Bien, habíamos dejado a mi gerente en la puerta llamándome a su oficina, y yo acá haciéndola esperar una semana en tan incómoda posición. Y bueno, como en la vida real no la puedo hacer esperar una semana como me gustaría, me desquito por aquí.
La cuestión fue la siguiente: la gerente de RRHH, quien hace unos seis meses asumió ese cargo, se acababa de dar cuenta que otras dos personas y yo hacíamos un trabajo que no nos correspondía. No, no venía de madre Teresa ni disfrazada de CGT sino solamente a cumplir su función, tan cuadradita como ella misma: los pichis no pueden hacer el trabajo de plana mayor.
En el mundo civilizado, en el universo de la lógica eso sería una buena noticia, habría un ascenso para que alguien tenga los privilegios que corresponden a sus obligaciones, Pero no, no estamos en ninguna de esas esferas, sino en el reino del revés.
En la planillita cuadradita que tiene la gerente de recursos humanos figura que hay una gerente de sector y varias zánganas, digo jefas que cobran por hacer ese trabajo. Y también figura que otras bolu, digo empleadas de la plana menor no deberían estar haciendo ese trabajo, pero como es lo único que hacen si le sacás ese trabajo ya no tienen de qué ocuparse y para mantener a gente que no trabaja están los jefes, gerentes y demases, no lo pinches como uno.
A todo esto recordemos que esta gerente de Recursos Inhumanos había asumido sus funciones hacía unos seis meses y recién ahora se daba cuenta. Tan ordenado que pretender tener todo y atrasa seis meses. Pero bueno.
Bien, sabiendo todo esto volvamos al universo lógico: si en tu sector despiden a tres personas que trabajan, y que en la actualidad nadie está haciendo ese trabajo protestás, intentás defender a la gente de tu sector, tranquilizás y consolás al pichi caído en desgracia.
También en el universo lógico el pichi caído en desgracia suplica que no le quiten su trabajo, pide, patalea, llora, se preocupa.
Pero volvamos al mundo del revés: como yo sabía que esperaba que yo llorara, suplicara, pidiera y me preocupara hice exactamente lo contrario. En ese entonces llevaba en la mano, cual trabajador del puerto, una carpeta enorme con informes de los clientes que yo veía. De un solo gesto, empujé la carpeta sobre el escritorio hacia su lado onda "mirá del hermoso paquete que te dejo" y simplemente le dije "y bueno, entonces esto se termina acá".
Lo logré. La descoloqué. Sólo por un instante. Enseguida comenzó con munición pesada: que yo en todos estos años no había ido rotando de tareas, sino que me "instalaba" y me "aquerenciaba" (en lugares donde nadie más quería trabajar). Que además de mi trabajo, yo no presenté ningún proyecto como para si este día llegaba tener con qué responder, "acaso pretendías que te lo haga yo"... estuve tentada de responder "y sí, considerando que se lo hiciste a otra persona, que además cobró aparte por ese proyecto y acá de eso no se habló, y también considerando que si es tan fácil hacer un proyectito bien podías hacerlo teniendo en cuenta que yo estaba haciendo tu laburo cuando no me correspondía ni cobraba acorde a eso".
Pero bueno, la integridad física ante todo, me llamé al silencio... por un rato. Al final no fue tan beneficioso callarse porque terminé explotando por el lado de que tanto exigen legalidad ahora y hace tres años, cuando el ascenso, lo que menos hubo fue legalidad.
Para qué.
Si a mi se me fue la mano (tal vez en la forma porque el contenido no es más que la verdad) aquella sacó uñas, dientes y navaja también si hubiera tenido.
Además de impresentable esta mujer, irreproducible lo que me dijo.
A ver, la parte reproducible: que soy una resentida, y ni al sector (claro ahora ella es todo el sector) ni a la empresa (donde a veces ni se acuerdan que ella existe) ni a mí (claro, ahora también es mi psiquiatra) nos iba a hacer bien que yo me quedara.
Que "la cansé" (no pudo decir "me hinchaste las pelotas" porque podía haber gente escuchando, aunque estaba tan sacada que quién sabe si le importaba) que no quería hablar más conmigo (téngase en cuenta que "no quiero hablar más con vos" suena más fuerte que la forma narrativa usada anteriormente) y que a partir de ese momento lo que haya que tratar lo trate a través de mi jefa.
(Nota al margen: ¿Dónde estaba mi jefa? En Bruselas, Brujas, Normandía, París o por ahí. Y yo acá y sufriendo. La vida no es justa)
El mayor problema aquí es que no me pueden echar tan alegremente. O sea sí me pueden despedir, pero se comerían un juicio que lo que menos tendrían es alegría.
Entonces la opción obvia es que yo me vaya sola. Y me conocen tan poco, que no saben que basta con que pretendan en sus más lejanas fantasías que yo renuncie como para que no me saque ni la gendarmería nacional. No sin mi indemnización, hasta el último centavo, y si se puede un poco más también (por jorobar, nada más).
Ergo, a pesar de que a partir del instante en que deslicé la carpeta apenas vi algún cliente y sólo por motivos "humanitarios" (como para pedirle disculpas por las manos en las que lo dejo) tengo que seguir presentándome a trabajar. No saben lo que cansa ir a trabajar sin tener trabajo.

Por lo tanto me estoy pidiendo todas esas vacaciones atrasadas, que están por vencer y tantas veces perdí; y todos los días por enfermedad imaginables, si bien el cuerpo me ayudó porque este invierno no terminaba de salir de una bronquitis que entraba en otra, en todos estos años creo que no pedí tantos días por enfermedad como en estas últimas semanas. Problema no me hacen, porque tampoco se benefician demasiado teniéndome ahí y encima enferma, y lo poco que estoy haciendo bien lo puedo hacer desde mi casa.
Mientras tanto mis amigos del grupo de los ocho, esos monstruos calculadores máquinas de laburar sin sentimientos ¿qué hicieron? Por un lado una hermosa cruz para mi gerenta. Por otro otra tarea aún más encomiable (y si llegaron a leer hasta acá sabrán por qué lo digo): me hicieron entrar en razones (y sí, tarea ardua si las hay, pero no imposible por lo visto).
No sé cómo, pero me convencieron de no tirar todo por la borda. Mucho menos termino de comprender los poderes de persuasión que utilizaron pero terminaron haciendo que acepte eso que dije a los cuatro vientos que no iba a hacer: presentar un proyecto. Porque un proyecto no me soluciona casi nada, tiene fecha de vencimiento, así que dentro de dos o tres años estoy en la misma situación que ahora, sólo que dos o tres años más vieja. Y sí, economicamente ganaría mucho más (supongo que algo parecido a lo que cobra mi jefa) pero también el horario sería extenuante (y el de mi jefa y de toda la plana mayor en general está más que claro que no lo es).
Que estos motivos no logran seducirme lo sé yo, ustedes, el grupo de los ocho, el diariero y el que lava el piso. Mi gerente obviametne no. Pero como estos ocho son gente inteligente (en realidad somos siete incluyéndome, así que los inteligentes serían seis, pero les quedó el nombre) no intentaron persuadirme con ninguno de los argumentos anteriormente mencionados. Sólo dijeron las palabras mágicas: "no les des motivos". Y es que mí me dicen "llevale la contra a tu gerente", y qué quieren que les diga, me derrito toda, soy una seda.
Así que en una semana armé un proyecto que usualmente demandaría un mes. Considerando que fue una semana sin dormir digamos que me rindió unos quince días, así que no, no soy ningún genio.
Obviemos el transcurso de esa semana de locura, porque para cosas tristes y momentos de locura ya está la vida, y digamos que tenía el proyecto terminado con colores, cursivas, gráficos, cuadros, y un tipo atrás que decía "comprame!". Bueno, esto último no, pero casi. Un hermoso proyecto (al menos por fuera les aseguro que me quedó divino, el contenido es otra cosa) pero totalmente huérfano.
Porque a la hora de elevar el proyecto hacia los más altos mandos para su aprobación tiene que estar avalado por alguien de la plana mayor. Y ahí mis queridos ocho miraron para los ocho costados, no en realidad dijeron que no me iban a aprobar el proyecto si no estaba avalado por alguien de mi propia profesión y especialidad. ¿Y quién tiene ése nombre y apellido en el serpentario? Sí, adivinaron. Mi gerenta.
Así que esa tarde, de vuelta en casa tomé un frasco entero de antiácido (para el alma, se entiende) y me puse la piel de pingüino que me regaló una vez una amiga (fue uno de los mejores consejos que me dieron: "que todo te resbale"), abrí mi computadora, respiré bien hondo, cerré los ojos y redacté el siguiente mail:
Hola S.
Te cuento que estoy contra reloj armando un proyecto para elevar en los próximos días
El tema sería más o menos en el que vengo trabajando hasta ahora.
Lo estuve hablando hoy con la gente del grupo de los ocho y todos coinciden en que la persona indicada para avalar el proyecto sos vos.
Si te interesa, te envío el proyecto si es que necesitás evaluarlo antes de dar tu consentimiento.
Me comentaron que estás con licencia médica. Si estás de acuerdo en ser avalar el proyecto, te lo haría llegar hasta donde vos me digas lo que hace falta firmar.
Lamento no haber llegado a hacer las cosas con más tiempo.
En caso que no puedas, te agradecería una pronta respuesta así me contacto con alguien más que pueda avalar el proyecto.
Saludos.
L.
Bien cerca de la noche, como para hacerme sufrir, su lacónica respuesta (como para hacerme sufrir aún más):
Vení mañana a casa.
S.
S.
Estuve tentada de preguntar si podía llevar algunos testigos. O de mandar un detectivo a ver si los cuchillos los iba a usar para cortar un budín o mi cogote.
Pero no había tiempo.
De manera que temprano al día siguiente, munida de mi gps y unas masitas (si algo logró inculcarme mi madre es eso) me encontraba manejando hacia el territorio enemigo.
De repente pude hacerme una idea de qué deben sentir los soldados cuando en una guerra comienzan a avanzar sobre la delgada línea roja...
(Continuará)
y sí che, hoy ya escribí demasiado!