
lunes 7 de diciembre de 2009
Son cosas mías

Hoy, como soy una paciente sumamente obediente (?????) cumplí con lo que, espero, sea la última cita médica de 2009. A 24 días que termine el año, tampoco es ninguna proeza.
Como a medida que uno envejece se va pareciendo cada vez más a su familia, obviamente no escapé al mandato familiar de los cálculos en la vesícula.
Hoy bajo coacción de la doc fui a ver al cirujano. Al menos no soy como un tío mío que el cardiólogo le dijo "Si no deja de fumar no venga más a verme", y dicho y hecho, no fue más a verlo.
Entonces la doc me mandó a ver a este equipo de cirujanos, "todos divine" así tan fashion como su forma de hablar.
Para ellos, una rutina. Pero si bien ellos tendrán en su haber chiquicientas vesículas biliares, yo tengo una solita y supongo que el de arriba, la evolución o quién sea, si puso un órgano ahí es porque alguna función cumple; más que entretener cirujanos.
Porque dicho sea de paso; uno de los motivos por el que quieren operarme es sencillamente "nos encanta operar" (ven mucho Grey´s Anatomy éstos muchachos parece). Sí vale, me encanta que les encante su laburo, pero en lo que a mí misma respecta sería mejor que con esa actitud fueran cosmetólogos o masajistas (aunque la verdad es que tampoco me gusta mucho que me toquen).
Además se ve que les encanta mucho más operar después de año nuevo. Con lo cual esperan que encima de todo uno pase las fiestas con una dieta a base de hinojo, escarola y rúcula sin condimentar, gelantina y té con limón. No es justo.
Para terminar de embarrarla "ya que estamos, te operamos también del reflujo" y ante mi mirada de asesina serial en situación de larga abstinencia agrega con cara simpática "si total vos vas a estar dormida".
Y en ése preciso momento tomé nota mental de retrucarle a la doc cuando la vuelva a ver (si es que lo hago, claro) "y a mí qué me importaba que los cirujanos sean divine si yo voy a estar dormida".
Pero un dato importante obtuve de la consulta, no lo voy a negar: ya sé mi fecha de caducidad. Aparentemente será entre 2056 y 2059. Al menos si nos dejamos guiar por el comentario de "¿y por qué no te querés operar? De 80 años que vas a vivir, querés estar otros 50 tomando medicamentos para el reflujo?"
La verdad es que desde un tiempo a ésta parte tengo la sensación cada vez más fuerte de que no voy a llegar a muy viejita, pero de ahí a que venga otro a ponerte fecha de vencimiento hay un trecho nada despreciable.
En el fondo, y más aún recordando que hoy hace exactamente dos años que empezara mi crash-boom-bang a nivel salud, debo agradecer que en definitiva se trate "de rutina". Pero poniendo las cosas en perspectiva (la mía, por supuesto) digamos que a mí mi dedo me interesa mucho más que cualquier otra cosa sorprendente, impresionante o enorme que pueda encontrar un cirujano. Y sólo porque es mío.
viernes 4 de diciembre de 2009
Todavía no te fuiste y ya te extraño

No, no hablo del marido, sino de una serie de costumbres para los porteños contemporaneos en 2009:
- Visitar el super e irte con los productos en la bolsita sin tener que llevarla desde casa ni pagarla.
- Comprar medicamentos de venta libre en casi todos lados y sin tener que pedirlos al farmacéutico. (algo imprescindible para una persona tan adepta a la automedicación y con menos diez de tolerancia al dolor).
- Bajar desde música, hasta libros, películas y series sólo con el abono de la banda ancha.
- Bañarnos hasta que se nos arruguen los deditos , lavarnos los dientes con el agua corriendo (todo con un abono según metros cuadrados y con una tarifa de metrogas que era el único servicio con tarifa razonable).
- Tirar la basura toda en la misma bolsa, y poder sacarla todos los días para que se la lleven.
- Usar lamparitas incandescentes a libre albedrío sin someter a nuestros fatigados ojitos a la tortura de las de bajo consumo.
Sí, ya sé, parece que tuviera cero conciencia ecológica, pero es tan cómodo (y aparte bolsas de papel en el super tampoco nos van a dar)
Soy malísima haciendo futurología, pero me da la impresión que falta poco para que todas estas cosas pasen a formar parte del "te acordás cuando..."
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domingo 29 de noviembre de 2009
Autoridad
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Supongamos que tu madre decide que es hora de aprender a dormir en silencio en verano y se dispone a cambiar su antiguo aunque hiperfiel Siam por un moderno split frío-calor.
No importa que poco tiempo antes vos misma te hayas casado y por eso mismo ya conozcas todas las marcas, modelos, colores y apellidos del mercado de los aire acondicionado.
Tampoco importa que el yerno sea ingeniero y aunque no se dedique a esto, un poco entiende.
Se le puso en la cabeza que quiere la marca X. Indagando un poquito, te enterás que porque se la recomendó el portero (no es broma).
Bueno, no importa. Si tu madre es feliz creyéndole al portero antes que a personas con algo más de autoridad, problema de ella.
Generosamente vas a toda casa de electrodomésticos, supermercado, tienda de departamentos "y demás negocios del ramo" con un papelito con la marca, modelo y especificaciones anotadas a ver dónde conviene comprarlo.
En el transcurso de estas excursiones, sos el hazmerreir de todo vendedor, asistente y encargado de sector: "pero no te conviene esa marca, por menos plata compras uno mejor" "esa marca se va a dejar de fabricar, después no vas a conseguir repuestos" "estás pagando la marca, y por esa misma plata comprás éste otro que es muchísimo mejor".
Te ahorrás las ganas de decirle "yo pienso exactamente lo mismo, pero mi vieja no la entiende porque el portero opina otra cosa" y en deferencia a tu madre ponés cara de inexperta en el rubro y respondés con un lacónico "es que no es para mí, a mí me mandaron a comprar éste" como si estuviera ante el almacenero a los 8 años rogándole que me diera lo que me había mandado a buscar mi madre porque sino se me armaba en casa.
Cuando inocentemente le comento a mi madre lo que opinan los vendedores, soy otra vez el hazmerreir "pero no aprendés más vos. Los vendedores te quieren vender lo que les conviene a ellos, no me vas a decir que te dejas llevar por lo que dicen esos interesados, no podés creerle a todo el mundo, tenés que ser un poco más piola". Ok, ok, otra vez como si tuviera 8 años.
La cuestión es que finalmente le vas a tu madre con el dato de dónde le conviene comprarlo, qué día, con qué tarjeta y en qué sucursal tienen suficiente stock.
Al día siguiente se aparece con que ya lo compró. En otro negocio, de otra marca, nada que ver. Cuando indagás el por qué de tal decisión, y haciendo a un lado el trabajito chino que te mandaste de ver dónde le convenía comprarlo, te responde "y... porque el vendedor me lo elogió tanto".
Sin palabras.
(Ahora que lo pienso, lo único que hubiera faltado es que le diga al portero que no le hizo caso basándose en mi propia influencia. Vale aclarar que la marca nueva tampoco era ninguna de las que le habíamos recomendado otras personas cercanas, por supuesto).
Otra de hace pocos días (que inspiró el post finalmente):
Cuando tu amiga (soltera) va a comprarse box spring + colchón nuevo en tamaño extra queen te pide recomendación por el mismo motivo mencionado más arriba.
Por lo menos me escucha, lo reconozco.
Me pide que la acompañe en su recorrida a ver por cual se decide. Convengamos que dos chicas solas yendo a ver colchones se puede prestar a cualquier interpretación, pero no importa, tu amiga se lo merece.
Escuchamos cualquier cantidad de diatribas acerca de la cantidad de resortes, de la importancia del sistema de resortes independientes (aunque vaya a dormir una sola persona el él), de la peligrosísima amenaza para la salud que representan los ácaros, si existen de verdad o no los colchones que no necesitan que se los de vuelta, la ingravidez, y no sé cuántas cosas más de las cuales uno ni se entera mientras está dormido.
El análisis de tantos datos, junto con la tabla de precios y las laberínticas fórmulas de descuento reducían la elección claramente hacia tres modelos.
A los pocos días me entero que la elección final recayó sobre uno totalmente descartado por motivos varios:
"Es que lo estuve pensando (pensar es hacer abuso de la palabra) y la verdad es que el color de éste es el que más me gustaba"...
Ahhhh, hubiéramos empezado por ahí... es que sábana no le pensabas poner acaso?
Por lo menos tuvo la gentileza de consolarme con un "pero al menos ya sé que vi todos y me quedo tranquila que elegí el mejor"
Otra amiga, pocos meses antes:
Se decide a comprarse una notebook. No sabe muy bien para qué, pero la quiere. Sus actividades no van más allá del solitario, el MSN, el paquete Office (paquetito más bien, por lo que lo usa) y paremos de contar. Pero tiene que ser de marca. Y no AMD, tiene que ser Intel. Fueron horas, muchas, las que dedicamos a analizar cada producto existente en el mercado actual.
Por suerte, esta vez la frustración recayó más sobre un amigo bien friki que dejaba en evidencia todos los caprichos por el estilo: por qué una note si no la iba a mover de la mesa donde la iba a apoyar? Por qué no esperar a que vengan con el windows 7, si total no es que la necesita urgentemente para un trabajo. Supongo que finalmente más de uno de nosotros entendimos (por fin!) que parece que la computadora también es un objeto de status y decorativo, y de hecho muchas veces cumple esas funciones antes que otras para las cuales fue originalmente diseñada.
Finalmente (sí, sí, a esta altura ya deben haber adivinado) la elección recayó sobre una que no cumplía casi ninguno de los requisitos mencionados más arriba, ni los exigidos por la compradora ni los aconsejados por los un poco más entendidos. El motivo de la elección: "porque me encantó el color". El externo vale aclarar, no la calidad de imagen ofrecida por el LCD.
Cabe mencionar también que por mucha marca y color fashion que tiene, como pronosticábamos, esa computadora se mueve menos que una desktop, no se cambia ni de escritorio.
De nuevo sin palabras. Y sin autoridad. Con familia y amigos así es realmente reconfortante sentir cuánto te escuchan las paredes.
Con semejantes antecedentes en cuanto a la influencia que ejerzo sobre las personas, para que mi hija me haga caso, ¿Voy a tener que empezar a decirle que haga lo opuesto de lo que pienso?
Como nota al margen, no sé si estoy rodeada de personas demasiado influenciables o debo sacarme el sombrero frente a más de un colega.
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martes 24 de noviembre de 2009
Aquelarre
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Nunca mejor elegidas las imágenes
Creo que son varias las veces que manifesté por aquí que no soy muy adicta al saludo; y ni qué decir del saludo argentino, lleno de besuqueos hipócritas. Podría haber escrito una entrada al respecto en tono bien quejumbroso y reivindicador, acerca de esa gente que es tan maleducada y sin embargo se considera la mejor discípula de Eugenia de Chikoff sólo porque da unos 80 besos falsos al día.
Sin embargo, no estoy con ánimo para eso hoy (rarísimo, disfruten que dura poco) así que mejor aprovecho la cuestión de los besos (y esta vez hablo de los de verdad) para contar una pequeña anécdota de ayer con mi papá, y de paso. ya que estamos, al final, reivindicar a los que nacimos o fuimos criados en esta condición de malos estructurales.
Mi papá, como el glotón que desprecia un caramelo porque está lleno de chocolates, ya que mimos tiene de más, a veces se da el lujo de hacerse el cansado de recibir tantas atenciones.
Ayer se dio el siguiente diálogo cuando mi papá estaba en ésta actitud:
L: Y yo que sólo te quería hacer unos mimos... qué malo!
P: Hice un master con el diablo
L: Teníamos a quién salir entonces
P: Mejor que eso. Uds. dos (su descendencia) se han perfeccionado
L: Qué malooooooo!
Lo peor es que no me terminó de quedar muy claro al final cuál de los dos es más malo.

miércoles 18 de noviembre de 2009
Por las dudas...
Casi nunca reenvío cadenas de mails, muchísimo menos esas que "tienes que pasárselo a 8 personas para que el amor dure 8 años más" (porque para peor al año uno puede arrepentirse)... pero después me puse a pensar, por ahí no me pasa casi nada bueno por no seguir esas cadenas no?
Como todos sabemos, las brujas no existen, pero que las hay, las hay (y es algo que compruebo cada mañana cuando llego a trabajar), así que aquí va lo que me llegó:

No sé si por blog funciona, pero probemos. Si alguien la quiere en modo tradicional (por mail), me avisa. Ahora voy a conseguirme más lectores así la prosperidad me llega como esas cremas que hay que ponerse antes de ir a dormir para amanecer transformada en una belleza... en realidad mejor no, porque aunque he probado cremas se ve que éste rostro no tiene arreglo (espero que la mala racha sí).
Lakshmi, estás?
lunes 9 de noviembre de 2009
Revancha

Cuando tu blog ya pasó su primer cumpleaños, en general se te terminan esos posts de "cumple-algo...", al menos si uno quisiera no ser reiterativo.
A pesar que hoy se cumplen cuatro, y no tres que me enteré que iba a ser mamá, el post podría haber sido el mismo que el del año anterior.
Pero no.
Aunque los hechos son los mismos, eso no significa que no podamos jugar con ellos y sacarle nuevos significados.
Hace un par de días hablaba con una amiga, amiguísima, con la que a pesar que el cariño permanece intacto, estamos en una mala época para mantenernos en contacto.
En un momento de la conversación reflexiona "parece mentira, el lunes van a ser siete años que me casé".
Y así mi mente voló ése tiempo hacia atrás, al día de ése casamiento, a uno de esos momentos, que supongo que tenemos todos, de sentirnos los seres más miserables del planeta.
Y no por envidia, ni de la sana, ni de la otra, por ése casamiento por todo lo alto, ni por el novio que parecía sacado del book de una agencia de modelos; sino porque en esas ocasiones es inevitable, o al menos para mí, hacer paralelismos por el estilo; y al caer que tu amiga, de tu misma edad, educación, etc, etc, está en la plenitud de su vida y en cambio vos en una relación sin futuro (de hecho cortamos unas dos semanas después) y pensando que todo eso del casamiento, el novio cariñoso, los hijos y demás nunca van a ser para vos siempre deprime un poco, o bastante.
Eso fue el 9 de noviembre de 2002. El de 2005 me enteré que MC venía en camino.
Son extraños los vericuetos de la memoria. Para mí ése casamiento había sido importante, y es de destacar que los dos primeros aniversarios no me los olvidé.
A partir del tercero me lo olvidé no sólo porque tenía alguien más que (auto) felicitar, aunque a la mayoría de la gente le suene re loco que me siga acordando y festejando esto y por ése motivo lo hagamos en privadísimo, sino porque cerca de esa fecha A. y su marido decidieron que no valía la pena celebrar más aniversarios.
A. siguió probando, tuvo otra pareja que a todos nos caía fantástico, que después de todo casarse cuando se es tan joven a veces no es negocio y demás. Pero lamentablemente tampoco funcionó. A nivel profesional su vida es envidiable, y no sólo eso sino que a puro esfuerzo propio; pero lo demás, sigue... mejor no pregunten, gracias.
Pero en definitiva, aunque no sean más que casualidades, a veces las fechas, eso que parece algo tan sin sentido y sólo para hacer quedar mal a la gente que no las recuerda, sirve para ver dónde está parado cada uno, y que las cosas no son tan definitivas como uno las ve en el presente.
Así, hace siete años yo pensé que nunca me iba a casar, ni tener hijos en franco contraste con las maravillosas perspectivas que, parecía, se les abrían a los protagonistas de la boda en cuestión.
Pocos años después la situación era exactamente la opuesta.
Curioso. Y más curioso es que no haya hecho la relación hasta cuatro años después.
Y ya que estamos... desde hace cuatro años hasta ahora hubo y hay bastante nubarrones... será demasiado pedir otra revancha?... aunque sé que en algunos aspectos estamos mejor que el año pasado, en una situación bien parecida.
Y ya que estamos (II) un día como el de hoy en Buenos Aires, con lluvia, sol y granizo al mismo tiempo, no es la perfecta analogía del estado de ánimo "¿y a mí qué demonios me está pasando que lloro y me rio al mismo tiempo?"
Y ya que estamos (III) muy "numerológicos" con cosas sin sentido, gracias a lilypie me acabo de enterar que el 11/11 María Clara cumple 3 años, 3 meses, 3 semanas y 3 días...
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domingo 8 de noviembre de 2009
El subte se entierra sólo

A ver si alguien se toma el arduo trabajo de explicarme una cosa: para qué sirve hoy en día el subte en Buenos Aires?
De momento, y si el conflicto Gobierno Nacional versus Gobierno de la Ciudad continúa en éstos términos la cuestión será eterna, no son demasiados los afortunados que tienen una vida tan recta como un trayecto directo de subte que es para lo único que sirve, porque ya ni siquiera es útil para ahorrar tiempo.
A lo largo de los años fui sumándole cada vez más desventajas al uso del subte:
Primero y principal, es horrible viajar sin saber por dónde estás yendo. Es más lindo divagar mirando algún paisaje y no contando las luces del túnel a ver cuánto falta para la próxima estación.
Pero ahorrabas tiempo.
Segundo, en relación con lo anterior, además de que no es apto para la gente con tendencia a la claustrofobia, lo es mucho menos para los que sufrimos en el andén cada vez que alguien pasa detrás nuestro y tenemos esa sensación que nos va a empujar a las vías, aunque nunca hemos visto que le haya pasado a alguien.
Pero se llegaba rápido.
Tercero, es casi imposible llegar a destino "planchado y fresco como una lechuga"... pero como llegabas rápido, con suerte ni te arrugabas, ni te marchitabas del todo.
Cuarto: empezó a ser muy difícil eso de llegar a destino con la misma cantidad de pertenencias con la que saliste de casa. Ojo, ningún medio de transporte está exento de robos, cuando estás con el auto, incluso es peor porque puede ser el auto mismo, con la proporcional violencia que eso conlleva, pero después de la calle, en el subte es el lugar donde más veces me han robado.
Así que probablemente, aunque al llegar a destino ya no tuvieras eso por lo cual tenías que llegar a ése destino, llegabas bastante rápido.
Ayer, apremiada por el tiempo, un poco más que de costumbre, decidí que, a pesar de los cuatro puntos anteriores, el subte seguía siendo la mejor opción... que baste con decir que tardé casi hora y media en un trayecto que en colectivo hubiera tardado una hora, o menos. Y que conste que ayer no había paro de subtes ni nada parecido (teóricamente, claro), y que hoy escribo ésto no desde la furia por la inoperancia ajena, sino desde la placidez de un sábado a pura siesta.
No sé si el reclamo de los trabajadores de subte es justo o no, problablemente lo sea, pero con la escasa red actual y el lamentable servicio creo que se están enterrando solitos.
A ver si alguien me hace el favor de sugerirme un medio de transporte adecuado: subte, descartado, tren no llego a ninguna parte de las que tengo que ir (y quitando la claustrofobia, aplica casi todo lo del subte, creo), en taxi o remise, además de que no es apto para usarlo a diario (salvo cuando va a cargo de la empresa, obvio!) encima hay que darle charla al conductor, lo que me molesta soberanamente, ni que decir lo que se sufre cuando éstos son aspirantes frustrados del TC2000, en colectivo, hay que rezarle a tres o cuatro santos para llegar a destino en una pieza, con vehículo propio los nervios por el tránsito se te disparan multiplicados por un millón, y si conseguir lugar para estacionar te suele llevar más tiempo que esperar cualquier medio de transporte, ni hablemos que en general la caminata es más de una parada (eso sin contar a distraídos como mi amiga L. que nunca se acuerda dónde estacionó el auto).
Más opciones no se me ocurren... salvo encontrar un trabajo donde me reserven una cochera (al lado de la puerta de acceso, por supuesto!)
De todos modos, tengo una especie de pariente bastante cercano que acaba de llegar a Mexico D.F. que escribe que el tránsito del microcentro porteño es un chiste en comparación con el de allá y que los porteños somos unos quejosos. Ahora, apuesto que a la vuelta el susodicho se va a seguir quejando tanto o más que antes...
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sábado 31 de octubre de 2009
De la puerta para adentro

Cuando tenía como 8 años me sorprendí al enterarme que el gentilicio de los naturales de la ciudad de Buenos Aires se denominaba "porteño" por la importancia de su puerto.
Si a esa edad ya no era muy inteligente, imaginense al punto al que hemos descendido unos 25 años después: Hasta ahora nunca se me había ocurrido demasiado relacionar puerto con puerta.
De éste Octubre tan interior que tuve, y no por dedicarme a la reflexión o meditación, sino geográficamente hablando, llegué a la conclusión que los porteños vivimos como en una puerta. O sea en ningún lado.
Parece que los porteños de por sí no existimos. Al menos en una mesa de ocho personas era la única "porteña de pura cepa" y por más que trataron de indagar, y que forcé mi memoria al máximo, no pude relacionarme con ninguna provincia, ciudad o país (la puerta es también para ir hacia afuera, por qué no). Mi noviazgo con un uruguayo (lametntable, entre paréntsis) tampoco sirvió demasiado para hacer de mí una persona con raíces en algún lado.
Por primera vez sentí que esto de vivir en Buenos Aires era como no pertenecer a ninguna parte. Estás en el medio de todo, pero es como si estuvieras en la puerta, o sea en un lugar de paso. Pero convengamos que estar ahí, por más que te pisoteen, no deja de ser extramadametne cómodo.
De todas maneras no puedo dejar de destacar (y envidiar un poco): la siesta santafecina (no sólo está buenísima, sino que no es considerada un lujo, más bien se toma como necesidad), la increíble paz santaroseña, la belleza salteña (al menos desde la ventana se veía fantástico), las empanadas tucumanas, la infinita amabilidad y cordialidad bahiense.
Como verán volví toda amor y paz; pero dudo que me dure mucho más que éste día (y sólo porque es Todos los Santos).
domingo 18 de octubre de 2009
Breves sobre las madres

(Esto es abuso de obra, lo sé. Pero no es mi culpa que dos veces en este mismo blog una imagen vaya tan bien!)
El año pasado, por diversos motivos no estaba de humor para festejar, ni publicar nada sobre, el día de la madre.
Vamos a desquitarnos éste año. Por capítulos.
1.- Mi madre
Aunque suene a frase hecha, por todo lo que uno no valora en su momento y entiende después. Empezando por los meses de diabetes gestacional y la consecuente dieta estricta por meses. Yo hace cinco días que intento algo parecido a comer como una persona normal y por motivos mucho más egoístas y casi que no sobrevivo a la experiencia (menos mal que mi vida, ni mucho menos la de nadie más, dependen de eso)
Porque hasta los 17 años gracias a ella pensaba que las camisas se lavaban y planchaban solas al ritmo de una diaria, que los botones se cosían solos porque nunca estuvieron fuera de su sitio más de 10 minutos en su presencia, que mis zapatos eran auto-lustrantes porque a la tarde los traía llenos de polvo y a la mañana siguiente aparecían relucientes y que mi mochila tenía un generador propio de pañuelos limpios.
Porque aceptó convertirse en "madre" de un perro, a pesar que no simpatiza con ninguna otra especie que habite este planeta que no sea la humana (y ni siquiera toda)... y pudieron convivir con bastante armonía por más de década y media.
Nunca escondí el hecho que a pesar de todo, casi todos los días hay un "hola mami..." (eso sí, nunca mamá, siempre mami, MC igual)
2.- Literatura
Primero para que la entrada tenga la calidad que las madres se merecen y segundo porque la divertida anécdota refleja muy bien la relación madres - hijos, o al menos, la mía en particular.
«Con los años llegaron los nietos. Mamá no se resignaba a ceder tan fácilmente ante nuestros conocimientos médicos. Y los chicos, todos lo sabemos, tienen el caprichoso hábito de enfermarse. Un mediodía, Gustavo, que entonces tenía apenas unos pocos días, estaba padeciendo una dermatitis del pañal. Lloraba y no encontrábamos la forma de calmarlo.Entonces intervino mi madre:"Puedo prepararle algo con clara de huevo.""Por favor, mamá. No quiero cosas raras."Mientras marcaba el número de la pediatra, le dije:"En estos días hay un llamado a concurso en la cátedra de Pediatría de la Facultad. Si querés podés presentarte... el cargo es para Profesor Titular."No dijo nada.Me comuniqué con la colega. Luego de los saludos, le pregunté por la medicación para mi hijo. Supongo que mi madre descubrió el desaliento y la vergüenza en mi cara, torpemente oculta con débiles monosílabos.Al final me animé a más."Ah... bueno... claro. ¿Así que eso es lo mejor? Gracias."En mi desconcierto hasta había olvidado de despedirme.Cuando colgué el teléfono me topé con la mirada de mi madre.Se hizo un instante de silencio. Yo no sabía qué hacer ni qué decir."¿Y... qué dijo la doctora?""Hacé como quieras... preparale "eso" ... con la clara de huevo"Tenía que alejarme. A los pocos pasos sentí como un mazazo en la espalda."Eduardo, ¿dónde hay que anotarse para el concurso?"No pude dejar de sonreir. Ella no necesitaba ponerse de frente para saberlo.»Hayrig II - Eduardo BedrossianEdit. Roberto Grancharoff e hijos. Abril 1995
3.- Mi suegra
Algunas semanas atrás estábamos los tres (vale aclarar, F., MC y yo) todos con diversas pestes y/o achaques.
Haciendo caso omiso de su madre, el susodicho se va de viaje igual. Yo le aseguro a mi suegra que MC y yo estamos bien, que no necesitamos nada y cualquier cosa yo la llamo, y ella se manda un "pero lo que no entienden es que yo necesito maternar a alguien y ustedes no me dejan!"
4.- Mis dos abuelas
Que con la excusa de "el embarazo mejora el asma" se dieron el gusto de tener otro hijo. El quinto para una y el cuarto para otra. En una época sin lavarropas, sin freezer, sin televisión, sin pañales descartables y en una época que la palabra "jardín" no tenía como primera aceptación "... de infantes".
Gracias a ellas tuve un padrino y un tío altamente malcriador.
5.- Mi "bisabuela"
Que siempre tenía una dosis de sugus y de paquetes de figuritas cada vez que la veíamos. Cuando ya estaba enferma e íbamos a verla al sanatorio, no fue la excepción para quedarnos sin los sugus surtidos ni los sobres colorados de frutillitas, porque nos decía que el médico era tan bueno le permitía bajar a comprar al kiosco de enfrente todos los días después del desayuno, sólo porque era para las bisnietas. Ponía cara de pícara y nos decía "por ustedes, dejo que todo el mundo me vea por la calle en camisón".
6.- Mi papá.
No, no es madre, ni tuvo que hacer de madre. Pero, como no hay madres sin padres, no dejemos de mencionar que el teórico kisoquero en realidad era mi papá, que como buen padre y nietastro político, le compraba los sugus por kilo y las figuritas por cajas.
7.- Martita
Curiosamente empieza con "ma" también. Es la señora que me cuidó desde chiquita.
Hace pocos días, casualidad o no, después de una bronca con mi mamá (y no de las tan habituales sino un poquito más) me entero a través de mi papá de esta curiosa anécdota:
Un día, antes que yo empezara a tener memoria, vaya uno a saber por qué motivo, mi mamá y Martita discuten y ésta última termina renunciando y dejando "en banda" a mi mamá.
A los dos o tres días vuelve, pero dejando en claro que "no es por ayudarla a usted, sino porque extraño mucho a las nenas".
Fue lindo enterarme durante ése día en particular, y también darme cuenta la integridad que tuvo de no decírmelo todos estos años para no desacreditar a mi mamá.
8.- Mi hija.
Cierro con el capítulo más importante y para ilustrarlo, una anécdota simpatiquísima.
Algunos días atrás caminando ambas por la calle, MC me señala la reciente publicidad de Bimbo, donde se ve la rebanada de pan con un gracioso dibujo en dulce de leche emulando una carita. Acto seguido me pregunta cuándo le toca ir con la abuela después del jardín. Mi pobre cerebro aletargado no podía comprender la extraña relación que podía existir entre la mencionada publicidad y el hecho que los días jueves mi suegra retira a MC del jardín.
Después de muchas indagaciones y alguna que otra reflexión entendí que lo que se esforzaba por hacerme entender es el hecho que esos días mi suegra y MC van a merendar a una confitería, con dulce de leche incluido para MC.
Descubrimiento Nº1: Mi hija creía que el dulce de leche en estado puro sólo era posible obenerlo en una confitería.
Dispuesta a enmedar con creces ése grave error nutricional, nos proveemos de un buen frasco de dulce de leche la salamandra.
Descubrimiento Nº2: además de todo, MC pensaba que el dulce de leche sólo existía en las dosis homeopáticas que sirven en las confiterías.
No puedo describir la cara de maravillada que tenía mi hija frente a un frasco de dulce de leche, con infinitas cucharadas. Pero traten de imaginarlo. Piensen por ejemplo cuál sería su emoción al descubrir algo que nos produce mucha satisfacción y que solemos conocerlo sólo en singular (ejemplo, billete de U$S 100, jeje) multiplicado por 50 o 100 y ahí tienen su carita.
Y encima de todo, en vez de recrminarme que por mi culpa, durante sus tres largos años no supo que podía existir ese placer tan al alcence de su mano piensa que soy algo así como quien descubrió una vacuna (sabor dulce de leche!) contra los dolores de panza, por ejemplo.
¿No son lo más estos peques?
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martes 13 de octubre de 2009
Asesinatos que no deberían estar penados por la ley

A otro conductor:
-el dominguero (especialmente cuando no es domingo),
-los colectiveros que te encierran o que te frenan a 3 mm,
-los tacheros que van por debajo de la velocidad mínima permitida (que también existe y ninguno respeta!),
-los que te rompen los tímpanos con la bocina como si por eso el semáforo se fuera a poner en verde
A un marido:
- Cuando por cualquier medio te da a entender que estás más gorda. Aunque sea sólo con un amable "el año pasado estabas demasiado flaca"
- Cuando se defiende de las cosas que no hace en casa porque "trabaja todo el día" (llegando casi al mediodía al trabajo)
- Cuando se queja porque te fuiste de viaje por trabajo, y tuvo que atender a la criatura él solito. Bueno, con ayuda de la señora que trabaja en casa, de la mamá que lo invita a comer, del delivery, de la cajita feliz de McDonalds , de la cajita mágica de Burger King, de la madre (otra vez) que le trae comida a casa, de los animadores de Casimiro... de hecho en vez de quejarme debería agenciarme tres o cuatro de éstas ideas para cuando el susodicho se hace la víctima que tiene que irse de viaje por trabajo, no?
(Aclaración: un atenuante en el caso del marido que SIEMPRE debe ser tenido en cuenta es la madre que le tocó)
A tu jefe/a:
- Cuando te hace preparar con urgencia una presentación o cualquier otro trabajo, y después el día que se lo tenías que llevar de forma imprescindible falta porque el hijo rinde "Natual History"
- Cuando de todos los destinos que hay que cubrir se elige los más turísticos y encima se hace el/la sacrificado/a porque son los más lejanos, o se inventa que son los más difíciles.
- Cuando organiza tu agenda personal a su placer y conveniencia, con una semana de anticipación... y encima después te la cambia.
A un vecino:
- Cuando es la cuarta vez en el año que te quiere romper el piso porque tiene una manchita de media milésima de milímetro cuadrado en el techo, que seguramente se le hizo del vapor de su propio baño. -
- Cuando deciden escuchar música, pasar la aspiradora o pelearse sábados y domingos a la mañana. Ojo, yo re defiendo el derecho de todo el mundo a pelearse, pero no en ése horario.
- Cuando se ponen a cocinar algo rico un domingo o feriado a la noche. Señores, de por sí ya es bastante inmoral, deshonesto e indecente cocinar mejor que una vecina, pero lo es muchísimo más cuando son días y horas en las que la gente normal no cocina en absoluto.
Se nota que los viajes relámpago me ponen así de tolerante, no?
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