a nivel mundial.

Después me quedé pensando ¿por qué no? Efectivamente el coche éste servía como moisés, sillita de paseo y función desconocida por muchos, butaca de auto, y el nuestro al menos aguantó a nosotras dos desde cero a más de dos años, y en seguida fue regalado para soportar vaya uno a saber cuántos críos más (eso sí, como se muestra en las imágenes periodicamente había que ir cambiándole la sillita)

Mientras, yo sigo pensando qué hacer con mis adorados Pliko y Caddy que siguen dando vueltas por casa aunque hace tiempo que están de licencia... y también me pregunto, más allá de toda la calidad italiana, diseño de vanguardia y materiales que teóricamente sirven para fabricar naves espaciales... ¿Aguantarán tantos pibes encima? Más allá que tal vez en ése entonces la gente no debía ser tan consumista como hoy en día, es raro pensar que en nuestra época el mismo cochecito servía para dos o más bebés, y ahora para un solo nene tengas dos o más cochecitos.

Eso sí, sospecho que este Ruba debía pesar una tonelada y media, aunque mi madre nunca se quejó de eso (sí que se le quedó enterrado una vez en la playa, pero a los actuales encima con lo que salen ni los llevás a la playa, por las dudas que no resistan la excursión).

Ahora me quedé pensando si felicitar al vendedor de Mercadolibre o a los argentos fabricantes de cochecitos nacionales de los setenta...

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Fin y Principio


Esta entrada
se viene como el balance de 2009,
haciéndole honor al nombre del blog...
a la que te criaste


Este año, sin ninguna intención de mi parte, el blog pasó a ser casi semanal.
En mi defensa debo decir que, subjetivamente hablando, no es que yo escriba menos, sino que el tiempo pasa cada vez más rápido.



Será por éste motivo que éste año se me complica mucho hacer un balance. Sencillamente no me entra en la cabeza que éstos últimos doce meses, 52 semanas + 1 día, 365 días o como quiera que lo llame, constituyan un año. Se me hace raro.
Más raro no poder ponerle un nombre a éste año que termina. No sé si fue bueno, malo, mediocre, masomenos, intenso, aburrido... tampoco sé por qué o ni siquiera si es tan importante hacerlo.
A nivel laboral me fue bastante mejor que el año pasado. ¿Suficiente? Para nada. A nivel familiar también mejor que el año anterior. ¿Conforme? Ni ahí (familia querida, sepa disculpar... es el típico "no sos vos, soy yo"). ¿Más feliz?... qué pregunta... creo que sí, pero ni yo sé bien (sí sé que si no lo sé yo, no sé quién lo va a saber...)
Al menos supongo que 2010 no vendrá tan confuso como 2009, o se va a tener que esforzar mucho para hacerle la competencia.
Creo que con eso cierro balance 2009 y que cada quien saque sus propias conclusiones, aunque me da bastante miedo autorizar a los demás a que lo hagan.

El tono de éste balance se extiende hacia los deseos para el año nuevo. En el fondo soy una ilusa nata, así que nunca dejo de esperar cosas buenas (y será por tanto esperar que nunca me terminarán por pasar) pero más auténticamente, o al menos basada en los 33 años anteriores (o 30 pongamosle, desde que tengo memoria más o menos) siempre en el transcurso de un año hay, por ejemplo:
1) por lo menos un día que desearíamos que no hubiera existido en el calendario,
2) algún conocido que se va a ir para no volver,
3) alguna decisión equivocadísima que hace que desearíamos más que nada en el mundo que existiera un botón "REW" para la vida y
4) tiempo perdido que nunca vamos a recuperar.

Aún así, esperemos que de lo primero haya uno sólo, tanto como para distinguir "dicha de quebranto" como decían Violeta y La Negra (cromática la cuestión de agradecerle a la vida).
De lo segundo que sea el primer año que se pueda evitar, o siendo más egoísta, que no nos toque muy de cerca.
De lo tercero aprender a aprender de eso en vez de seguir castigando nuestra cabeza contra la pared (que además ésta última pobre no tiene la culpa).
Y sí evitar lo último, que es lo que realmente está en nuestras manos, aunque como venía diciendo al comienzo de la entrada, es lo más dificil porque se nos va de las manos cada vez con mayor velocidad.

En otro orden de cosas, vengo leyendo mucho "Feliz 2010" y de hecho yo también pensaba, y bueno, un año más como cualquier otro.
¿Acaso nadie se da cuenta que cambiamos de década? ¿Será porque es la década del "0" y pareciera que no existe o que todavía estamos obnubilados con eso del 2000 (¡y del Y2K!) que esta pobre década del "10" entra tan desapercibida pobre. Es un poco confuso, tal vez empiece en 2011, pero al menos se nos fue la época de poner los dos huevos juntos siempre que escribamos el año entero.
Así que, y a pesar de todas las reservas expresadas más arriba acerca de ser más realistas en el año que comienza, les deseo a todos muy feliz año nuevo y una excelente nueva década.


martes, 22 de diciembre de 2009

Creencias


Cuando yo era chiquita, como MC o apenas mayor, tenía algunas creencias. Muchas mejor dicho, pasa que seguramente de la mayoría me olvidé. Y no estoy hablando de las creencias prefabricadas, del estilo de Papá Noel, los Reyes Mayos, el Ratón Perez, que si te tragabas un chicle te crece una planta en la panza o que a los bebés los traía la cigüeña desde París.

Me refiero a aquellas otras, más bien fabricadas por uno, seguramente con ayuda o consentimiento de los demás, pero sin duda más auténticas... y mucho más locas!

Por ejemplo, pensaba que los Peugeot 504 eran autos enojados, o cuanto menos, amenazantes. Que los abogados eran ex ahogados y el hecho de haber pasado por una experiencia tan traumática les daba autoridad para ayudar a la gente con sus problemas. Que al dueño del mercado (que no era chino en ése entonces) en realidad no le hacía gracia que nos lleváramos tantos productos por un magro montoncitos de billetes. Encima muchas veces además de la mercadería nos entregaba una pila más grande de billetes que la que nosotros le habías entregado. Pensaba que estábamos desplumando al pobre hombre y que éste veía con lástima cómo lo despojábamos de sus pertenencias. También pensaba que hada madrina era una ocupación como médico, maestra o electricista y no entendía por qué la gente no estaba interesada en seguirla. Creía que los cassettes (supongo que todos lo recuerdan) se grababan de a uno por vez y que para comer carne no hacía falta matar a nadie, se le quitaba ésa parte que luego al animal le volvía a crecer.

También creía que el 21 de diciembre era el día más largo porque traía más horas; no porque tuviera más horas de luz; y viceversa con el 21 de junio.

Hoy, treinta años después considero que en realidad es probable que el 21 de diciembre en realidad traiga alguna que otra horita extra porque es increíble la cantidad de cosas que uno es capaz de resolver en un día a ésta altura del año. Y también aclarar que deberían ponerle alguna hora de yapa aderde porque la verdad es que igual el tiempo no alcanza.

Ya que estamos hablando de creencias, hace años que creo que algún día voy a lograr irme de vacaciones en diciembre, zafar de reuniones y fiestas de compromiso y tan sin sentido, de las maratónicas sesiones de compras para estar presentable en éstas últimas y de una lista de obsequios que parece que le pasara lo mismo que lo que creía que le pasaba a la vaca en mi más tierna infancia: tachás uno, vuelve a crecer por otro lado.

Tanto me estresé este año que ya ni me importa qué me regalen o que lo hagan o no. La verdad es que mi satisfacción viene por el lado de los tres regalos que compré hoy que me encantaron (y no para mí, sino porque estoy disfrutando lo que van a disfrutar cuando los abran). Es super lindo saber qué regalar, y super estresante hasta que lo conseguís... eso sí mis piecitos lo pagaron caro (tanto que se premiaron otro par de zapatos... tampoco son tontos! o no confían demasiado en que serán recompensados por los demás tanto como ellos se esforzaron).

Pero hablando en serio, el hecho de que algún día pueda disfrutar de un mes de diciembre tranquilo y de fiestas relajadas, será solamente una creencia de la misma naturaleza que las que tenía de pequeñita?

viernes, 18 de diciembre de 2009

Jardin de infantes... y otras hierbas


Podría publicar una hermosa y colorida entrada describiendo el acto de fin de curso. No lo voy a hacer principalmente por el siguiente motivo: este espacio surgió por la necesidad de decir algo original de vez en cuando, y con la objetividad e imparcialidad que me caracterizan, especialmente como madre, no hay ninguna novedad ni sorpresa en informar que María Clara fue la estrella absoluta del evento. La más linda, la más graciosa, la más brillante, la que mejor actuó, la que mejor se portó, la que tenía el disfraz mejor hecho (aunque todos los haya hecho la misma modista), las ballerinas más lindas, y la más, más, más... lo que se les ocurra. Por supuesto en eso no hay ninguna novedad, ya se sabía. Que tal maravilla sea hija de quien suscribe es una pura y casual coincidencia.

Esta vez las novedades no estuvieron del lado del jardín, sino de lo que podríamos denominar las hierbas. Las otras hierbas, o yerbas (no quiero usar éste porque desde el momento en que no simpatizo mucho con el mate, lo haría peyorativo en sí) se componen del público presente, y lo que puede inferirse de él.

Por empezar, a pesar de todas las reservas que pueda tener respecto de las maestras jardineras, debo reconocerles dos cosas: la primera es la más importante y es que se nota que los chicos están muy cuidados y contenidos por ellas, porque a diferencia de lo que recuerdo de mi propio paso por el jardín o de lo que escucho de otros, no hubo ni un sólo nene que no quisiera subir al escenario o lo hiciera llorando, y multiplicado por alrededor de 100 nenes, es mucho decir. Por otro lado, si es que estas nobles mujeres eligieron su profesión porque después de dos o tres años de jardín (que es la cantidad de salas que se estilaban hace veinte-treinta-cuarenta años) aún se quedaron con muchas ganas de saltar en un escenario vestida de conejo o cantar canciones infantiles, hay que reconocer que encontraron la forma ideal y socialmente valorada de poder hacerlo; a diferencia de padres, abuelos y tíos que se desquitan haciendo lo mismo (o casi) fuera del escenario. No exagero, una hasta las orejas de conejo tenía.

Siguiendo con las otras (o directamente malas) hierbas, imaginen si multiplicamos la cantidad de alumnos por padres, abuelos, tíos, padrinos, primos, amigos, etc. Es un número considerable, tanto que conseguir ubicación para todos era prácticamente una misión imposible. A esta altura, todavía no entiendo cómo las autoridades del colegio no calcularon que gran cantidad de éste público no necesita asiento porque a pesar de reiteradas y amables solicitudes de silencio y orden siguen parándose a bailar al ritmo de música circense como si el objetivo fuera llamar la atención de sus hijos actuando sobre el escenario y no al revés. Señora mamá: ya sabemos que es muy aplicada, podemos apreciar que ya adquirió la capacidad de saltar en un pie y aplaudir al ritmo de la música, nos dimos cuenta que se aprendió toda la letra del concert aunque su pronunciación en inglés sea tal que no le vaya a ayudar a su crío en el futuro escolar, pero en cualquier caso, por favor, no le robe cartel a su hijo!

Otras malas hierbas que asfixian al público: Los padres digitales. Recuerdo la primera vez que viajé a un destino turísticamente internacional, en la era previa (muy, muy previa) a las cámaras digitales, lo que más nos había llamado la atención a mi hermana y a mí era ver a los japoneses, cuya ocupación no parecía ser pasear, sino sacar fotos y filmar. Con mi papá llegamos a la conclusión que en vez de viajar por placer, a los japoneses en realidad les debía resultar indiferente o hasta lo llegaban a padecer, pero hacían el sacrificio con el único objetivo de obtener fotos para deleitarse después.
Eso mismo sospecho de ésta generación de padres. ¿Tan poco confían en su retina que tienen que grabar hasta el discurso del nieto de uno de los primeros alumnos del colegio? (y eso que, hablando de retinas, la miope soy yo). Los nenes de esta generación van a necesitar otra vida para ver tantas fotos y tantos videos, si es que algún día les interesa hacerlo.

Sumando las dos situaciones anteriores nos encontramos con que tanto te preocupás por tranquilizar a tu vástago frente a esa situación nueva y caótica: "Cielo, mirá voy a estar en la tercera fila, al lado de papi, de los abuelos, de la tía...." cuestión que si le llega a agarrar pánico escénico sepa para dónde enfocar, o si quiere valorar cuánto brilló sobre el escenario lo mismo. En cambio el 80% de los pobres nenes se van a encontrar con su madre y/o padre embelesado no mirándolos a ellos sino su camarita (¿para qué verlo en vivo y en directo si podés hacerlo a través de un mini pantalla de, con suerte, 2.7 pulgadas?) o enajenado cantando, bailando y haciéndole la competencia.

La verdad es que si yo no los soporto ni un ratito, no me quiero imaginar las pobres docentes. Otra vez, mil y mis felicitaciones para ellas. Ahora, visto y considerando el público asistente, una sugerencia: ¿Sería muy difícil que cada nene además de su disfraz porte también un cartelón con su nombre, apellido y filiación completa? Así entre 15 tigres o 25 payasos uno puede distinguir más o menos al nieto, sobrino, hijo de, hermano de compañeritos, etc; y de paso evitamos los cotorreríos en sus diversas variantes:

- Estilo indicativo (en general se da de mujer a hombre): "Mirá a Irina... es la tercera desde la derecha... no, esa no, la tercera te dije... ahora es la segunda desde la izquierda... sí, la que tiene un rulo sobre la frente... y el lunar!!! no te das cuenta! esa... la está disfrazada de payaso" (junto con otros 19 payasitos)
- Estilo biográfico (favorito de las abuelas, tías abuelas, y señoras grandes en general): "Ese es el sobrino nieto de la amiga de Rosalba... no, no de la hija que es cardióloga, sino de la arquitecta... sí, esa que cuando era chica bizqueaba, pero después de grande se puso linda... sí, ella, pero no, al final no se casó con el belga, qué desperdicio... al chico lo tuvo con un empleado del padre, un vivo... no sé creo que ni siguen juntos... qué rico el nene"
- Estilo "selección de embriones" (específico de familiar con pretensiones desmedidas) : "¿Te parece que el de la punta es Laureano? no, seguro que no, el hijo de mi sobrina es más alto, y más rubio, y más flaco... además es super inteligente, no lo pondrían en la punta, ahí ponen los que no hay forma que aprendan la coreografía, Laureano es el medio, mirá bien... si el protagonista, seguro es ése" (y, vaya casualidad, todos los familiares que se pueden permitir un grado de duda, se agencian como parientito al nene del medio, tanto disfraz ayuda y mucho)

Cerrando el capítulo de malas hierbas, brevemente recordemos algunos modales que no son del todo adecuados para subir al escenario para acompañar a tu hijo de cinco o seis años que termina jardín:
- Ir en short, aunque sea o de Escada, no va;
- Quedarte en primer plano en plan sesión de fotos para revista Chacra cuando ya llamaron al nene que sigue no va,
- Cargar tus pestañas con tres litros de rimmel sabiendo que vas a llorar como si tu hijo en vez de terminar preescolar hubiera repetido, no va;
- Vestido de fiesta no va (los únicos autorizados para disfrazarse eran los nenes, se sabe)
- Subir con tu bebé de meses que llora como un descosido no va (especialmente cuando convocaste a toda la familia con hasta cinco grados de parentesco);
- Ombligo al aire, aunque haga calor y vayas a parir mañana, no va;
- Ponerse a filosofar sobre los beneficios de la toería piagetiana o cuánto bajó el merval, total a tu hijo ya le dieron el diploma, no va;
- Enviar sms mientras esperás que llegue el turno del tuyo, tampoco.

Llegado a éste punto es una suerte, y no ya sólo para mí, que no haya otro acto tan multitudinario hasta dentro de un año.

Pero reconozco que en el fondo soy humana, y si tuviera otro carácter seguramente me hubiera llorado la vida, y otra media más también. Por las dudas, no usé rimmel.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Son cosas mías

Hoy, como soy una paciente sumamente obediente (?????) cumplí con lo que, espero, sea la última cita médica de 2009. A 24 días que termine el año, tampoco es ninguna proeza.
Como a medida que uno envejece se va pareciendo cada vez más a su familia, obviamente no escapé al mandato familiar de los cálculos en la vesícula.

Hoy bajo coacción de la doc fui a ver al cirujano. Al menos no soy como un tío mío que el cardiólogo le dijo "Si no deja de fumar no venga más a verme", y dicho y hecho, no fue más a verlo.
Entonces la doc me mandó a ver a este equipo de cirujanos, "todos divine" así tan fashion como su forma de hablar.

Para ellos, una rutina. Pero si bien ellos tendrán en su haber chiquicientas vesículas biliares, yo tengo una solita y supongo que el de arriba, la evolución o quién sea, si puso un órgano ahí es porque alguna función cumple; más que entretener cirujanos.

Porque dicho sea de paso; uno de los motivos por el que quieren operarme es sencillamente "nos encanta operar" (ven mucho Grey´s Anatomy éstos muchachos parece). Sí vale, me encanta que les encante su laburo, pero en lo que a mí misma respecta sería mejor que con esa actitud fueran cosmetólogos o masajistas (aunque la verdad es que tampoco me gusta mucho que me toquen).
Además se ve que les encanta mucho más operar después de año nuevo. Con lo cual esperan que encima de todo uno pase las fiestas con una dieta a base de hinojo, escarola y rúcula sin condimentar, gelantina y té con limón. No es justo.

Para terminar de embarrarla "ya que estamos, te operamos también del reflujo" y ante mi mirada de asesina serial en situación de larga abstinencia agrega con cara simpática "si total vos vas a estar dormida".

Y en ése preciso momento tomé nota mental de retrucarle a la doc cuando la vuelva a ver (si es que lo hago, claro) "y a mí qué me importaba que los cirujanos sean divine si yo voy a estar dormida".

Pero un dato importante obtuve de la consulta, no lo voy a negar: ya sé mi fecha de caducidad. Aparentemente será entre 2056 y 2059. Al menos si nos dejamos guiar por el comentario de "¿y por qué no te querés operar? De 80 años que vas a vivir, querés estar otros 50 tomando medicamentos para el reflujo?"
La verdad es que desde un tiempo a ésta parte tengo la sensación cada vez más fuerte de que no voy a llegar a muy viejita, pero de ahí a que venga otro a ponerte fecha de vencimiento hay un trecho nada despreciable.

En el fondo, y más aún recordando que hoy hace exactamente dos años que empezara mi crash-boom-bang a nivel salud, debo agradecer que en definitiva se trate "de rutina". Pero poniendo las cosas en perspectiva (la mía, por supuesto) digamos que a mí mi dedo me interesa mucho más que cualquier otra cosa sorprendente, impresionante o enorme que pueda encontrar un cirujano. Y sólo porque es mío.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Todavía no te fuiste y ya te extraño


No, no hablo del marido, sino de una serie de costumbres para los porteños contemporaneos en 2009:

- Visitar el super e irte con los productos en la bolsita sin tener que llevarla desde casa ni pagarla.
- Comprar medicamentos de venta libre en casi todos lados y sin tener que pedirlos al farmacéutico. (algo imprescindible para una persona tan adepta a la automedicación y con menos diez de tolerancia al dolor).
- Bajar desde música, hasta libros, películas y series sólo con el abono de la banda ancha.
- Bañarnos hasta que se nos arruguen los deditos , lavarnos los dientes con el agua corriendo (todo con un abono según metros cuadrados y con una tarifa de metrogas que era el único servicio con tarifa razonable).
- Tirar la basura toda en la misma bolsa, y poder sacarla todos los días para que se la lleven.
- Usar lamparitas incandescentes a libre albedrío sin someter a nuestros fatigados ojitos a la tortura de las de bajo consumo.

Sí, ya sé, parece que tuviera cero conciencia ecológica, pero es tan cómodo (y aparte bolsas de papel en el super tampoco nos van a dar)

Soy malísima haciendo futurología, pero me da la impresión que falta poco para que todas estas cosas pasen a formar parte del "te acordás cuando..."

domingo, 29 de noviembre de 2009

Autoridad

Supongamos que tu madre decide que es hora de aprender a dormir en silencio en verano y se dispone a cambiar su antiguo aunque hiperfiel Siam por un moderno split frío-calor.

No importa que poco tiempo antes vos misma te hayas casado y por eso mismo ya conozcas todas las marcas, modelos, colores y apellidos del mercado de los aire acondicionado.
Tampoco importa que el yerno sea ingeniero y aunque no se dedique a esto, un poco entiende.
Se le puso en la cabeza que quiere la marca X. Indagando un poquito, te enterás que porque se la recomendó el portero (no es broma).
Bueno, no importa. Si tu madre es feliz creyéndole al portero antes que a personas con algo más de autoridad, problema de ella.

Generosamente vas a toda casa de electrodomésticos, supermercado, tienda de departamentos "y demás negocios del ramo" con un papelito con la marca, modelo y especificaciones anotadas a ver dónde conviene comprarlo.
En el transcurso de estas excursiones, sos el hazmerreir de todo vendedor, asistente y encargado de sector: "pero no te conviene esa marca, por menos plata compras uno mejor" "esa marca se va a dejar de fabricar, después no vas a conseguir repuestos" "estás pagando la marca, y por esa misma plata comprás éste otro que es muchísimo mejor".

Te ahorrás las ganas de decirle "yo pienso exactamente lo mismo, pero mi vieja no la entiende porque el portero opina otra cosa" y en deferencia a tu madre ponés cara de inexperta en el rubro y respondés con un lacónico "es que no es para mí, a mí me mandaron a comprar éste" como si estuviera ante el almacenero a los 8 años rogándole que me diera lo que me había mandado a buscar mi madre porque sino se me armaba en casa.

Cuando inocentemente le comento a mi madre lo que opinan los vendedores, soy otra vez el hazmerreir "pero no aprendés más vos. Los vendedores te quieren vender lo que les conviene a ellos, no me vas a decir que te dejas llevar por lo que dicen esos interesados, no podés creerle a todo el mundo, tenés que ser un poco más piola". Ok, ok, otra vez como si tuviera 8 años.

La cuestión es que finalmente le vas a tu madre con el dato de dónde le conviene comprarlo, qué día, con qué tarjeta y en qué sucursal tienen suficiente stock.
Al día siguiente se aparece con que ya lo compró. En otro negocio, de otra marca, nada que ver. Cuando indagás el por qué de tal decisión, y haciendo a un lado el trabajito chino que te mandaste de ver dónde le convenía comprarlo, te responde "y... porque el vendedor me lo elogió tanto".
Sin palabras.

(Ahora que lo pienso, lo único que hubiera faltado es que le diga al portero que no le hizo caso basándose en mi propia influencia. Vale aclarar que la marca nueva tampoco era ninguna de las que le habíamos recomendado otras personas cercanas, por supuesto).

Otra de hace pocos días (que inspiró el post finalmente):

Cuando tu amiga (soltera) va a comprarse box spring + colchón nuevo en tamaño extra queen te pide recomendación por el mismo motivo mencionado más arriba.
Por lo menos me escucha, lo reconozco.
Me pide que la acompañe en su recorrida a ver por cual se decide. Convengamos que dos chicas solas yendo a ver colchones se puede prestar a cualquier interpretación, pero no importa, tu amiga se lo merece.
Escuchamos cualquier cantidad de diatribas acerca de la cantidad de resortes, de la importancia del sistema de resortes independientes (aunque vaya a dormir una sola persona el él), de la peligrosísima amenaza para la salud que representan los ácaros, si existen de verdad o no los colchones que no necesitan que se los de vuelta, la ingravidez, y no sé cuántas cosas más de las cuales uno ni se entera mientras está dormido.
El análisis de tantos datos, junto con la tabla de precios y las laberínticas fórmulas de descuento reducían la elección claramente hacia tres modelos.
A los pocos días me entero que la elección final recayó sobre uno totalmente descartado por motivos varios:
"Es que lo estuve pensando (pensar es hacer abuso de la palabra) y la verdad es que el color de éste es el que más me gustaba"...
Ahhhh, hubiéramos empezado por ahí... es que sábana no le pensabas poner acaso?
Por lo menos tuvo la gentileza de consolarme con un "pero al menos ya sé que vi todos y me quedo tranquila que elegí el mejor"

Otra amiga, pocos meses antes:

Se decide a comprarse una notebook. No sabe muy bien para qué, pero la quiere. Sus actividades no van más allá del solitario, el MSN, el paquete Office (paquetito más bien, por lo que lo usa) y paremos de contar. Pero tiene que ser de marca. Y no AMD, tiene que ser Intel. Fueron horas, muchas, las que dedicamos a analizar cada producto existente en el mercado actual.
Por suerte, esta vez la frustración recayó más sobre un amigo bien friki que dejaba en evidencia todos los caprichos por el estilo: por qué una note si no la iba a mover de la mesa donde la iba a apoyar? Por qué no esperar a que vengan con el windows 7, si total no es que la necesita urgentemente para un trabajo. Supongo que finalmente más de uno de nosotros entendimos (por fin!) que parece que la computadora también es un objeto de status y decorativo, y de hecho muchas veces cumple esas funciones antes que otras para las cuales fue originalmente diseñada.

Finalmente (sí, sí, a esta altura ya deben haber adivinado) la elección recayó sobre una que no cumplía casi ninguno de los requisitos mencionados más arriba, ni los exigidos por la compradora ni los aconsejados por los un poco más entendidos. El motivo de la elección: "porque me encantó el color". El externo vale aclarar, no la calidad de imagen ofrecida por el LCD.
Cabe mencionar también que por mucha marca y color fashion que tiene, como pronosticábamos, esa computadora se mueve menos que una desktop, no se cambia ni de escritorio.


De nuevo sin palabras. Y sin autoridad. Con familia y amigos así es realmente reconfortante sentir cuánto te escuchan las paredes.

Con semejantes antecedentes en cuanto a la influencia que ejerzo sobre las personas, para que mi hija me haga caso, ¿Voy a tener que empezar a decirle que haga lo opuesto de lo que pienso?

Como nota al margen, no sé si estoy rodeada de personas demasiado influenciables o debo sacarme el sombrero frente a más de un colega.

martes, 24 de noviembre de 2009

Aquelarre

Nunca mejor elegidas las imágenes


Creo que son varias las veces que manifesté por aquí que no soy muy adicta al saludo; y ni qué decir del saludo argentino, lleno de besuqueos hipócritas. Podría haber escrito una entrada al respecto en tono bien quejumbroso y reivindicador, acerca de esa gente que es tan maleducada y sin embargo se considera la mejor discípula de Eugenia de Chikoff sólo porque da unos 80 besos falsos al día.

Sin embargo, no estoy con ánimo para eso hoy (rarísimo, disfruten que dura poco) así que mejor aprovecho la cuestión de los besos (y esta vez hablo de los de verdad) para contar una pequeña anécdota de ayer con mi papá, y de paso. ya que estamos, al final, reivindicar a los que nacimos o fuimos criados en esta condición de malos estructurales.

Mi papá, como el glotón que desprecia un caramelo porque está lleno de chocolates, ya que mimos tiene de más, a veces se da el lujo de hacerse el cansado de recibir tantas atenciones.

Ayer se dio el siguiente diálogo cuando mi papá estaba en ésta actitud:

L: Y yo que sólo te quería hacer unos mimos... qué malo!
P: Hice un master con el diablo
L: Teníamos a quién salir entonces
P: Mejor que eso. Uds. dos (su descendencia) se han perfeccionado
L: Qué malooooooo!

Lo peor es que no me terminó de quedar muy claro al final cuál de los dos es más malo.