miércoles, 30 de diciembre de 2009

Fin y Principio


Esta entrada
se viene como el balance de 2009,
haciéndole honor al nombre del blog...
a la que te criaste


Este año, sin ninguna intención de mi parte, el blog pasó a ser casi semanal.
En mi defensa debo decir que, subjetivamente hablando, no es que yo escriba menos, sino que el tiempo pasa cada vez más rápido.



Será por éste motivo que éste año se me complica mucho hacer un balance. Sencillamente no me entra en la cabeza que éstos últimos doce meses, 52 semanas + 1 día, 365 días o como quiera que lo llame, constituyan un año. Se me hace raro.
Más raro no poder ponerle un nombre a éste año que termina. No sé si fue bueno, malo, mediocre, masomenos, intenso, aburrido... tampoco sé por qué o ni siquiera si es tan importante hacerlo.
A nivel laboral me fue bastante mejor que el año pasado. ¿Suficiente? Para nada. A nivel familiar también mejor que el año anterior. ¿Conforme? Ni ahí (familia querida, sepa disculpar... es el típico "no sos vos, soy yo"). ¿Más feliz?... qué pregunta... creo que sí, pero ni yo sé bien (sí sé que si no lo sé yo, no sé quién lo va a saber...)
Al menos supongo que 2010 no vendrá tan confuso como 2009, o se va a tener que esforzar mucho para hacerle la competencia.
Creo que con eso cierro balance 2009 y que cada quien saque sus propias conclusiones, aunque me da bastante miedo autorizar a los demás a que lo hagan.

El tono de éste balance se extiende hacia los deseos para el año nuevo. En el fondo soy una ilusa nata, así que nunca dejo de esperar cosas buenas (y será por tanto esperar que nunca me terminarán por pasar) pero más auténticamente, o al menos basada en los 33 años anteriores (o 30 pongamosle, desde que tengo memoria más o menos) siempre en el transcurso de un año hay, por ejemplo:
1) por lo menos un día que desearíamos que no hubiera existido en el calendario,
2) algún conocido que se va a ir para no volver,
3) alguna decisión equivocadísima que hace que desearíamos más que nada en el mundo que existiera un botón "REW" para la vida y
4) tiempo perdido que nunca vamos a recuperar.

Aún así, esperemos que de lo primero haya uno sólo, tanto como para distinguir "dicha de quebranto" como decían Violeta y La Negra (cromática la cuestión de agradecerle a la vida).
De lo segundo que sea el primer año que se pueda evitar, o siendo más egoísta, que no nos toque muy de cerca.
De lo tercero aprender a aprender de eso en vez de seguir castigando nuestra cabeza contra la pared (que además ésta última pobre no tiene la culpa).
Y sí evitar lo último, que es lo que realmente está en nuestras manos, aunque como venía diciendo al comienzo de la entrada, es lo más dificil porque se nos va de las manos cada vez con mayor velocidad.

En otro orden de cosas, vengo leyendo mucho "Feliz 2010" y de hecho yo también pensaba, y bueno, un año más como cualquier otro.
¿Acaso nadie se da cuenta que cambiamos de década? ¿Será porque es la década del "0" y pareciera que no existe o que todavía estamos obnubilados con eso del 2000 (¡y del Y2K!) que esta pobre década del "10" entra tan desapercibida pobre. Es un poco confuso, tal vez empiece en 2011, pero al menos se nos fue la época de poner los dos huevos juntos siempre que escribamos el año entero.
Así que, y a pesar de todas las reservas expresadas más arriba acerca de ser más realistas en el año que comienza, les deseo a todos muy feliz año nuevo y una excelente nueva década.


martes, 22 de diciembre de 2009

Creencias


Cuando yo era chiquita, como MC o apenas mayor, tenía algunas creencias. Muchas mejor dicho, pasa que seguramente de la mayoría me olvidé. Y no estoy hablando de las creencias prefabricadas, del estilo de Papá Noel, los Reyes Mayos, el Ratón Perez, que si te tragabas un chicle te crece una planta en la panza o que a los bebés los traía la cigüeña desde París.

Me refiero a aquellas otras, más bien fabricadas por uno, seguramente con ayuda o consentimiento de los demás, pero sin duda más auténticas... y mucho más locas!

Por ejemplo, pensaba que los Peugeot 504 eran autos enojados, o cuanto menos, amenazantes. Que los abogados eran ex ahogados y el hecho de haber pasado por una experiencia tan traumática les daba autoridad para ayudar a la gente con sus problemas. Que al dueño del mercado (que no era chino en ése entonces) en realidad no le hacía gracia que nos lleváramos tantos productos por un magro montoncitos de billetes. Encima muchas veces además de la mercadería nos entregaba una pila más grande de billetes que la que nosotros le habías entregado. Pensaba que estábamos desplumando al pobre hombre y que éste veía con lástima cómo lo despojábamos de sus pertenencias. También pensaba que hada madrina era una ocupación como médico, maestra o electricista y no entendía por qué la gente no estaba interesada en seguirla. Creía que los cassettes (supongo que todos lo recuerdan) se grababan de a uno por vez y que para comer carne no hacía falta matar a nadie, se le quitaba ésa parte que luego al animal le volvía a crecer.

También creía que el 21 de diciembre era el día más largo porque traía más horas; no porque tuviera más horas de luz; y viceversa con el 21 de junio.

Hoy, treinta años después considero que en realidad es probable que el 21 de diciembre en realidad traiga alguna que otra horita extra porque es increíble la cantidad de cosas que uno es capaz de resolver en un día a ésta altura del año. Y también aclarar que deberían ponerle alguna hora de yapa aderde porque la verdad es que igual el tiempo no alcanza.

Ya que estamos hablando de creencias, hace años que creo que algún día voy a lograr irme de vacaciones en diciembre, zafar de reuniones y fiestas de compromiso y tan sin sentido, de las maratónicas sesiones de compras para estar presentable en éstas últimas y de una lista de obsequios que parece que le pasara lo mismo que lo que creía que le pasaba a la vaca en mi más tierna infancia: tachás uno, vuelve a crecer por otro lado.

Tanto me estresé este año que ya ni me importa qué me regalen o que lo hagan o no. La verdad es que mi satisfacción viene por el lado de los tres regalos que compré hoy que me encantaron (y no para mí, sino porque estoy disfrutando lo que van a disfrutar cuando los abran). Es super lindo saber qué regalar, y super estresante hasta que lo conseguís... eso sí mis piecitos lo pagaron caro (tanto que se premiaron otro par de zapatos... tampoco son tontos! o no confían demasiado en que serán recompensados por los demás tanto como ellos se esforzaron).

Pero hablando en serio, el hecho de que algún día pueda disfrutar de un mes de diciembre tranquilo y de fiestas relajadas, será solamente una creencia de la misma naturaleza que las que tenía de pequeñita?

viernes, 18 de diciembre de 2009

Jardin de infantes... y otras hierbas


Podría publicar una hermosa y colorida entrada describiendo el acto de fin de curso. No lo voy a hacer principalmente por el siguiente motivo: este espacio surgió por la necesidad de decir algo original de vez en cuando, y con la objetividad e imparcialidad que me caracterizan, especialmente como madre, no hay ninguna novedad ni sorpresa en informar que María Clara fue la estrella absoluta del evento. La más linda, la más graciosa, la más brillante, la que mejor actuó, la que mejor se portó, la que tenía el disfraz mejor hecho (aunque todos los haya hecho la misma modista), las ballerinas más lindas, y la más, más, más... lo que se les ocurra. Por supuesto en eso no hay ninguna novedad, ya se sabía. Que tal maravilla sea hija de quien suscribe es una pura y casual coincidencia.

Esta vez las novedades no estuvieron del lado del jardín, sino de lo que podríamos denominar las hierbas. Las otras hierbas, o yerbas (no quiero usar éste porque desde el momento en que no simpatizo mucho con el mate, lo haría peyorativo en sí) se componen del público presente, y lo que puede inferirse de él.

Por empezar, a pesar de todas las reservas que pueda tener respecto de las maestras jardineras, debo reconocerles dos cosas: la primera es la más importante y es que se nota que los chicos están muy cuidados y contenidos por ellas, porque a diferencia de lo que recuerdo de mi propio paso por el jardín o de lo que escucho de otros, no hubo ni un sólo nene que no quisiera subir al escenario o lo hiciera llorando, y multiplicado por alrededor de 100 nenes, es mucho decir. Por otro lado, si es que estas nobles mujeres eligieron su profesión porque después de dos o tres años de jardín (que es la cantidad de salas que se estilaban hace veinte-treinta-cuarenta años) aún se quedaron con muchas ganas de saltar en un escenario vestida de conejo o cantar canciones infantiles, hay que reconocer que encontraron la forma ideal y socialmente valorada de poder hacerlo; a diferencia de padres, abuelos y tíos que se desquitan haciendo lo mismo (o casi) fuera del escenario. No exagero, una hasta las orejas de conejo tenía.

Siguiendo con las otras (o directamente malas) hierbas, imaginen si multiplicamos la cantidad de alumnos por padres, abuelos, tíos, padrinos, primos, amigos, etc. Es un número considerable, tanto que conseguir ubicación para todos era prácticamente una misión imposible. A esta altura, todavía no entiendo cómo las autoridades del colegio no calcularon que gran cantidad de éste público no necesita asiento porque a pesar de reiteradas y amables solicitudes de silencio y orden siguen parándose a bailar al ritmo de música circense como si el objetivo fuera llamar la atención de sus hijos actuando sobre el escenario y no al revés. Señora mamá: ya sabemos que es muy aplicada, podemos apreciar que ya adquirió la capacidad de saltar en un pie y aplaudir al ritmo de la música, nos dimos cuenta que se aprendió toda la letra del concert aunque su pronunciación en inglés sea tal que no le vaya a ayudar a su crío en el futuro escolar, pero en cualquier caso, por favor, no le robe cartel a su hijo!

Otras malas hierbas que asfixian al público: Los padres digitales. Recuerdo la primera vez que viajé a un destino turísticamente internacional, en la era previa (muy, muy previa) a las cámaras digitales, lo que más nos había llamado la atención a mi hermana y a mí era ver a los japoneses, cuya ocupación no parecía ser pasear, sino sacar fotos y filmar. Con mi papá llegamos a la conclusión que en vez de viajar por placer, a los japoneses en realidad les debía resultar indiferente o hasta lo llegaban a padecer, pero hacían el sacrificio con el único objetivo de obtener fotos para deleitarse después.
Eso mismo sospecho de ésta generación de padres. ¿Tan poco confían en su retina que tienen que grabar hasta el discurso del nieto de uno de los primeros alumnos del colegio? (y eso que, hablando de retinas, la miope soy yo). Los nenes de esta generación van a necesitar otra vida para ver tantas fotos y tantos videos, si es que algún día les interesa hacerlo.

Sumando las dos situaciones anteriores nos encontramos con que tanto te preocupás por tranquilizar a tu vástago frente a esa situación nueva y caótica: "Cielo, mirá voy a estar en la tercera fila, al lado de papi, de los abuelos, de la tía...." cuestión que si le llega a agarrar pánico escénico sepa para dónde enfocar, o si quiere valorar cuánto brilló sobre el escenario lo mismo. En cambio el 80% de los pobres nenes se van a encontrar con su madre y/o padre embelesado no mirándolos a ellos sino su camarita (¿para qué verlo en vivo y en directo si podés hacerlo a través de un mini pantalla de, con suerte, 2.7 pulgadas?) o enajenado cantando, bailando y haciéndole la competencia.

La verdad es que si yo no los soporto ni un ratito, no me quiero imaginar las pobres docentes. Otra vez, mil y mis felicitaciones para ellas. Ahora, visto y considerando el público asistente, una sugerencia: ¿Sería muy difícil que cada nene además de su disfraz porte también un cartelón con su nombre, apellido y filiación completa? Así entre 15 tigres o 25 payasos uno puede distinguir más o menos al nieto, sobrino, hijo de, hermano de compañeritos, etc; y de paso evitamos los cotorreríos en sus diversas variantes:

- Estilo indicativo (en general se da de mujer a hombre): "Mirá a Irina... es la tercera desde la derecha... no, esa no, la tercera te dije... ahora es la segunda desde la izquierda... sí, la que tiene un rulo sobre la frente... y el lunar!!! no te das cuenta! esa... la está disfrazada de payaso" (junto con otros 19 payasitos)
- Estilo biográfico (favorito de las abuelas, tías abuelas, y señoras grandes en general): "Ese es el sobrino nieto de la amiga de Rosalba... no, no de la hija que es cardióloga, sino de la arquitecta... sí, esa que cuando era chica bizqueaba, pero después de grande se puso linda... sí, ella, pero no, al final no se casó con el belga, qué desperdicio... al chico lo tuvo con un empleado del padre, un vivo... no sé creo que ni siguen juntos... qué rico el nene"
- Estilo "selección de embriones" (específico de familiar con pretensiones desmedidas) : "¿Te parece que el de la punta es Laureano? no, seguro que no, el hijo de mi sobrina es más alto, y más rubio, y más flaco... además es super inteligente, no lo pondrían en la punta, ahí ponen los que no hay forma que aprendan la coreografía, Laureano es el medio, mirá bien... si el protagonista, seguro es ése" (y, vaya casualidad, todos los familiares que se pueden permitir un grado de duda, se agencian como parientito al nene del medio, tanto disfraz ayuda y mucho)

Cerrando el capítulo de malas hierbas, brevemente recordemos algunos modales que no son del todo adecuados para subir al escenario para acompañar a tu hijo de cinco o seis años que termina jardín:
- Ir en short, aunque sea o de Escada, no va;
- Quedarte en primer plano en plan sesión de fotos para revista Chacra cuando ya llamaron al nene que sigue no va,
- Cargar tus pestañas con tres litros de rimmel sabiendo que vas a llorar como si tu hijo en vez de terminar preescolar hubiera repetido, no va;
- Vestido de fiesta no va (los únicos autorizados para disfrazarse eran los nenes, se sabe)
- Subir con tu bebé de meses que llora como un descosido no va (especialmente cuando convocaste a toda la familia con hasta cinco grados de parentesco);
- Ombligo al aire, aunque haga calor y vayas a parir mañana, no va;
- Ponerse a filosofar sobre los beneficios de la toería piagetiana o cuánto bajó el merval, total a tu hijo ya le dieron el diploma, no va;
- Enviar sms mientras esperás que llegue el turno del tuyo, tampoco.

Llegado a éste punto es una suerte, y no ya sólo para mí, que no haya otro acto tan multitudinario hasta dentro de un año.

Pero reconozco que en el fondo soy humana, y si tuviera otro carácter seguramente me hubiera llorado la vida, y otra media más también. Por las dudas, no usé rimmel.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Son cosas mías

Hoy, como soy una paciente sumamente obediente (?????) cumplí con lo que, espero, sea la última cita médica de 2009. A 24 días que termine el año, tampoco es ninguna proeza.
Como a medida que uno envejece se va pareciendo cada vez más a su familia, obviamente no escapé al mandato familiar de los cálculos en la vesícula.

Hoy bajo coacción de la doc fui a ver al cirujano. Al menos no soy como un tío mío que el cardiólogo le dijo "Si no deja de fumar no venga más a verme", y dicho y hecho, no fue más a verlo.
Entonces la doc me mandó a ver a este equipo de cirujanos, "todos divine" así tan fashion como su forma de hablar.

Para ellos, una rutina. Pero si bien ellos tendrán en su haber chiquicientas vesículas biliares, yo tengo una solita y supongo que el de arriba, la evolución o quién sea, si puso un órgano ahí es porque alguna función cumple; más que entretener cirujanos.

Porque dicho sea de paso; uno de los motivos por el que quieren operarme es sencillamente "nos encanta operar" (ven mucho Grey´s Anatomy éstos muchachos parece). Sí vale, me encanta que les encante su laburo, pero en lo que a mí misma respecta sería mejor que con esa actitud fueran cosmetólogos o masajistas (aunque la verdad es que tampoco me gusta mucho que me toquen).
Además se ve que les encanta mucho más operar después de año nuevo. Con lo cual esperan que encima de todo uno pase las fiestas con una dieta a base de hinojo, escarola y rúcula sin condimentar, gelantina y té con limón. No es justo.

Para terminar de embarrarla "ya que estamos, te operamos también del reflujo" y ante mi mirada de asesina serial en situación de larga abstinencia agrega con cara simpática "si total vos vas a estar dormida".

Y en ése preciso momento tomé nota mental de retrucarle a la doc cuando la vuelva a ver (si es que lo hago, claro) "y a mí qué me importaba que los cirujanos sean divine si yo voy a estar dormida".

Pero un dato importante obtuve de la consulta, no lo voy a negar: ya sé mi fecha de caducidad. Aparentemente será entre 2056 y 2059. Al menos si nos dejamos guiar por el comentario de "¿y por qué no te querés operar? De 80 años que vas a vivir, querés estar otros 50 tomando medicamentos para el reflujo?"
La verdad es que desde un tiempo a ésta parte tengo la sensación cada vez más fuerte de que no voy a llegar a muy viejita, pero de ahí a que venga otro a ponerte fecha de vencimiento hay un trecho nada despreciable.

En el fondo, y más aún recordando que hoy hace exactamente dos años que empezara mi crash-boom-bang a nivel salud, debo agradecer que en definitiva se trate "de rutina". Pero poniendo las cosas en perspectiva (la mía, por supuesto) digamos que a mí mi dedo me interesa mucho más que cualquier otra cosa sorprendente, impresionante o enorme que pueda encontrar un cirujano. Y sólo porque es mío.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Todavía no te fuiste y ya te extraño


No, no hablo del marido, sino de una serie de costumbres para los porteños contemporaneos en 2009:

- Visitar el super e irte con los productos en la bolsita sin tener que llevarla desde casa ni pagarla.
- Comprar medicamentos de venta libre en casi todos lados y sin tener que pedirlos al farmacéutico. (algo imprescindible para una persona tan adepta a la automedicación y con menos diez de tolerancia al dolor).
- Bajar desde música, hasta libros, películas y series sólo con el abono de la banda ancha.
- Bañarnos hasta que se nos arruguen los deditos , lavarnos los dientes con el agua corriendo (todo con un abono según metros cuadrados y con una tarifa de metrogas que era el único servicio con tarifa razonable).
- Tirar la basura toda en la misma bolsa, y poder sacarla todos los días para que se la lleven.
- Usar lamparitas incandescentes a libre albedrío sin someter a nuestros fatigados ojitos a la tortura de las de bajo consumo.

Sí, ya sé, parece que tuviera cero conciencia ecológica, pero es tan cómodo (y aparte bolsas de papel en el super tampoco nos van a dar)

Soy malísima haciendo futurología, pero me da la impresión que falta poco para que todas estas cosas pasen a formar parte del "te acordás cuando..."

domingo, 29 de noviembre de 2009

Autoridad

Supongamos que tu madre decide que es hora de aprender a dormir en silencio en verano y se dispone a cambiar su antiguo aunque hiperfiel Siam por un moderno split frío-calor.

No importa que poco tiempo antes vos misma te hayas casado y por eso mismo ya conozcas todas las marcas, modelos, colores y apellidos del mercado de los aire acondicionado.
Tampoco importa que el yerno sea ingeniero y aunque no se dedique a esto, un poco entiende.
Se le puso en la cabeza que quiere la marca X. Indagando un poquito, te enterás que porque se la recomendó el portero (no es broma).
Bueno, no importa. Si tu madre es feliz creyéndole al portero antes que a personas con algo más de autoridad, problema de ella.

Generosamente vas a toda casa de electrodomésticos, supermercado, tienda de departamentos "y demás negocios del ramo" con un papelito con la marca, modelo y especificaciones anotadas a ver dónde conviene comprarlo.
En el transcurso de estas excursiones, sos el hazmerreir de todo vendedor, asistente y encargado de sector: "pero no te conviene esa marca, por menos plata compras uno mejor" "esa marca se va a dejar de fabricar, después no vas a conseguir repuestos" "estás pagando la marca, y por esa misma plata comprás éste otro que es muchísimo mejor".

Te ahorrás las ganas de decirle "yo pienso exactamente lo mismo, pero mi vieja no la entiende porque el portero opina otra cosa" y en deferencia a tu madre ponés cara de inexperta en el rubro y respondés con un lacónico "es que no es para mí, a mí me mandaron a comprar éste" como si estuviera ante el almacenero a los 8 años rogándole que me diera lo que me había mandado a buscar mi madre porque sino se me armaba en casa.

Cuando inocentemente le comento a mi madre lo que opinan los vendedores, soy otra vez el hazmerreir "pero no aprendés más vos. Los vendedores te quieren vender lo que les conviene a ellos, no me vas a decir que te dejas llevar por lo que dicen esos interesados, no podés creerle a todo el mundo, tenés que ser un poco más piola". Ok, ok, otra vez como si tuviera 8 años.

La cuestión es que finalmente le vas a tu madre con el dato de dónde le conviene comprarlo, qué día, con qué tarjeta y en qué sucursal tienen suficiente stock.
Al día siguiente se aparece con que ya lo compró. En otro negocio, de otra marca, nada que ver. Cuando indagás el por qué de tal decisión, y haciendo a un lado el trabajito chino que te mandaste de ver dónde le convenía comprarlo, te responde "y... porque el vendedor me lo elogió tanto".
Sin palabras.

(Ahora que lo pienso, lo único que hubiera faltado es que le diga al portero que no le hizo caso basándose en mi propia influencia. Vale aclarar que la marca nueva tampoco era ninguna de las que le habíamos recomendado otras personas cercanas, por supuesto).

Otra de hace pocos días (que inspiró el post finalmente):

Cuando tu amiga (soltera) va a comprarse box spring + colchón nuevo en tamaño extra queen te pide recomendación por el mismo motivo mencionado más arriba.
Por lo menos me escucha, lo reconozco.
Me pide que la acompañe en su recorrida a ver por cual se decide. Convengamos que dos chicas solas yendo a ver colchones se puede prestar a cualquier interpretación, pero no importa, tu amiga se lo merece.
Escuchamos cualquier cantidad de diatribas acerca de la cantidad de resortes, de la importancia del sistema de resortes independientes (aunque vaya a dormir una sola persona el él), de la peligrosísima amenaza para la salud que representan los ácaros, si existen de verdad o no los colchones que no necesitan que se los de vuelta, la ingravidez, y no sé cuántas cosas más de las cuales uno ni se entera mientras está dormido.
El análisis de tantos datos, junto con la tabla de precios y las laberínticas fórmulas de descuento reducían la elección claramente hacia tres modelos.
A los pocos días me entero que la elección final recayó sobre uno totalmente descartado por motivos varios:
"Es que lo estuve pensando (pensar es hacer abuso de la palabra) y la verdad es que el color de éste es el que más me gustaba"...
Ahhhh, hubiéramos empezado por ahí... es que sábana no le pensabas poner acaso?
Por lo menos tuvo la gentileza de consolarme con un "pero al menos ya sé que vi todos y me quedo tranquila que elegí el mejor"

Otra amiga, pocos meses antes:

Se decide a comprarse una notebook. No sabe muy bien para qué, pero la quiere. Sus actividades no van más allá del solitario, el MSN, el paquete Office (paquetito más bien, por lo que lo usa) y paremos de contar. Pero tiene que ser de marca. Y no AMD, tiene que ser Intel. Fueron horas, muchas, las que dedicamos a analizar cada producto existente en el mercado actual.
Por suerte, esta vez la frustración recayó más sobre un amigo bien friki que dejaba en evidencia todos los caprichos por el estilo: por qué una note si no la iba a mover de la mesa donde la iba a apoyar? Por qué no esperar a que vengan con el windows 7, si total no es que la necesita urgentemente para un trabajo. Supongo que finalmente más de uno de nosotros entendimos (por fin!) que parece que la computadora también es un objeto de status y decorativo, y de hecho muchas veces cumple esas funciones antes que otras para las cuales fue originalmente diseñada.

Finalmente (sí, sí, a esta altura ya deben haber adivinado) la elección recayó sobre una que no cumplía casi ninguno de los requisitos mencionados más arriba, ni los exigidos por la compradora ni los aconsejados por los un poco más entendidos. El motivo de la elección: "porque me encantó el color". El externo vale aclarar, no la calidad de imagen ofrecida por el LCD.
Cabe mencionar también que por mucha marca y color fashion que tiene, como pronosticábamos, esa computadora se mueve menos que una desktop, no se cambia ni de escritorio.


De nuevo sin palabras. Y sin autoridad. Con familia y amigos así es realmente reconfortante sentir cuánto te escuchan las paredes.

Con semejantes antecedentes en cuanto a la influencia que ejerzo sobre las personas, para que mi hija me haga caso, ¿Voy a tener que empezar a decirle que haga lo opuesto de lo que pienso?

Como nota al margen, no sé si estoy rodeada de personas demasiado influenciables o debo sacarme el sombrero frente a más de un colega.

martes, 24 de noviembre de 2009

Aquelarre

Nunca mejor elegidas las imágenes


Creo que son varias las veces que manifesté por aquí que no soy muy adicta al saludo; y ni qué decir del saludo argentino, lleno de besuqueos hipócritas. Podría haber escrito una entrada al respecto en tono bien quejumbroso y reivindicador, acerca de esa gente que es tan maleducada y sin embargo se considera la mejor discípula de Eugenia de Chikoff sólo porque da unos 80 besos falsos al día.

Sin embargo, no estoy con ánimo para eso hoy (rarísimo, disfruten que dura poco) así que mejor aprovecho la cuestión de los besos (y esta vez hablo de los de verdad) para contar una pequeña anécdota de ayer con mi papá, y de paso. ya que estamos, al final, reivindicar a los que nacimos o fuimos criados en esta condición de malos estructurales.

Mi papá, como el glotón que desprecia un caramelo porque está lleno de chocolates, ya que mimos tiene de más, a veces se da el lujo de hacerse el cansado de recibir tantas atenciones.

Ayer se dio el siguiente diálogo cuando mi papá estaba en ésta actitud:

L: Y yo que sólo te quería hacer unos mimos... qué malo!
P: Hice un master con el diablo
L: Teníamos a quién salir entonces
P: Mejor que eso. Uds. dos (su descendencia) se han perfeccionado
L: Qué malooooooo!

Lo peor es que no me terminó de quedar muy claro al final cuál de los dos es más malo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Por las dudas...

Casi nunca reenvío cadenas de mails, muchísimo menos esas que "tienes que pasárselo a 8 personas para que el amor dure 8 años más" (porque para peor al año uno puede arrepentirse)... pero después me puse a pensar, por ahí no me pasa casi nada bueno por no seguir esas cadenas no?
Como todos sabemos, las brujas no existen, pero que las hay, las hay (y es algo que compruebo cada mañana cuando llego a trabajar), así que aquí va lo que me llegó:



No sé si por blog funciona, pero probemos. Si alguien la quiere en modo tradicional (por mail), me avisa. Ahora voy a conseguirme más lectores así la prosperidad me llega como esas cremas que hay que ponerse antes de ir a dormir para amanecer transformada en una belleza... en realidad mejor no, porque aunque he probado cremas se ve que éste rostro no tiene arreglo (espero que la mala racha sí).
Lakshmi, estás?

lunes, 9 de noviembre de 2009

Revancha


Cuando tu blog ya pasó su primer cumpleaños, en general se te terminan esos posts de "cumple-algo...", al menos si uno quisiera no ser reiterativo.
A pesar que hoy se cumplen cuatro, y no tres que me enteré que iba a ser mamá, el post podría haber sido el mismo que el del año anterior.
Pero no.
Aunque los hechos son los mismos, eso no significa que no podamos jugar con ellos y sacarle nuevos significados.
Hace un par de días hablaba con una amiga, amiguísima, con la que a pesar que el cariño permanece intacto, estamos en una mala época para mantenernos en contacto.
En un momento de la conversación reflexiona "parece mentira, el lunes van a ser siete años que me casé".
Y así mi mente voló ése tiempo hacia atrás, al día de ése casamiento, a uno de esos momentos, que supongo que tenemos todos, de sentirnos los seres más miserables del planeta.
Y no por envidia, ni de la sana, ni de la otra, por ése casamiento por todo lo alto, ni por el novio que parecía sacado del book de una agencia de modelos; sino porque en esas ocasiones es inevitable, o al menos para mí, hacer paralelismos por el estilo; y al caer que tu amiga, de tu misma edad, educación, etc, etc, está en la plenitud de su vida y en cambio vos en una relación sin futuro (de hecho cortamos unas dos semanas después) y pensando que todo eso del casamiento, el novio cariñoso, los hijos y demás nunca van a ser para vos siempre deprime un poco, o bastante.

Eso fue el 9 de noviembre de 2002. El de 2005 me enteré que MC venía en camino.

Son extraños los vericuetos de la memoria. Para mí ése casamiento había sido importante, y es de destacar que los dos primeros aniversarios no me los olvidé.

A partir del tercero me lo olvidé no sólo porque tenía alguien más que (auto) felicitar, aunque a la mayoría de la gente le suene re loco que me siga acordando y festejando esto y por ése motivo lo hagamos en privadísimo, sino porque cerca de esa fecha A. y su marido decidieron que no valía la pena celebrar más aniversarios.

A. siguió probando, tuvo otra pareja que a todos nos caía fantástico, que después de todo casarse cuando se es tan joven a veces no es negocio y demás. Pero lamentablemente tampoco funcionó. A nivel profesional su vida es envidiable, y no sólo eso sino que a puro esfuerzo propio; pero lo demás, sigue... mejor no pregunten, gracias.

Pero en definitiva, aunque no sean más que casualidades, a veces las fechas, eso que parece algo tan sin sentido y sólo para hacer quedar mal a la gente que no las recuerda, sirve para ver dónde está parado cada uno, y que las cosas no son tan definitivas como uno las ve en el presente.
Así, hace siete años yo pensé que nunca me iba a casar, ni tener hijos en franco contraste con las maravillosas perspectivas que, parecía, se les abrían a los protagonistas de la boda en cuestión.

Pocos años después la situación era exactamente la opuesta.
Curioso. Y más curioso es que no haya hecho la relación hasta cuatro años después.

Y ya que estamos... desde hace cuatro años hasta ahora hubo y hay bastante nubarrones... será demasiado pedir otra revancha?... aunque sé que en algunos aspectos estamos mejor que el año pasado, en una situación bien parecida.

Y ya que estamos (II) un día como el de hoy en Buenos Aires, con lluvia, sol y granizo al mismo tiempo, no es la perfecta analogía del estado de ánimo "¿y a mí qué demonios me está pasando que lloro y me rio al mismo tiempo?"

Y ya que estamos (III) muy "numerológicos" con cosas sin sentido, gracias a lilypie me acabo de enterar que el 11/11 María Clara cumple 3 años, 3 meses, 3 semanas y 3 días...

Lilypie Fourth Birthday tickers

domingo, 8 de noviembre de 2009

El subte se entierra sólo

A ver si alguien se toma el arduo trabajo de explicarme una cosa: para qué sirve hoy en día el subte en Buenos Aires?
De momento, y si el conflicto Gobierno Nacional versus Gobierno de la Ciudad continúa en éstos términos la cuestión será eterna, no son demasiados los afortunados que tienen una vida tan recta como un trayecto directo de subte que es para lo único que sirve, porque ya ni siquiera es útil para ahorrar tiempo.

A lo largo de los años fui sumándole cada vez más desventajas al uso del subte:

Primero y principal, es horrible viajar sin saber por dónde estás yendo. Es más lindo divagar mirando algún paisaje y no contando las luces del túnel a ver cuánto falta para la próxima estación.
Pero ahorrabas tiempo.
Segundo, en relación con lo anterior, además de que no es apto para la gente con tendencia a la claustrofobia, lo es mucho menos para los que sufrimos en el andén cada vez que alguien pasa detrás nuestro y tenemos esa sensación que nos va a empujar a las vías, aunque nunca hemos visto que le haya pasado a alguien.
Pero se llegaba rápido.
Tercero, es casi imposible llegar a destino "planchado y fresco como una lechuga"... pero como llegabas rápido, con suerte ni te arrugabas, ni te marchitabas del todo.
Cuarto: empezó a ser muy difícil eso de llegar a destino con la misma cantidad de pertenencias con la que saliste de casa. Ojo, ningún medio de transporte está exento de robos, cuando estás con el auto, incluso es peor porque puede ser el auto mismo, con la proporcional violencia que eso conlleva, pero después de la calle, en el subte es el lugar donde más veces me han robado.

Así que probablemente, aunque al llegar a destino ya no tuvieras eso por lo cual tenías que llegar a ése destino, llegabas bastante rápido.

Ayer, apremiada por el tiempo, un poco más que de costumbre, decidí que, a pesar de los cuatro puntos anteriores, el subte seguía siendo la mejor opción... que baste con decir que tardé casi hora y media en un trayecto que en colectivo hubiera tardado una hora, o menos. Y que conste que ayer no había paro de subtes ni nada parecido (teóricamente, claro), y que hoy escribo ésto no desde la furia por la inoperancia ajena, sino desde la placidez de un sábado a pura siesta.

No sé si el reclamo de los trabajadores de subte es justo o no, problablemente lo sea, pero con la escasa red actual y el lamentable servicio creo que se están enterrando solitos.

A ver si alguien me hace el favor de sugerirme un medio de transporte adecuado: subte, descartado, tren no llego a ninguna parte de las que tengo que ir (y quitando la claustrofobia, aplica casi todo lo del subte, creo), en taxi o remise, además de que no es apto para usarlo a diario (salvo cuando va a cargo de la empresa, obvio!) encima hay que darle charla al conductor, lo que me molesta soberanamente, ni que decir lo que se sufre cuando éstos son aspirantes frustrados del TC2000, en colectivo, hay que rezarle a tres o cuatro santos para llegar a destino en una pieza, con vehículo propio los nervios por el tránsito se te disparan multiplicados por un millón, y si conseguir lugar para estacionar te suele llevar más tiempo que esperar cualquier medio de transporte, ni hablemos que en general la caminata es más de una parada (eso sin contar a distraídos como mi amiga L. que nunca se acuerda dónde estacionó el auto).
Más opciones no se me ocurren... salvo encontrar un trabajo donde me reserven una cochera (al lado de la puerta de acceso, por supuesto!)
De todos modos, tengo una especie de pariente bastante cercano que acaba de llegar a Mexico D.F. que escribe que el tránsito del microcentro porteño es un chiste en comparación con el de allá y que los porteños somos unos quejosos. Ahora, apuesto que a la vuelta el susodicho se va a seguir quejando tanto o más que antes...

sábado, 31 de octubre de 2009

De la puerta para adentro


Cuando tenía como 8 años me sorprendí al enterarme que el gentilicio de los naturales de la ciudad de Buenos Aires se denominaba "porteño" por la importancia de su puerto.
Si a esa edad ya no era muy inteligente, imaginense al punto al que hemos descendido unos 25 años después: Hasta ahora nunca se me había ocurrido demasiado relacionar puerto con puerta.

De éste Octubre tan interior que tuve, y no por dedicarme a la reflexión o meditación, sino geográficamente hablando, llegué a la conclusión que los porteños vivimos como en una puerta. O sea en ningún lado.

Parece que los porteños de por sí no existimos. Al menos en una mesa de ocho personas era la única "porteña de pura cepa" y por más que trataron de indagar, y que forcé mi memoria al máximo, no pude relacionarme con ninguna provincia, ciudad o país (la puerta es también para ir hacia afuera, por qué no). Mi noviazgo con un uruguayo (lametntable, entre paréntsis) tampoco sirvió demasiado para hacer de mí una persona con raíces en algún lado.

Por primera vez sentí que esto de vivir en Buenos Aires era como no pertenecer a ninguna parte. Estás en el medio de todo, pero es como si estuvieras en la puerta, o sea en un lugar de paso. Pero convengamos que estar ahí, por más que te pisoteen, no deja de ser extramadametne cómodo.
De todas maneras no puedo dejar de destacar (y envidiar un poco): la siesta santafecina (no sólo está buenísima, sino que no es considerada un lujo, más bien se toma como necesidad), la increíble paz santaroseña, la belleza salteña (al menos desde la ventana se veía fantástico), las empanadas tucumanas, la infinita amabilidad y cordialidad bahiense.

Como verán volví toda amor y paz; pero dudo que me dure mucho más que éste día (y sólo porque es Todos los Santos).

domingo, 18 de octubre de 2009

Breves sobre las madres

(Esto es abuso de obra, lo sé. Pero no es mi culpa que dos veces en este mismo blog una imagen vaya tan bien!)

El año pasado, por diversos motivos no estaba de humor para festejar, ni publicar nada sobre, el día de la madre.
Vamos a desquitarnos éste año. Por capítulos.

1.- Mi madre

Aunque suene a frase hecha, por todo lo que uno no valora en su momento y entiende después. Empezando por los meses de diabetes gestacional y la consecuente dieta estricta por meses. Yo hace cinco días que intento algo parecido a comer como una persona normal y por motivos mucho más egoístas y casi que no sobrevivo a la experiencia (menos mal que mi vida, ni mucho menos la de nadie más, dependen de eso)
Porque hasta los 17 años gracias a ella pensaba que las camisas se lavaban y planchaban solas al ritmo de una diaria, que los botones se cosían solos porque nunca estuvieron fuera de su sitio más de 10 minutos en su presencia, que mis zapatos eran auto-lustrantes porque a la tarde los traía llenos de polvo y a la mañana siguiente aparecían relucientes y que mi mochila tenía un generador propio de pañuelos limpios.
Porque aceptó convertirse en "madre" de un perro, a pesar que no simpatiza con ninguna otra especie que habite este planeta que no sea la humana (y ni siquiera toda)... y pudieron convivir con bastante armonía por más de década y media.
Nunca escondí el hecho que a pesar de todo, casi todos los días hay un "hola mami..." (eso sí, nunca mamá, siempre mami, MC igual)

2.- Literatura

Primero para que la entrada tenga la calidad que las madres se merecen y segundo porque la divertida anécdota refleja muy bien la relación madres - hijos, o al menos, la mía en particular.

«Con los años llegaron los nietos. Mamá no se resignaba a ceder tan fácilmente ante nuestros conocimientos médicos. Y los chicos, todos lo sabemos, tienen el caprichoso hábito de enfermarse. Un mediodía, Gustavo, que entonces tenía apenas unos pocos días, estaba padeciendo una dermatitis del pañal. Lloraba y no encontrábamos la forma de calmarlo.
Entonces intervino mi madre:
"Puedo prepararle algo con clara de huevo."
"Por favor, mamá. No quiero cosas raras."
Mientras marcaba el número de la pediatra, le dije:
"En estos días hay un llamado a concurso en la cátedra de Pediatría de la Facultad. Si querés podés presentarte... el cargo es para Profesor Titular."
No dijo nada.
Me comuniqué con la colega. Luego de los saludos, le pregunté por la medicación para mi hijo. Supongo que mi madre descubrió el desaliento y la vergüenza en mi cara, torpemente oculta con débiles monosílabos.
Al final me animé a más.
"Ah... bueno... claro. ¿Así que eso es lo mejor? Gracias."
En mi desconcierto hasta había olvidado de despedirme.
Cuando colgué el teléfono me topé con la mirada de mi madre.
Se hizo un instante de silencio. Yo no sabía qué hacer ni qué decir.
"¿Y... qué dijo la doctora?"
"Hacé como quieras... preparale "eso" ... con la clara de huevo"
Tenía que alejarme. A los pocos pasos sentí como un mazazo en la espalda.
"Eduardo, ¿dónde hay que anotarse para el concurso?"
No pude dejar de sonreir. Ella no necesitaba ponerse de frente para saberlo.»

Hayrig II - Eduardo Bedrossian
Edit. Roberto Grancharoff e hijos. Abril 1995
3.- Mi suegra

Algunas semanas atrás estábamos los tres (vale aclarar, F., MC y yo) todos con diversas pestes y/o achaques.
Haciendo caso omiso de su madre, el susodicho se va de viaje igual. Yo le aseguro a mi suegra que MC y yo estamos bien, que no necesitamos nada y cualquier cosa yo la llamo, y ella se manda un "pero lo que no entienden es que yo necesito maternar a alguien y ustedes no me dejan!"

4.- Mis dos abuelas

Que con la excusa de "el embarazo mejora el asma" se dieron el gusto de tener otro hijo. El quinto para una y el cuarto para otra. En una época sin lavarropas, sin freezer, sin televisión, sin pañales descartables y en una época que la palabra "jardín" no tenía como primera aceptación "... de infantes".
Gracias a ellas tuve un padrino y un tío altamente malcriador.

5.- Mi "bisabuela"

Que siempre tenía una dosis de sugus y de paquetes de figuritas cada vez que la veíamos. Cuando ya estaba enferma e íbamos a verla al sanatorio, no fue la excepción para quedarnos sin los sugus surtidos ni los sobres colorados de frutillitas, porque nos decía que el médico era tan bueno le permitía bajar a comprar al kiosco de enfrente todos los días después del desayuno, sólo porque era para las bisnietas. Ponía cara de pícara y nos decía "por ustedes, dejo que todo el mundo me vea por la calle en camisón".

6.- Mi papá.

No, no es madre, ni tuvo que hacer de madre. Pero, como no hay madres sin padres, no dejemos de mencionar que el teórico kisoquero en realidad era mi papá, que como buen padre y nietastro político, le compraba los sugus por kilo y las figuritas por cajas.

7.- Martita

Curiosamente empieza con "ma" también. Es la señora que me cuidó desde chiquita.
Hace pocos días, casualidad o no, después de una bronca con mi mamá (y no de las tan habituales sino un poquito más) me entero a través de mi papá de esta curiosa anécdota:
Un día, antes que yo empezara a tener memoria, vaya uno a saber por qué motivo, mi mamá y Martita discuten y ésta última termina renunciando y dejando "en banda" a mi mamá.
A los dos o tres días vuelve, pero dejando en claro que "no es por ayudarla a usted, sino porque extraño mucho a las nenas".
Fue lindo enterarme durante ése día en particular, y también darme cuenta la integridad que tuvo de no decírmelo todos estos años para no desacreditar a mi mamá.

8.- Mi hija.

Cierro con el capítulo más importante y para ilustrarlo, una anécdota simpatiquísima.
Algunos días atrás caminando ambas por la calle, MC me señala la reciente publicidad de Bimbo, donde se ve la rebanada de pan con un gracioso dibujo en dulce de leche emulando una carita. Acto seguido me pregunta cuándo le toca ir con la abuela después del jardín. Mi pobre cerebro aletargado no podía comprender la extraña relación que podía existir entre la mencionada publicidad y el hecho que los días jueves mi suegra retira a MC del jardín.
Después de muchas indagaciones y alguna que otra reflexión entendí que lo que se esforzaba por hacerme entender es el hecho que esos días mi suegra y MC van a merendar a una confitería, con dulce de leche incluido para MC.
Descubrimiento Nº1: Mi hija creía que el dulce de leche en estado puro sólo era posible obenerlo en una confitería.
Dispuesta a enmedar con creces ése grave error nutricional, nos proveemos de un buen frasco de dulce de leche la salamandra.
Descubrimiento Nº2: además de todo, MC pensaba que el dulce de leche sólo existía en las dosis homeopáticas que sirven en las confiterías.
No puedo describir la cara de maravillada que tenía mi hija frente a un frasco de dulce de leche, con infinitas cucharadas. Pero traten de imaginarlo. Piensen por ejemplo cuál sería su emoción al descubrir algo que nos produce mucha satisfacción y que solemos conocerlo sólo en singular (ejemplo, billete de U$S 100, jeje) multiplicado por 50 o 100 y ahí tienen su carita.
Y encima de todo, en vez de recrminarme que por mi culpa, durante sus tres largos años no supo que podía existir ese placer tan al alcence de su mano piensa que soy algo así como quien descubrió una vacuna (sabor dulce de leche!) contra los dolores de panza, por ejemplo.
¿No son lo más estos peques?

martes, 13 de octubre de 2009

Asesinatos que no deberían estar penados por la ley


A otro conductor:

-el dominguero (especialmente cuando no es domingo),

-los colectiveros que te encierran o que te frenan a 3 mm,

-los tacheros que van por debajo de la velocidad mínima permitida (que también existe y ninguno respeta!),

-los que te rompen los tímpanos con la bocina como si por eso el semáforo se fuera a poner en verde

A un marido:

- Cuando por cualquier medio te da a entender que estás más gorda. Aunque sea sólo con un amable "el año pasado estabas demasiado flaca"

- Cuando se defiende de las cosas que no hace en casa porque "trabaja todo el día" (llegando casi al mediodía al trabajo)

- Cuando se queja porque te fuiste de viaje por trabajo, y tuvo que atender a la criatura él solito. Bueno, con ayuda de la señora que trabaja en casa, de la mamá que lo invita a comer, del delivery, de la cajita feliz de McDonalds , de la cajita mágica de Burger King, de la madre (otra vez) que le trae comida a casa, de los animadores de Casimiro... de hecho en vez de quejarme debería agenciarme tres o cuatro de éstas ideas para cuando el susodicho se hace la víctima que tiene que irse de viaje por trabajo, no?

(Aclaración: un atenuante en el caso del marido que SIEMPRE debe ser tenido en cuenta es la madre que le tocó)


A tu jefe/a:

- Cuando te hace preparar con urgencia una presentación o cualquier otro trabajo, y después el día que se lo tenías que llevar de forma imprescindible falta porque el hijo rinde "Natual History"

- Cuando de todos los destinos que hay que cubrir se elige los más turísticos y encima se hace el/la sacrificado/a porque son los más lejanos, o se inventa que son los más difíciles.

- Cuando organiza tu agenda personal a su placer y conveniencia, con una semana de anticipación... y encima después te la cambia.

A un vecino:

- Cuando es la cuarta vez en el año que te quiere romper el piso porque tiene una manchita de media milésima de milímetro cuadrado en el techo, que seguramente se le hizo del vapor de su propio baño. -

- Cuando deciden escuchar música, pasar la aspiradora o pelearse sábados y domingos a la mañana. Ojo, yo re defiendo el derecho de todo el mundo a pelearse, pero no en ése horario.

- Cuando se ponen a cocinar algo rico un domingo o feriado a la noche. Señores, de por sí ya es bastante inmoral, deshonesto e indecente cocinar mejor que una vecina, pero lo es muchísimo más cuando son días y horas en las que la gente normal no cocina en absoluto.


Se nota que los viajes relámpago me ponen así de tolerante, no?



lunes, 5 de octubre de 2009

Accesibilidad

Y no estoy hablando de servicios precisamente.
Así como ahora se habla mucho de ser proactivo, saber controlar el enojo, tener capacidad creativa o ser dinámico, hablemos de ser accesible.

Por ahora parece que no está muy de moda. ¿Será porque se confunden ser accesibles con que no te tengan el debido respeto que uno (supone que) se merece?

En lo personal, cada vez valoro más a la gente que se muestra accesible. Supongo que tiene mucho que ver con sentirse suficientemente valorado para que el otro esté siempre disponible para nosotros.

Pero en realidad más que el capítulo de un tratado de buenas maneras o acciones gentiles, lo que quería expresar es una autocrítica. Porque salvando que es universalmente válido que yo no tengo el carácter más hermoso del planeta para ser exactos, siempre me consideré una persona accesible. O al menos no soy de sacar escarpiendo a la gente (aunque hay tantas, pero tantas veces que me encantaría). Y resulta que hoy me sorprendí al enterarme que no es tan así.

La verdad es que me hace bastante gracia pensar que yo le puedo dar miedo a alguien. Pero calculo que casi todos pensamos igual, y como siempre, depende de dónde lo mire cada uno. Igual, quitando que haya algunas personas hiper tímidas que considerarían poco accesibles hasta a su abuelita, su amado/a cónyuge o su mejor amigo, algo así siempre nos hace revisar un poco nuestras actitudes.

Lástima que la autocrítica tampoco es mi fuerte.

Al margen, al original de Escher no hay con qué darle, pero ¿no está genial la versión lego?

lunes, 28 de septiembre de 2009

Dudas existenciales


1.- ¿Por que cuando los demás se toman las cosas con calma se destaca esta actitud como la virtud mas admirable del planeta y cuando uno mismo trata de tomarse las cosas con calma, y bien que cuesta, en vez de verlo como una excelente cualidad somos tildados de "tranquilones" "te chupa todo un huevo" y demás?
A la inversa, por qué cuando los demás se toman las cosas a la tremenda son elogiados por su dedicación y supuesta eficiencia, y en cambio cuando uno mismo enfrenta la situación con idéntica disposición es tildado de nervioso, ahogado en un vaso de agua, y en el caso de las mujeres "loca de ... (algún adjetivo ad hoc, si empieza con M, mejor)

2.- ¿Vale la pena tanta advertencia de "mantener los medicamentos fuera del alcance de los niños" si cada vez que el niño en cuestión necesita ingerir una prescripción casi que hay que hacer un curso de defensa personal para poder administrárselo?

3.- ¿Cuál será el porcentaje, exacto o aproximado, no importa, de triunfadores que no son trepadores?

4.- ¿Qué pretende Jorge Lanata al poner esa cortina musical para cerrar su programa, que suena tan parecida a la que tenía "La Salud de Nuestros Hijos" del finado Dr. Mario Socolinsky? (aunque faltaban años para que se estrenara Slumdog Millionaire)

5.- ¿Se conoce la existencia de algún individuo que haya podido resolver el solitario spider con cuatro palos?

6.- ¿Cómo puede ser que si me peino todos los días (o casi!) una cana haya podido sobrevivir como 25 centímetros?

7.- ¿Por qué la gente en general aspira a ser víctima de un sentimiento tan odioso como la envidia?

Y sospecho que ésta va a ser sólo la primera de una serie de entregas.

Así, con tantos interrogantes sin respuesta no se puede vivir...


jueves, 24 de septiembre de 2009

Versus

Muy transgeneracional lo mío hoy.

Primero:

¿Cuál de éstas dos será más cierta?

"Un padre puede cuidar a 10 hijos pero 10 hijos no pueden cuidar a un padre"

o

"Los cuidados y la crianza recibida es una deuda que nunca podrás saldar, pero sí transmitir"



Creo que me inclino más por la segunda, pero todavía me falta para llegar a vieja. O al menos me falta bastante para que algún hijo mío esté en edad de atenderme.


Otra:

Me preocupaba bastante que como mamá, me estuviera pareciendo mucho a mí porpia madre. Hasta que me dí cuenta que, como progenitora, estaba comenzando a parecerme a mi suegra.



Por último:

Una de las cosas que disfrutaba mucho cuando era chica era que mis abuelas me contaran todas las macanas que se mandaban mis viejos cuando eran chicos, y así King & Queen Perfección bajan del trono al menos por un ratito. (Lástima que una abuela se me fue demasiado pronto y la otra no contaba tanto... por ejemplo nos retaba a mi hermana y a mí cuando nos peleabamos, diciendo que nuestra mamá y tía nunca se peleban... claro, omitía contar que mi mamá y su otra hermana se mataban; nosotras dos teníamos una sola tanto para querer como para desarrollar instintos de autoconservación)

Ahora lo estoy pagando caro cuando mi madre empieza a desautorizarme frente a mi hija (y recién vamos por los tres años) recordando por ejemplo que yo también protestaba para ponerme las medias o que MC es una santa comparada conmigo en su forma de retorcerse cuando la peino.


Con semejantes antecedentes me pregunto si en el futuro (y si llego a vieja, claro, o si a pesar de todo lo expuesto más arriba MC o algún otro hijo mío, si viene, llegaran a aventurarse a tener hijos) resistiré la tentación de ridiculizar a mis propios vástagos frente a sus propios hijos.

¿Será inevitable?

lunes, 14 de septiembre de 2009

¡No me aguanto ni yo!



Días pasados salíamos de almorzar en un restaurante para zambullirnos en la segunda y agobiante mitad de la jornada laboral (lo que cuesta mucho más después de un copioso ágape) cuando minutos antes que empiece una reunión me doy cuenta que no encuentro el celular.
Desesperada, me dispongo a desandar camino (y en esta ocasión encima cuestita arriba) a todo lo que mis piernitas y mi capacidad ventilatoria me permiten, rogando haberlo dejado olvidado y que no me lo hayan robado.
Efectivamente, ahí estaba el bendito aparato. El alivio y la felicidad que debieran haberme durado toda la semana, o al menos unas cuantas horas, a los pocos minutos se transformó en una profunda decepción. Es que a pesar que si me lo hubieran robado (y por segunda vez durante este año) hubiera perdido cientos de datos, al menos tendría la tranquilidad de conciencia que no fue una tamaña estupidez de mi parte.

Esta semana me ofrecieron incluirme en un proyecto que aparenta muy interesante. El detalle es que es a 5 años. Y el primer pensamiento va dirigido a "y a ustedes quién les dijo que yo quiero seguir trabajando acá dentro de cinco años", cuando sé perfectamente bien, porque me pasó hace pocos meses, que si el proyecto es de un año pienso "Claro, a mí proyectos más importantes no tenés para ofrecerme, no?". Y cuando pongo mi cara de nada frente a la oferta, mi repuesta es que muy lindo todo, pero eso a mí debería haberme llegado hace tres años. Aún cuando sé muy bien que en ése entonces hubiera sido imposible para mí aceptarlo.

Hace dos semanas que estoy literalmente sumergida en la trilogía Millennium de Stieg Larsson. La semana pasada estuve dos noches durmiendo un par de horas apenas porque la maldita historia no te suelta. Investigando un poco por ahí leí que el malogrado autor (falleció a los 50 antes de conocer el éxito que iban a tener sus novelas) tenía planeado escribir nueve. Entonces a uno le entra una bronca tremenda de por qué gente así tiene que morir joven, cuando todavía tiene tanto para brindar. Aún cuando sé que si en vez de tres hubieran sido nueve muy probablemente no me hubiera embarcado en la empresa de leerlas.
Y también maldigo que las haya encontrado a las tres juntas lo que me permite hacer gala de mi poder de enviciamiento en su máximo esplendor (o sea, hasta que no termino, no paro). Todo esto sin olvidar ni por un segundo la sensación de desamparo que me invadía cada vez que terminaba un volumen de Harry Potter y sabía que faltaban como dos años para tener en mis manos el siguiente.

Estoy terminando de convencerme (de una buena vez) que las cosas buenas empiezan a pasar cuando dejás de esperarlas. O sea que la única forma de conservar las esperanzas es perderlas por completo. Y eso ya es muy complicado hasta para mí.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

El mundo antes del mundo

Entre días que vienen complicados, que no me dan ganas de escribir, y el hecho que aproximadamente una de cada tres mujeres en edad fértil que conozco están embarazadas, considero pertinente esta entrada.
Además para rescatar del olvido a Güeberto. Tal vez no lo conozcan, pero muchos de ésta generación fuimos "güebertos" antes de nacer. Era un librito cómico de Alberto Bróccoli, y era el típico regalo para una mujer embarazada.
Es curioso cómo cambiaron algunas cosas; y mucho más curioso ver cómo otras no cambiaron en absoluto.

Esto no cambió demasiado, a pesar que tomar alcohol "embarazada" ya no está muy bien visto
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Hoy en día sería más bien el transductor del ecografo
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Creo que seguimos envidiando a los bebés por nacer igual que en aquella época
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Con la cantidad de cesareas que hacen hoy en día, la más original es por parto normal
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Ya te van a agarrar con esas mantas "tipo repasador" cuando nazcas
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¿Encima se hace el cansado ADENTRO?
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¡Dale que les gusta estar a 37º!
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Esta está bastante obsoleta, a menos que tu hij@ se llame MC
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Sí, y qué hace después tu madre con semejantes caderas de recuerdo?
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Ya vas a extrañar, ya vas a extrañar
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Hay uno que conozco por ahí que ya le mandaron el fotografo, y hasta el camarógrafo!
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Qué lindo es escuchar a escondidas, cuando todavía no dicen nada que no te guste escuchar!
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Si por cuadros te referís a hematomas, sabés adónde vas a parar no?
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I-gua-li-to que hoy en día
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Se ve que éste Güeberto no le provocó diabetes gestacional a su madre como quien suscribe.
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Claro, si por ahí te llega todo servido
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Mirá quién habla! Como si cuando nacieran fueran tan santitos para dormirse
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La sensación que en vez de pataditas está compitiendo en un triatlón no es mentira entonces
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Cuidado que si seguís en esa posición te puede llegar a tocar una madre neurasténica como yo
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Ahora no sé, en el postparto, con los kilos de más, segurísimo!
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Alguna vez lo cantarán del lado de afuera? Yo en 33 años nunca lo hice, lo reconozco
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Sí, seguro. (Así nos ahorramos un viaje al menos)
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Totalmente. Casi más que ser padres.
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¡Ni se te ocurra! Mirá que voy y te... ah, no cirto, la idea es tratarlo bien... hasta que nazca al menos
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Básicamente que no le deje muchos puntos a tu madre. Que sirva para pensar es un detalle
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Obvio! Más si no sabés de qué color comprar el ajuar!
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Por vos y por tu pobre madre también!
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Pobre santo!
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Por supuesto. Por unos cuantos años se va a comer, dormir, pasear, ver TV, etc. en el momento que a él se le cante
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Y es la primera de una larga serie de cosas en la que los padres son más inocentes que los hijos.
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Vamos a ver la cara que ponés cuando te den el primer baño!
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A mí me pasó! Me daba pena cruzar las piernas y MC se volvía bastante loca.
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Jajajajajaja. A esta altura... qué padres fogosos los de Güeberto!
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Ya te vas a enterar, vas a vivir colgado de unas similares cuando nazcas, no te preocupes
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La verdad. Una casa, una cartera de clientes, un trabajo free lance. Mïnimo
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Y la que te carga desde afuera ni te cuento
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Acortando la estadía entonces...
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La verdad, qué inocentes. Tiene la misma cara que cuando se ponen a llorar a las 3:45 AM.
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Se nota que no es MC, porque se estaría tapando los oídos.
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Tenés toda una adolescencia por delante, conformate!
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Y sí, es así, los hermanos mayores nunca piensan demasiado en los que siguen.
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Con ésta sí se nota que este libro es de los `70!
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Y una parece loca cuando dice: "parece que me estuviera golpeando a proposito con los puñitos"
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¿Por qué te hacés el interesado si vienen cuando se les canta?
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Y con ésta siempre me emociono!
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Aquí la portada:



Y la verdad que sí, todo sigue igual. Muchas veces dan ganas de volver adentro y no salir nunca más.